El diario plural del Zulia

Rodrigo Méndez | Canadá: la grandeza de mirar de frente

Canadá suele presentarse ante el mundo como una nación de inmigrantes, abierta a
quienes buscan un nuevo comienzo. Esa imagen contiene una verdad, pero no toda
la historia. Mucho antes de la Confederación de 1867 y de la llegada de sucesivas
olas migratorias, estas tierras eran —y siguen siendo— el hogar de los pueblos First
Nations, inuit y métis, con sus lenguas, culturas, territorios y formas propias de
comprender la vida. Reconocerlo no disminuye la historia canadiense: la vuelve más
completa y más honesta.

El 1 de julio de 1867 nació la Confederación canadiense. Desde entonces, el país ha
construido instituciones, ampliado derechos y recibido a millones de personas que
llegaron desde distintos lugares del mundo. Sin embargo, esa trayectoria también
estuvo marcada por el despojo, la discriminación y políticas de asimilación que
causaron un daño profundo a los pueblos originarios. Una nación demuestra su
grandeza no cuando pretende haber sido perfecta, sino cuando tiene el valor de
mirar de frente sus errores y escuchar a quienes cargan con sus consecuencias.
Una de las heridas más graves fue el sistema de escuelas residenciales. Durante
generaciones, niños indígenas fueron separados de sus familias y comunidades,
muchas veces por la fuerza, y enviados a instituciones donde se intentó apartarlos
de sus idiomas, sus culturas y sus vínculos. Hubo abusos y maltratos; hubo niños
que murieron y otros que nunca regresaron a casa. El daño no terminó con el cierre
de las escuelas: sus consecuencias permanecen en los sobrevivientes, en sus
familias y en comunidades enteras.

Por eso, cada 30 de septiembre se conmemora el Día Nacional de la Verdad y la
Reconciliación. No es una fecha para cumplir un rito ni para declarar resuelto el
pasado. Es una invitación a recordar a los niños que no volvieron, honrar a los
sobrevivientes y escuchar a sus familias y comunidades. La verdad es el primer
paso; la reconciliación exige también aprendizaje, respeto y acciones sostenidas. Un
país se acerca a la justicia cuando la memoria deja de ser una carga silenciosa para
convertirse en responsabilidad compartida.

Este gesto de reconocimiento importa también para quienes llegamos a Canadá
desde otros países. La convivencia no consiste en borrar las diferencias ni en pedir a
nadie que renuncie a sus raíces. Consiste en crear condiciones para que pueblos con
historias distintas puedan compartir un hogar con dignidad, igualdad ante la ley y
oportunidades reales. La diversidad puede enriquecer la vida común cuando se
El Vuelo del Jilguero • Obra disponible en Amazon Coquitlam, Columbia Británica, Canadá
acompaña de respeto, escucha y un compromiso efectivo con los derechos de cada
persona.

Canadá tampoco está libre de contradicciones actuales. La promesa de igualdad
debe medirse en la vida cotidiana: en el acceso a la vivienda, la salud, la educación y
el trabajo; en la protección de quienes son más vulnerables; y en la posibilidad de
que las comunidades participen en las decisiones que afectan su futuro. El bienestar
no se alcanza únicamente con buenas declaraciones. Se construye con instituciones
responsables y con políticas que conviertan la dignidad humana en una experiencia
concreta.

Al llegar el Día de Acción de Gracias, que Canadá celebra el segundo lunes de
octubre, es natural pensar en los frutos de la tierra y en las oportunidades que esta
sociedad ofrece. La gratitud, sin embargo, tiene raíces más antiguas que cualquier
calendario nacional: los pueblos originarios mantenían sus propias formas de
agradecer a la tierra y a la vida comunitaria; quienes arribaron de Europa trajeron
también sus celebraciones y memorias. Con el paso del tiempo, esas tradiciones se
encontraron en una fecha que hoy reúne a familias de procedencias diversas.

Retrotraernos a esos encuentros no significa idealizar el pasado ni afirmar que las
relaciones entre quienes ya habitaban estas tierras y quienes llegaron después
estuvieron libres de conflictos. Hubo cooperación y aprendizaje, pero también
conquista, despojo y exclusión. Significa preguntarnos qué mundo nuevo pudo y
todavía puede edificarse a partir del encuentro entre culturas: uno donde la
tolerancia no sea mera permisividad, sino respeto; donde la convergencia no borre
las diferencias, sino que permita compartir propósitos; y donde el progreso se mida
por la dignidad y el bienestar de todos. Esa es una aspiración que Acción de Gracias
puede renovar.

Agradecer también significa reconocer de dónde vienen los frutos, quiénes han
sostenido la vida de estas comunidades y qué deudas siguen pendientes. La gratitud
más profunda no cierra los ojos ante la injusticia: impulsa a cuidar lo recibido y a
trabajar para que sus beneficios alcancen a todos.
Quienes hemos encontrado refugio en esta tierra sabemos lo que significa recibir
solidaridad cuando el miedo obliga a dejar atrás la casa, la familia y la patria.
Agradecemos al pueblo de Canadá, a sus comunidades y a quienes nos han tendido
la mano. Para quienes venimos de Venezuela perseguidos o amenazados, esa
acogida no es una abstracción: es la posibilidad de respirar, reconstruir la vida y
conservar la esperanza. La llevaremos siempre en la memoria.

Nuestro deseo es regresar algún día a Venezuela. Y cuando llegue ese momento,
queremos llevar con nosotros la experiencia vivida aquí: la solidaridad que protege,
El Vuelo del Jilguero • Obra disponible en Amazon Coquitlam, Columbia Británica, Canadá
el respeto que hace posible la convivencia y la visión de un Estado de bienestar que
procura ofrecer seguridad y oportunidades a su gente. Haremos de ese aprendizaje
una fortaleza para servir a nuestra patria y ayudar a construir una sociedad más
justa, donde nadie tenga que huir para vivir con dignidad.

Canadá merece nuestro agradecimiento no porque su historia esté libre de sombras,
sino porque su grandeza puede crecer al reconocerlas y buscar un porvenir mejor. A
su pueblo le decimos gracias por abrir espacio a quienes necesitábamos protección.
Confiamos en que la memoria, la justicia y la solidaridad seguirán fortaleciendo a
este país; y esperamos que, al volver a Venezuela, podamos honrar lo recibido
convirtiéndolo en compromiso con nuestra propia nación.

Lea también
Comentarios
Cargando...