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Noel Álvarez | Tu propia huella

En las convocatorias, los titulares de prensa y el protocolo diario, la institución siempre antecedía a la persona. Las presentaciones rara vez eran "Noel Álvarez, presidente de Fedecámaras", sino "el presidente de Fedecámaras, Noel Álvarez". El cargo terminaba siendo el verdadero protagonista de la escena, mientras la persona figuraba como el ocupante circunstancial de una responsabilidad prestada.

Sería una ingratitud no reconocer el valor incalculable que tienen las grandes organizaciones gremiales y sociales. Durante mi paso por la presidencia de Consecomercio y, posteriormente de Fedecámaras, viví de cerca cómo estas instituciones gremiales actúan como una formidable catapulta pública. Ellas ofrecen una vitrina inigualable, brindan un respaldo histórico único y les permiten a los dirigentes emergentes darse a conocer y consolidar un respeto que perdura en el tiempo.

Sin embargo, en medio de esa inmensa proyección, también comprendí una verdad contundente sobre la naturaleza del poder institucional: en esos espacios, uno realmente no es, simplemente está. La institución le presta nombre, prestigio y popularidad a la persona, pero esa misma sombra institucional, a menudo, eclipsa la identidad del individuo hasta el punto de postergar su propio nombre ante la opinión pública.

En las convocatorias, los titulares de prensa y el protocolo diario, la institución siempre antecedía a la persona. Las presentaciones rara vez eran "Noel Álvarez, presidente de Fedecámaras", sino "el presidente de Fedecámaras, Noel Álvarez". El cargo terminaba siendo el verdadero protagonista de la escena, mientras la persona figuraba como el ocupante circunstancial de una responsabilidad prestada.

El verdadero choque con la realidad no ocurre durante el ejercicio del cargo gremial, sino el día después de entregarlo. Una vez concluida la gestión, el teléfono deja de sonar con la misma frecuencia, las entrevistas en los medios se apagan y la efervescencia pública se evapora. Como decía con sorna un buen amigo, tras dejar esas altas responsabilidades, de la noche a la mañana no te busca la prensa, escasean los allegados y casi no te llama ni tu propia esposa.

Quien no comprende a tiempo que la figuración momentánea pertenece al sello institucional y no a su persona, corre el riesgo de enfrentarse a un vacío doloroso posteriormente. Por esa razón, siempre mantuve la convicción de que debía edificar un camino donde el valor principal no residiera en un título prestado, sino en el nombre propio, rescatando la identidad a fuerza de trabajo constante, ideas claras y coherencia personal.

Esa búsqueda encontró su verdadero cauce en la acción política cívica. Tras años de perseverancia, sacrificio y presencia permanente en el trabajo de calle, el orden de los factores finalmente cambió. Hoy las reseñas de los medios y el reconocimiento de los ciudadanos ya no van en sentido inverso; hoy se habla en primer lugar de Noel Álvarez como Coordinador Nacional del movimiento político GENTE, poniendo por delante la persona y su trayectoria.

Rescatar el nombre propio significa asumir la responsabilidad directa y transparente de lo que se piensa y se propone frente al país. Se trata de aprovechar la valiosa experiencia y el aprendizaje cosechados en las grandes instituciones para pasar de la administración temporal de un prestigio ajeno a la construcción de una causa propia y duradera, donde el liderazgo no lo otorga la silla en la que te sientas, sino la huella firme que dejas al caminar.

*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE
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