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Pedro Adolfo Morales Vera | Las Pulgas, el corazón que nunca duerme

A primera hora, los pasillos de Las Pulgas ya reciben a compradores, vendedores y cargadores. En la avenida Libertador, las voces que anuncian ofertas y el movimiento de las mercancías forman parte de la vida cotidiana de Maracaibo. Para muchos, el mercado es el lugar donde encuentran lo que necesitan; para otros, el espacio del que depende el sustento familiar.

El nombre conserva una historia ligada a la memoria popular. La tradición lo relaciona con el antiguo Puerto del Piojo, situado en el sector de la calle Marina, adonde llegaban embarcaciones con paja y varas de mangle utilizadas para fabricar esteras. Según ese relato, los parásitos que acompañaban las cargas dieron origen a la denominación de Las Pulgas. Sin documentación concluyente, esta explicación debe entenderse como parte de la tradición oral marabina.

El mercado moderno surgió durante la transformación urbana y comercial del centro de Maracaibo a comienzos de los años setenta. La concentración de vendedores en calles y plazas planteaba problemas de circulación y organización, por lo que se impulsó un espacio destinado a reunir esa actividad. El proyecto, desarrollado durante el gobierno de Rafael Caldera con participación del Banco Obrero, dio lugar al Centro de Abastecimiento Popular de Maracaibo, inaugurado el 12 de octubre de 1973. El recinto contaba con doce módulos y 250 casillas comerciales en cada uno, según los datos históricos consultados. Sin embargo, el nombre oficial no logró desplazar el que ya utilizaba la población.

Desde entonces, Las Pulgas ha reunido alimentos, ropa, calzado, herramientas y artículos de uso cotidiano. La variedad de productos, la posibilidad de comparar precios y el trato directo entre comerciantes y clientes han sostenido su atractivo durante décadas. El regateo y las ofertas a viva voz forman parte de una dinámica en la que cada puesto representa también una oportunidad de trabajo y, en muchos casos, el ingreso principal de una familia.

La popularidad del mercado llegó a la música zuliana. En 1980, Guaco incluyó «Las Pulgas» en el álbum Guaco 80, con composición de Ricardo Hernández e interpretación de Amílcar Boscán. La canción evocó un establecimiento frecuentado por compradores de distintos sectores sociales y dejó testimonio de su arraigo en Maracaibo. El mercado había pasado a formar parte no solo del paisaje comercial, sino también de las referencias culturales de la ciudad.

El crecimiento de la actividad ha traído dificultades. La expansión de los puestos más allá de los espacios previstos complica la circulación de personas y mercancías. A ello se suman problemas de mantenimiento, saneamiento, recogida de residuos y seguridad que afectan a comerciantes y compradores. La vitalidad comercial no elimina estas carencias ni sustituye la necesidad de una gestión sostenida.

Mejorar Las Pulgas exige atender esos problemas sin ignorar a quienes dependen del mercado para vivir. Las actuaciones destinadas a ordenar los espacios, reforzar la higiene y mejorar la seguridad deben tener en cuenta tanto las necesidades de los compradores como las condiciones de trabajo de los comerciantes. La recuperación del recinto difícilmente será duradera si deja al margen a las personas que mantienen su actividad diaria.

Las Pulgas ha cambiado con Maracaibo y forma parte de su historia comercial. En sus pasillos conviven el recuerdo de los antiguos espacios de intercambio, la expansión de los años setenta y el trabajo cotidiano de quienes siguen buscando allí una oportunidad. Su futuro dependerá de que la ciudad sepa afrontar sus problemas sin perder de vista esa función económica y social.

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