El diario plural del Zulia

Fernando Mires | Alemania-Rusia: La mentira permanente

No hay noticias que despierten mayor atención que las que se saben y nadie se atreve a nombrar. La fábula de “El Rey está desnudo” es, en ese sentido, muy exacta: La verdad solo se reconoce cuando es dicha.

Revelar la verdad no es tarea de la política ni de los políticos. Pero no decirla, en el momento cuando se debe y puede, o lo que es igual, usar la mentira como medio político, es inconstitucional, y así la política deja de ser política. No se trata de buscar la verdad a todo precio pero eso no quiere decir que hay que sustituirla por mentiras. Son cosas muy distintas.

La verdad suele ser escandalosa y muchos, cuando es dicha, se sienten lastimados, incluyendo a los que prefieren vivir consolados por mentiras para así vivir en “paz”. Pues bien, en octubre del 2026 el Bundesnachrichtendienst (BND) provocó un escándalo al revelar lo que sabían todos: La Rusia de Putin ha desatado en contra de Alemania una guerra. Una guerra de las sombras. Por ahora.

La existencia de esa guerra fue dada a conocer por el propio presidente del BND, Martin Jäger.

LA GUERRA DE LAS SOMBRAS

Con rotunda claridad, Jäger afirmó lo que en Alemania casi nadie quiere oír, a saber: que Rusia se encuentra en una no-declarada guerra en contra de la OTAN y ha elegido Alemania como principal punto de ataque. Por el momento se trata “solo” de una guerra híbrida, esto es, de ataques combinados destinados a tantear el terreno (o test). Entre esos ataques nombró Jäger los ciberataques, las campañas de desinformación pública, las deliberadas maniobras de intimidación y planes directos de agresión como los ocurridos en el aeropuerto de Leipzig. En síntesis, dijo Jäger, “Alemania se encuentra situada en una zona gris entre la guerra y la paz con Rusia”

No nombró Jäger las intervenciones políticas de Putin en Alemania como la utilización propagandística y electoral de dos partidos putinistas: AfD por el lado ultraderechista y BSW por el lado izquierdo (ambos ya han concertado una alianza de gobierno en Sajonia- Erhalt). Tampoco nombró a algunos políticos de la SPD como Gerhard Schröder quien, en los momentos en que escribo estas líneas, se encuentra participando de modo obsceno en fiestas populares organizadas en Moscú por Putin para su compleaños. O de la CDU, entre ellos  Michael Kretschmer, presdente del estado federal de Sajonia, quien critica duramente el apoyo militar de Alemania a Ucrania.

La política de la Linke, por su parte, sigue aferrada a un derrotista pacifismo y así logra arrastrar a votantes miedosos o sin formación ciudadana. Hay que mencionar también la falta de énfasis (¿o valentía?) de los partidos de centro al no explicar con convicción que, si bien nadie quiere una guerra, hay guerras ofensivas y otras defensivas y, por lo tanto, Alemania se está defendiendo como también deberá defenderse si es atacada directamente por Rusia como de hecho, según el BND, ya está sucediendo de un modo informal o híbrido.

BND agregó que Alemania ha sido elegida por Putin como punto estratégico en su guerra contra la OTAN. Hay varias razones que explican, según el alto funcionario, esta decisión. Desde el punto de vista propagandístico esa guerra ha sido presentada por Putin como una reedición de la guerra en contra del nazismo alemán a sabiendas que los únicos que merecen ese nombre en Alemania son sus más estrechos aliados: los dirigentes de AfD. Aunque ya lo sabemos: según el mendaz dictador, todos los que se oponen a sus objetivos imperiales son neo-nazis. Neonazi es Zelenski, neonazis es el canciller Merz. Neonazis son también los muertos civiles en Ucrania.

Razones tiene Putin: El canciller Merz es el mandatario que de modo más claro se ha expresado en Europa en contra de los planes de Putin. La economía alemana, pese a haber sufrido fuertes reveses, ha logrado superar la dependencia energética con respecto a Rusia. Mal que mal, la economía alemana sigue siendo la más potente del continente. Si a eso agregamos el irresponsable descuido de la defensa nacional en que incurrieron los gobiernos que precedieron a Merz, sobre todo el de Merkel, podemos entender mejor los planes del dictador ruso.

La guerra, dice BND, es un test ruso para averiguar en qué medida Alemania y la OTAN (o lo que queda de ella luego del casi retiro de los EE UU) tienen capacidad de reacción y así seguir Putin en los avances territoriales que comenzaron con la invasión a Ucrania. No el 2022 sino el 2014, con la invasión y ocupación de Crimea. En esa ocasión, Merkel, una gran gobernante en materias internas y un desastre en materias externas, después de hacer una crítica retórica a la invasión rusa, redobló la dependencia energética con respecto a Rusia, tal vez pensando, en el mejor estilo de un Chamberlain, en que las ventajas económicas obtenidas por Rusia con Alemania podrían apaciguar al dictador ruso.

Con Merz ha sucedido lo contrario. Su política internacional es consecuente con la defensa a Ucrania, fiel a los intereses geo estratégicos europeos y alemanes, y está dispuesto a no ceder al imperio ruso. Por eso, junto con el ministro Boris Pistorius, intenta rearmar a Alemania hasta alcanzar al nivel que requieren las circunstancias, pero lamentablemente descuidando el frente interno, facilitando así el camino a los avances de los nacional-populistas de AfD, aliada de Putin y alabada por el admirador de Putin, el vicepresidente norteamericano J.D. Vance.

“En Alemania nos falta un Churchill”, escribió un periodista. A Merz, quién más se acerca a ese rol, le falta el don que tienen los grandes políticos: capacidad de comunicación pública. Pero es lo que hay, y con eso hay que trabajar en estos difíciles momentos.

Como era de esperar, Putin, a través del portavoz de gobierno Dimitri Pezkow, rechazó las verdades del BND calificándolas como infundadas. Pero es sabido que la rutina del gobierno ruso es declarar infundadas todas las sospechas que después se convierten en crueles verdades. Para decirlo en términos directos, no solo desde la invasión a Ucrania, cuando Putin hasta un día anterior al 22 de mayo del 2022 declaraba que no pensaba hacerla, la política de Rusia con respecto a Alemania ha sido montada sobre la base de mentiras. Y esto ha sido así desde los comienzos de la Guerra Fría hasta ahora.

La mentira calculada es una estrategia militar del putinismo, hasta el punto en que, según el servicio secreto, es imposible para la dictadura de Putin abandonar la guerra sin pagar el precio de la claudicación frente a su personal de su gobierno. El fin de la guerra a Ucrania podría significar el fin del gobierno de Putin, de tal modo que el dictador necesita vivir abrazado a su guerra. Nada, sino una derrota radical, podría hacerlo retroceder. Es por eso, aduce el BND, Putin, encerrado en su propia lógica, no tiene más alternativa que seguir escalando hasta convertir “su guerra” en una práctica permanente. Y para eso, siguiendo la línea de su admirado Joseph Stalin, debe seguir escalando. Desde el fin de la segunda guerra mundial la la URSS - con la exepción del periodo de Gortbachov - ha convertido a Alemania en víctima de sus mentiras. Putin solo continúa esa política.

LAS SOMBRAS DE LA GUERRA

Ya el nombre de la RDA (República Democrática Alemana) fue una feroz mentira de Stalin. Desde sus inicios la DDR fue una dictadura ejercida por los comunistas prosoviéticos, una nación- colonia de la URSS, o como se dice hoy, “tutelada”.

Mentira fue que la RDA surgió de la lucha en contra del nazismo como afirman todavía sus apologistas. Históricamente nació de una repartición de terrenos entre las grandes potencias mundiales. La no-nación comenzó y continuó siendo una zona de ocupación soviética.

La consolidación de la DDR como nación no soberana comenzó a cristalizar en 1948 con la reforma monetaria impulsada desde la zona occidental. El SED (Sozialistischen Einheitspartei Deutschlands) sin mediar ninguna elección había sido nombrado por la URSS como principal aparato de gobierno. En 1949 ese partido-estado decretó la fundación de una nación-estado. Alemania del Este nació junto con la Guerra Fría. Más todavía, el país mutilado, después de la construcción del muro, pasó a ser un símbolo de la Guerra Fría. Cuando con el fin del comunismo, en 1989 fuera derribado el muro, el entonces espía Vladimir Putin dijo la mentira sobre la cual fundaría después su imperio. La disolución de la URSS “fue la mayor catástrofe política del siglo XX”

La mentira más grande, sin embargo, las encontramos en los argumentos de Putin orientados a dar línea a sus partidos aliados en Alemania, AfD, BSW, la Linke y, a la vez, intentar legitimar su impopular guerra en Rusia. Esa mentira dice que la guerra a Ucrania fue una respuesta en contra de la expansión de la OTAN y, como agregó Putin recientemente, “contra la OTAN hay que luchar”. Nada puede ser más falso.

Si hubo un crecimiento de la OTAN fue como consecuencia de las agresiones emprendidas desde el Kremlin en contra de diversas naciones, no solo europeas. Lo antecedentes de esas agresiones hacen figurar a Putin como uno de los más grandes criminales de guerra habidos en la historia universal, desde Hitler y Stalin (Mao y sus millones de muertos chinos fue un criminal político, pero no un criminal de guerra)

Las guerras de Putin comenzaron antes de que el dictador accediera al poder. La primera guerra a Chechenia (1994-1996) iniciada por Yelzin tuvo como objetivo evitar la independencia de la república chechena de Ichkeria. La segunda guerra (1999-2009) fue realizada bajo Putin en su calidad de primer ministro de Yelzin, quien le dejó las manos libres para que actuara a su arbitrio.

Instruidas con una narrativa antiterrorista, las tropas enviadas por Putin destruyeron totalmente a Grozni, capital de Chechenia, e impusieron como dictador al sanguinario Ramzán Kadírov, conocido como “el perro de Putin”. La guerra en Georgia (2008) a su vez, fue llevada a cabo por el gobierno de Putin para evitar un acercamiento de Georgia a la OTANy a la UE, institución que no reaccionó en contra de Putin. En una semana Georgia fue desmembrada y Putin impuso bases militares al interior del país. Hasta el momento, las protestas de los nacionalistas georgianos continúan, pero cada vez son más débiles. De hecho, Putin, ante la complacencia de la OTAN y de la UE, ha logrado neutralizar geopolíticamente a Georgia.

Entre 2011 y 2015 Putin intervino en Siria en defensa de la dictadura de Bashar al Asad, destrozando ciudades como Alepo, hoy llamada la Guernica del Oriente Medio. Con esa guerra Putin fracasó al intentar desde Siria reconquistar las posesiones estratégicas de la ex URSS en la región. Pero fue allí cuando descubrió una nueva arma que hoy está siendo puesta en práctica en Ceuta: desatar emigraciones hacia Europa y así crear problemas a los gobiernos europeos. Las grandes cuotas de emigrantes sirios que llegaron a Alemania huían no solo de la guerra sino de los rusos. La OTAN, como de costumbre, no reaccionó. Hay quienes opinan –me sumo- que sin las grandes cantidades de emigrantes sirios que llegaron intempestivamente a Alemania huyendo de la soldadesca de Putin, la AfD no habría aparecido, o por lo menos no con la fuerza que ostenta hoy.

En 2014, con la ocupación de Crimea, comenzó la guerra a Ucrania. No en 2022 como afirman los putinistas. Es decir, en contra de un país europeo que no era miembro de la OTAN. Uno que todavía no puede contar con el apoyo de la OTAN, muy disminuida después de las diversas negociaciones que han tenido lugar entre Trump y Putin.

¿Que nos prueban todos estos acontecimientos? Dos hechos: Uno, el imperialismo militar ruso no comenzó con la guerra a Ucrania, solo fue su continuación. Dos, la OTAN no sólo no ha intervenido, tampoco ha reaccionado frente a las agresiones de Putin.

Es cierto que la OTAN ha crecido. ¿Y qué esperaba Putin? ¿Ser aplaudido por las naciones europeas que ingresaron a la OTAN en busca de protección frente a un imperio que avanzaba y avanzaba? El crecimiento de la OTAN es correlativo al crecimiento geográfico de Rusia y no al revés.

Por lo demás, ninguno de los nuevos países miembros fueron anexados por la OTAN. Ellos solo extendieron una solicitud de ingreso a la OTAN. ¿Con cuáles argumentos podía la OTAN negar ese ingreso después del luctuoso prontuario internacional de Putin? Es por eso que aquí afirmamos: El principal error de la OTAN no ha sido su crecimiento. El principal error fue, y sigue siendo, no haber aceptado el ingreso de Ucrania por miedo a Putin. Ucrania es un país europeo que cumple con todos los requisitos históricos, jurídicos y políticos para ser miembro de la OTAN. Un país que se independizó de la dominación rusa como Hungría, Checoslovaquia, Polonia y la RDA. Más aún: Ucrania fue el único país europeo cuya independencia fue producto de un plebiscito nacional, celebrado el año 2001.

El mismo Putin no presentó, antes de invadir Ucrania, ningún reclamo por el crecimiento de la OTAN. En su opúsculo de 2021 sobre las razones por las cuáles Ucrania debe pertenecer a Rusia, no nombró a la OTAN. Cuando Finlandia (que comparte más de 1.300 km de frontera con Rusia) y Suecia ingresaron a la OTAN, como respuesta a la agresión a Ucrania, no hubo ninguna reacción desde Rusia. Nunca, escúchese, nunca, ha habido algún litigio territorial o militar entre Rusia y la OTAN. Incluso Putin ha rebajado un 50% sus contingentes militares en las fronteras con Finlandia. La expansión de la OTAN no tiene nada que ver con las ambiciones de Putin. Esa es una gran mentira.

La destrucción de Europa no pasa por la OTAN, ha descubierto Putin. Por eso no busca el choque frontal con los países democráticos de Europa, privilegiando una metodología híbrida a la que, además de los ataques militares esporádicos, busca aterrar a la población europea, sobre todo a la alemana, y luego subvencionar a los partidos europeos anti-europeos, a las llamadas ultraderechas como AfD en Alemania o Agrupación Nacional en Francia, y a tantas más.

En Alemania Putin ha obtenido éxitos políticos notables. Ha logrado nada menos que romper la columna vertebral de la política del país. Lo debe en gran medida al manejo que hace Putin de su caballo de Troya en Alemania: La AfD, un partido que predica el más radical nacionalismo no importando que a la vez sea un partido seguidor de una potencia imperial antieuroppea y antialemana, como Rusia. La AfD es en sí misma una mentira. Depende tanto o más de Rusia (y por lo mismo, de los EE UU de Trump) de lo que dependieron en el pasado los comunistas europeos de la URSS. Gracias a la mentira del nacionalismo, entre otras, AfD ha logrado superar con holgura a la CDU en diversas regiones. No pocos electores prefieren las mentiras pues suelen ser más dulce que las verdades. El hecho es que el partido de la democratización de posguerra, el de la economía social de mercado y el de la unidad alemana, obtiene votaciones cada vez más miserables. La socialdemocracia va por el mismo camino. Alemania es en estos momentos un país con un centro político muy deteriorado y con dos extremos muy fuertes. La economía no está deteriorada; la política sí. La crisis política que vive hoy Alemania es mucho más grande y más grave que la supuesta crisis económica.

Putin, quien sabe jugar con el miedo de las poblaciones de los países democráticos, no desperdicia el momento para continuar aterrorizando con la puesta en práctica de una guerra híbrida, a la que incluye su apoyo a los nacional populistas de Alice Weidel y, cuando no, a los partidos “pacifistas” de izquierda.

Gran parte de la población alemana opina con respecto a Ucrania afirmando: “esa no es nuestra guerra”. Pero votan precisamente por los partidos a los que Putin moviliza para derrotar no solo a Ucrania, sino a toda Europa occidental, usando las más refinadas estrategias de la guerra híbrida. Así, Putin ha logrado poner las elecciones democráticas al servicio de la guerra. Esa no es una mentira. Pero para que esa mentira aparezca como verdad, Putin y la caterva que lo sigue, necesitan de las mentiras como los vampiros necesitan de la sangre.

Nadie sabe si la luz de la democracia se apagará definitivamente como consecuencia de errores militares y políticos como una vez se apagó en Atenas, para resucitar como política republicana-autoritaria en la Antigua Roma, cuando la clase política disfrutaba de las herencias griegas, y la plebe hambrienta recibía pan y circo. Tengo la impresión de que si no nos despertamos de nuestro letargo posdemocrático, hacia ahí vamos. Claro: con nuestro celular y nuestra IA, para convertirnos en una nueva plebe, pero digital, y esta vez sin pan y sin circo.

No sirven los ridículos llamados de algunos dirigentes de partidos democráticos llamando a “prohibir” a AfD. Los enanos no pueden prohibir nada a los gigantes. Tampoco sirven los llamados “cortafuegos”. Solo pueden ser útiles para poner a AfD en el rol que justamente AfD requiere para ser vista como “la única oposición”. Lo que necesita la política alemana son verdades bien dichas. Asumir de una vez el rol pedagógico que corresponde a los partidos democráticos y decir las verdades, aunque duelan. El BND al menos hizo esta vez bien su trabajo. Dijo la verdad. Los políticos democráticos deberían imitarlo.

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