Daniel García | Venezolanos: No permitamos que nos arrebaten y diseñen nuestro futuro
Hermanos venezolanos, dentro y fuera de nuestras fronteras:
La imagen elocuente que acompaña estas líneas no es una simple ilustración; es un espejo desgarrador de nuestra realidad actual. Si la observamos con detenimiento, no solo nos muestra con absoluta claridad de dónde venimos y dónde estamos, sino que nos exige visualizar crudamente la situación del país.
Es fundamental mirar de frente el daño causado para comprender la magnitud del reto que tenemos por delante. Sin embargo, hay un detalle ensordecedor que debe sacudirnos la conciencia: el futuro no está diseñado en ninguna parte. El mañana de Venezuela es hoy un lienzo en blanco, un vacío que nadie va a llenar por nosotros.
Detrás de esa pared agrietada y rota, mirando a través de lo que parece una reja, se encuentra el rostro de cada uno de nosotros. Es la viva imagen del ciudadano atrapado dentro de Venezuela: despojado de su libertad, privado de un entorno mínimo de progreso, sobreviviendo a los embates de un sistema absolutista, cruel e inhumano que asfixia. Es la mirada de un pueblo que, agotado por la crisis de un modelo desgastado bajo los nombres de Chávez y Maduro, parece haberse quedado inmóvil, esperando que la divina providencia ordene y encamine milagrosamente las cosas.
La prueba de fuego: la ineficiencia ante la tragedia y la solidaridad internacional.
Nuestra realidad actual ha quedado al desnudo con los recientes terremotos que han sacudido nuestra tierra. Esta tragedia no solo ha revelado la vulnerabilidad de nuestra infraestructura, sino que ha expuesto la actitud institucional, profundamente ineficaz e inmoral, de quienes ocupan los cargos públicos.
Hemos sido testigos de un espectáculo bochornoso y triste: funcionarios más preocupados por el control político y el relato que por la vida y el socorro de los damnificados.
Ante la emergencia, la respuesta del Estado ha sido la de una maquinaria burocrática insensible que utiliza la tragedia como telón de fondo para sus propios intereses. Esta gestión es el reflejo final de un sistema que ha perdido la capacidad de sentir empatía y la competencia para gestionar el riesgo; es la prueba irrefutable de que, bajo las actuales estructuras, la vida del ciudadano es el eslabón más débil de su cadena de privilegios.
Ante esta profunda ineficacia y la minusvalía de nuestras instituciones, el pueblo venezolano siente un eterno agradecimiento hacia todos los países que han hecho un esfuerzo por colaborar con nosotros. Esta ayuda ha sido invaluable a pesar de haber sido entorpecida por el régimen en todas sus intenciones de responder ante la emergencia. Su mano tendida demuestra el verdadero sentido de la humanidad frente a la desidia y la falta de preparación de quienes hoy ostentan el poder.
El llamado urgente a la unidad nacional.
El cambio anhelado por una inmensa mayoría de venezolanos no se puede postergar ni un segundo más. Aunque estemos en un momento sumamente difícil, la urgencia de actuar es imperativa y no podemos seguir siendo espectadores pasivos. Para lograrlo, la unidad del país se hace más necesaria que nunca. No se trata de la unidad de los partidos políticos viciados por las estructuras del pasado, sino de la unidad de la voluntad y del sentimiento nacionalista. Debemos convocar esa energía inagotable que ha caracterizado al venezolano, esa capacidad histórica de resistir a tantos desmanes y atropellos durante años.
Solo a través de un propósito común, que anteponga el bienestar de Venezuela a cualquier interés particular, podremos superar este ciclo de decadencia absoluta.
Es el momento de exigir acciones contundentes que definan el desmontaje definitivo del modelo socialista. Esto implica lograr la deposición de aquellas estructuras que aún ejercen el poder de forma ilegal e ineficiente y que, obstinadamente, impiden el inicio de la transición democrática en Venezuela.
Las bases de una Nueva República: El Nuevo Pacto Social
La fe sin obras es letra muerta. Dios y la providencia nos dan la fuerza, pero la responsabilidad de cambiar nuestro destino es nuestra. Les repito, es nuestra.
Venezuela no necesita un maquillaje político ni un simple cambio de nombres; exige un cambio profundo en el modelo de Estado, cimentado sobre tres pilares:
Mérito e Integridad: Desplazar la lealtad política ciega y abrir paso a la excelencia técnica, ética y moral.
Instituciones Fuertes: Reconstruir un Estado de Derecho donde las leyes protejan al ciudadano común y no a las élites.
Un Entorno de Libertad: Crear las condiciones para que el venezolano no dependa de dádivas, sino de su propio esfuerzo y talento.
El llamado responsable a la acción.
Ya no podemos seguir siendo espectadores pasivos, ni corresponsables por omisión de los males que nos aquejan. El pasado ya se escribió con tinta de dolor; el presente es el terreno de la recuperación ,resistencia y de la exigencia ciudadana frente a la incompetencia institucional y el autoritarismo.
El futuro, sin embargo, nos pertenece y está esperando por nuestro diseño, nuestro aporte real, tangible y cuantificable.
Es hora de unirnos con más fuerza por Venezuela para diseñar, con nuestras manos, el país que merecemos.
