El diario plural del Zulia

Luz Neira Parra | Venezuela tras el 3 de enero: transición, negociación y preguntas de Rondón y Batiz

La conversación entre César Miguel Rondón y César Batiz, director del medio digital El Pitazo, constituye uno de los análisis periodísticos más interesantes sobre el nuevo escenario político venezolano.
No porque ofrezca todas las respuestas, sino porque coloca sobre la mesa las preguntas fundamentales que hoy rodean el futuro de Venezuela: ¿qué ocurrió realmente el 3 de enero?, ¿quiénes participaron en la configuración del nuevo escenario político?, ¿qué papel tiene Estados Unidos?, ¿por qué María Corina Machado quedó fuera de la primera línea de esta transición?, ¿y hacia dónde conducen las nuevas conversaciones con sectores del chavismo?
Comparto muchas de las interrogantes y líneas de análisis desarrolladas por ambos periodistas. No como verdades definitivas, sino como hipótesis políticas que buscan interpretar una realidad compleja y que, como suele ocurrir con los grandes acontecimientos históricos, serán confirmadas o descartadas por el tiempo.
El 3 de enero: una operación militar o un golpe de palacio
Uno de los planteamientos más contundentes de César Batiz es que los acontecimientos del 3 de enero no pueden analizarse únicamente como una operación militar externa.
Batiz utiliza la expresión “golpe de palacio” para explicar que la salida de Nicolás Maduro del poder pudo haber estado acompañada por acuerdos o entendimientos dentro del propio aparato de poder venezolano.
La tesis plantea que una operación de semejante magnitud difícilmente habría podido desarrollarse sin algún grado de conocimiento, consentimiento o participación de sectores fundamentales del Estado venezolano.
Entre los elementos que menciona Batiz están la ausencia de una resistencia militar significativa, las vacaciones colectivas otorgadas a parte de la Fuerza Armada a finales de diciembre y la continuidad inmediata de estructuras del poder chavista después de la salida de Maduro.

Desde esta perspectiva, resulta inevitable analizar el papel de quienes han sido figuras centrales del poder venezolano: Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López.
Diosdado Cabello, como uno de los dirigentes históricos del chavismo y una de las figuras con mayor influencia dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), forma parte esencial de cualquier análisis sobre la estructura del poder venezolano.
Jorge Rodríguez ha tenido un papel protagónico en procesos electorales, negociaciones políticas y en la arquitectura comunicacional del chavismo durante años.
Delcy Rodríguez ha sido una figura fundamental en la administración del Estado y en la interlocución política del gobierno.
Y Vladimir Padrino López ha representado durante años el vínculo entre el poder político y la estructura militar.

El propio Donald Trump, ese mismo 3 de enero, al referirse al nuevo escenario venezolano, reconoció a Delcy Rodríguez como la autoridad con control efectivo del poder y afirmó que María Corina Machado no tenía representación política dentro de esa estructura. Esa declaración abrió una nueva etapa de interrogantes sobre el futuro venezolano.

La negociación que cambió el escenario

Una de las hipótesis más importantes que surge de la conversación entre Rondón y Batiz es que la verdadera negociación sobre el futuro de Venezuela no comenzó después del 3 de enero, sino que venía desarrollándose desde antes.

La pregunta central es si la administración Trump negoció con sectores fundamentales del chavismo una salida política que permitiera la continuidad institucional del Estado venezolano sin Nicolás Maduro al frente.
Esta hipótesis parte del hecho de que figuras como Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez no eran actores desconocidos para Washington. Ambos habían participado durante años en procesos de negociación política y conocían profundamente la estructura del poder venezolano.
La discusión no es solamente quién salió del poder, sino quién quedó administrándolo después.
Diversas investigaciones periodísticas internacionales han descrito un cambio en la estrategia de Washington hacia Venezuela: del intento de máxima presión contra Maduro a una política más pragmática orientada a negociar con actores que mantenían capacidad real de control del Estado.

Esa lectura abre una pregunta inevitable: si hubo una negociación, ¿qué papel ocupó María Corina Machado dentro de ella?

Dinorah Figuera y la nueva interlocución política

Otro de los grandes temas de la conversación es el protagonismo inesperado de Dinorah Figuera.
Durante años tuvo un perfil político discreto mientras vivía en España. Sin embargo, pasó a convertirse en una figura central como presidenta de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional de 2015, institución reconocida por Estados Unidos como la última representación legislativa venezolana.
Según la reconstrucción presentada por César Batiz, los contactos entre Figuera y representantes estadounidenses comenzaron desde febrero.

Posteriormente, en abril, María Corina Machado habría conocido esas gestiones cuando la propia Figuera se lo comunicó.
Este dato es políticamente relevante porque muestra que mientras se construía una nueva interlocución entre Washington y la Asamblea Nacional de 2015, el liderazgo de María Corina Machado no estaba en el centro inicial de esas conversaciones.
A partir del 1 de agosto comenzaría una nueva etapa de diálogo mediante una comisión integrada por doce representantes.
El hecho de que en esa estructura no aparezcan figuras identificadas directamente con el proyecto político de María Corina Machado genera una de las grandes interrogantes del momento.

¿Por qué María Corina Machado quedó fuera?

La conversación plantea dos hipótesis.
La primera corresponde a la explicación atribuida al Departamento de Estado.
Según esta interpretación, Estados Unidos busca evitar repetir la experiencia de Bolivia con Jeanine Áñez.
Áñez asumió inicialmente una función transitoria y terminó ejerciendo la presidencia, en un proceso que posteriormente desembocó en una crisis política y judicial.

Desde esta lógica, Washington buscaría separar la conducción de una transición del liderazgo electoral posterior: quien administre una etapa transitoria no necesariamente debería ser quien gobierne después de unas elecciones.
Pero existe una segunda hipótesis.

Batiz y Rondón plantean la posibilidad de que la exclusión de María Corina Machado también responda a una negociación política más amplia entre Washington y sectores del chavismo.
El argumento parte de una realidad política: el chavismo ha considerado durante años a Machado como su principal adversaria y como la dirigente con mayor capacidad para disputar el poder en unas elecciones competitivas.

Esta hipótesis no está demostrada públicamente, pero forma parte del debate político porque ayuda a explicar una serie de acontecimientos: el protagonismo otorgado a Dinorah Figuera, el distanciamiento entre Washington y Machado y la configuración de una mesa política donde ella no aparece como figura central.

Panamá y las dificultades para regresar

Otro elemento importante de la conversación es el intento de María Corina Machado de regresar a Venezuela.
Batiz sostiene que Machado intentó hacerlo primero desde Curazao y posteriormente desde Panamá.
También afirma que el encargado de negocios de Estados Unidos en Caracas, John Barrett, habría solicitado al presidente panameño José Raúl Mulino que no facilitara ese viaje. La importancia política de esta versión está relacionada con la cercanía entre Mulino y Machado.

Panamá ha sido un país de confianza para la dirigente opositora. Allí permanecen las actas electorales que la oposición presentó como prueba del triunfo de Edmundo González Urrutia.

Si esta versión se confirma, representaría una señal política significativa sobre el lugar que Washington estaría otorgando actualmente a Machado dentro del diseño de transición.

El escepticismo frente al nuevo diálogo.
Comparto la cautela expresada por Batiz sobre el proceso que comenzará el 1 de agosto.
Los hermanos Rodríguez tienen una larga experiencia en negociaciones políticas. Han participado en numerosos procesos de diálogo durante el chavismo, muchos de los cuales terminaron sin una transición democrática.

La historia venezolana demuestra que los diálogos pueden convertirse en instrumentos para ganar tiempo y reorganizar fuerzas.
Por eso la pregunta no es solamente si habrá conversaciones, sino si esas conversaciones producirán una transformación real o si servirán nuevamente para prolongar una situación de incertidumbre.

El dinero y la falta de controles

Existe además una preocupación fundamental: el manejo de los recursos económicos que puedan ingresar a Venezuela.
Un país sin controles institucionales independientes enfrenta un enorme riesgo de corrupción y opacidad.
La experiencia venezolana demuestra que cuando no existen mecanismos efectivos de supervisión, los recursos públicos pueden desaparecer sin que los ciudadanos conozcan su destino.

Por eso resulta legítimo preguntar:
¿Cuánto dinero está entrando a Venezuela?
¿Quién lo administra?
¿Dónde están los mecanismos de transparencia?
¿Por qué los venezolanos no tienen información clara sobre esos recursos?
La preocupación no es solamente económica.
También existe el riesgo de que esos fondos terminen fortaleciendo estructuras clientelares del PSUV o contribuyendo al sostenimiento de aparatos de control político.

La verdadera preocupación: el tiempo y la concentración del poder

La mayor preocupación que deja este análisis es que, mientras se discute una eventual transición, quienes han controlado el poder en Venezuela durante años siguen teniendo una enorme capacidad de maniobra.
Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y los sectores que permanecen alrededor del poder chavista no son actores nuevos. Son dirigentes vinculados a la conducción política del país desde los tiempos de Hugo Chávez y han manejado áreas fundamentales del Estado, la comunicación política y la construcción de narrativas oficiales.
Durante años han tenido influencia sobre los medios tradicionales, las estructuras comunicacionales del gobierno y un entorno donde los medios independientes y digitales han enfrentado censura, restricciones y enormes dificultades para ejercer libremente el periodismo.
Uno de los objetivos políticos del chavismo ha sido debilitar el liderazgo de María Corina Machado. A través de campañas de descalificación y narrativas destinadas a presentar a los opositores como responsables de la crisis venezolana, han intentado reducir su legitimidad política.

Sin embargo, pese a esos esfuerzos, Machado ha mantenido un respaldo ciudadano significativo.
Pero el factor tiempo juega un papel determinante.
El chavismo conoce el valor del tiempo como herramienta política. La prolongación de una transición, la apertura de nuevos procesos de negociación y la llegada de recursos económicos sin suficientes mecanismos de transparencia pueden modificar el equilibrio político.
También queda abierta una pregunta sobre la información que reciben los actores internacionales: ¿conocen realmente toda la dimensión del poder venezolano o conocen solamente la información que los propios actores con mayor capacidad de comunicación y negociación les transmiten?

Porque quienes han manejado durante años la comunicación del poder venezolano también han manejado la narrativa sobre Venezuela.
La historia demostrará qué ocurrió realmente detrás de estas negociaciones, qué acuerdos existieron y quiénes fueron los verdaderos protagonistas de esta etapa.
Pero mientras tanto, la preocupación central permanece: que una transición que debería devolverle la soberanía política a los venezolanos termine siendo una reorganización del poder de quienes han gobernado el país durante las últimas décadas.
Lea también
Comentarios
Cargando...