El diario plural del Zulia

Ramón Guillermo Aveledo | Motivos para escribir, relato personal

Empecé a escribir en el cuaderno y mamá, taquimecanógrafa, competentísima en eso como en todo, me los pasaba en limpio para la cartelera escolar. También escribía a mano, con una copia con papel carbón dos ejemplares de El Rayo, el periódico que dirigía, redactaba y “distribuía” en casa. El otro ejemplar era para mi única lectora, mi abuela Adela que exigía tuviera sección hípica. A ella debo mi afición por la prensa. Sus días empezaban conEl Impulso y terminaban conEl Mundocada tarde. Cuando le alcanzaba también El Nacional, y yo me beneficiaba, por lo que fui un niño y un joven bastante bien informado. En mi adolescencia, por patrocinio paterno de intención orientadora,compraba fijo La Repúblicay la pasaba buscando a qué Piña en la diecisiete. Lectura grata y nutritiva. Lo dirigía Luis Esteban Rey que escribía sus Glosas Amables, gran sección internacional con Humberto Malinarich y Ted Córdoba Claure y los deportes con Rubén Mijares. Ni el amor filial o la admiración por su carácter y apego a la justicia me llevaron a complacer los deseos de papá, aunque Rómulo mantiene un lugar en mis respetos más especiales. Más pudieron mamá, sin proponérselo, el colegio y los folletos y libritos que, como quien no quiere la cosa, me traía mi tío Orlando, a quien sometía a intensos interrogatorios nacionales e internacionales en sus visitas a Barquisimeto como diputado por Lara en el Congreso. Su ejemplo y poder conocer de cerca a sus amigos que eran los de mi familia, me hicieron darme cuenta de que yo era socialcristiano. Lo sigo siendo.

Del lápiz y papel a la máquina, de ahí al procesador hasta el computador, sin abandonar la estilográfica a la que soy fiel desde aquella Esterbrookque me costó dos bolos en la Vogue.  Escribir, el más gregario de los placeres solitarios y el más solitario de los placeres gregarios ha sidode misvocaciones lamás temprana y la más duradera. La política y la docencia también, claro, pero escribir regala compañía a mis soledades, desdeaquellos periódicos estudiantiles que en Barquisimeto había varios, incluso uno que fundamos con Freddy Castillo, Juventud que duró dos números, porque nuestra condena a la invasión a Santo Domingo nos hizo perder el mejor cliente. Lo imprimíamos en la Vogue de Leiba, la misma librería donde compré la primera pluma. Nancy Majano me dio chance enOrientación de la Inmaculada y en Razones Nelson Cordido y Saturno Colina.

Venciendo timidez me acerqué a Salvador Macías en los pasillos del Edificio Nacional, así empecé a escribir en El Impulso todavía en bachillerato, después me hice fijo con apoyo de Julio Pérez Rojas, siempre con la cordial generosidad de Gustavo Carmona. Ahí sigo y si el periódico lo admite, espero seguir hasta que Dios quiera. Confieso que me duele que no salga impreso, porque oír al pregonero que lo traía cada amanecer es un querido recuerdo de infancia. De los ocho medios en los que publico cada semana, sólo El Periodiquito de Aragua sale en papel, además de digital como todos los demás: El Estímulo, Versión Final, Opinión y Noticias, El Carabobeño, el portal de Costa del Sol FM y Democracia Siglo XXI.

Aza un corrector de pruebas en La Esferamuy amigo de papá, me consiguió publicar mi primer artículo en Caracas. Fue a la muerte de Alirio Ugarte Pelayo, político y parlamentario por Lara que me llamaba mucho la atención. Algunas notas en diarios de la Cadena durante la campaña de Caldera el sesenta y ocho. Artículos en el Semanario Copei en cuyas páginas me descubrió Adel Muhammad y me llevó a Al Cierre, primero como editorialista diario de tema internacional y luego como subdirector, un período breve, mal pagado y feliz. De política internacional escribí para la revista Semanahasta que, bondad de Carlos Rangel y Sofía Imber, empecé en El Universal donde tuve columna semanal por más de veinte años, hasta 1999. Cuando murió mamá, descubrí que coleccionaba los recortes, probablemente con la ayuda de su amiga y comadre mía Amalia Ribera. Guardo, cómo no, memoria afectuosa de Notitarde, el tabloide valenciano que dirigía Laurentzi Odriozola que me premió en 2010. En Meridiano, dirigido por El Vito, escribí La Razón y la Pasíon, mi columna deportiva. Gracias a Teodoro en El Mundo y a Díaz Rangel en Últimas Noticias.

El periodismo es enemigo de la literatura, me aconsejaba mi amigo Juan Páez Ávila que era periodista y escritor. No quise hacerle caso en eso de abandonar el artículo por el libro. Para editar me alentaron Catalá, Morón y sobre todo Fausto Massó. Por Enrique Viloria Vera desemboqué en Panapo donde Pedro me publicó tres veces.Sergio Dahbar, el Instituto Fermín Toro y ABediciones UCAB son mis últimos cómplices.

¿Para qué escribes, si ya nadie lee? Me preguntan, me pregunto. La verdad, no estoy seguro. Puede ser gratitud con quienes creyeron en mí y con quienes me leen, mero hábito otal vez por inmodestia, uno crea que tiene algo qué decir. Acaso sea por desahogar angustias o ilusiones. Lo que sí sé es que lo necesito al punto de no poder dejar de hacerlo.

Las dos próximas semanas no escribiré. En buen uso de las fuerzas y el bolsillo ya magros, estoy cumpliendo una promesa a mi nieta que ha tenido la ocurrencia de estudiar Derecho en este país y este tiempo de nosotros.

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