El diario plural del Zulia

Beatriz Becerra | Besar a Delcy es besar a Trump

Mientras el presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas pronunciaba su discurso de apertura, Delcy Rodríguez se levantó de su escaño, rodeó el hemiciclo y caminó hasta la bancada española con la soltura de quien fue canciller y conoce la casa. Pedro Sánchez hablaba por teléfono; ella hizo ademán de esperar. Él terminó la llamada, se puso en pie y la saludó con dos besos. En menos de un minuto, la presidenta encargada de Venezuela estaba de vuelta en su asiento, escuchando a Lula.

Si a Naciones Unidas, tras los años de Guterres, le faltaba una escena para certificar su decadencia, Delcy se la ha regalado.

Horas después, en el hotel Lotte New York Palace, Trump recibía a los líderes internacionales convocados. Delcy Rodríguez posó sonriente junto al presidente estadounidense y difundió la imagen como testimonio de una “reunión histórica”. Antes, desde la tribuna, Trump había presumido de haber capturado a un “dictador y criminal” llamado Nicolás Maduro, mientras las cámaras de la ONU buscaban el rostro impasible de quien fue su vicepresidenta y mano ejecutora. Maduro espera juicio en una cárcel de Brooklyn, a un breve trayecto del hotel. Su heredera no ha mostrado intención de visitarlo.

Conviene no despachar la escena con la palabra traición. La misma dirigente que en 2019 acusaba desde esa tribuna a Estados Unidos de asfixiar a su país, la que prometió que si algún día le tocaba ir a Washington lo haría “de pie, caminando, no arrastrada”, llama hoy a Trump socio y amigo. El chavismo tenía una palabra para esto, entreguismo, y la reservaba para sus adversarios. Pero la fotografía no muestra una conversión ideológica, sino una mutación esencial. Un poder que ha descubierto que el antiimperialismo era prescindible y la supervivencia no. Ya escribí en abril que el régimen había mutado sin dejar de ser lo que es. El Supremo convirtió la captura de Maduro en una “falta temporal” para no convocar elecciones, y la transición se negocia sin María Corina Machado.

Trump ofreció la clave en el mismo discurso. A Irán le planteó dos destinos: un acuerdo que le permitiera reconstruirse y engrandecerse, o la aniquilación de la República Islámica, y se preguntó si debía empujarlo al infierno. Del acuerdo petrolero con Caracas dijo sin rodeos que el botín pertenece al vencedor, o sea, a él. Amenazar y negociar, condenar y abrazar, capturar a un dictador y sentarse con su sucesora… Esa es la gramática de este tiempo, en la que la geopolítica ha desplazado a la coherencia ideológica como lengua franca del poder. En ella, quienes construyeron su identidad contra un enemigo descubren que necesitan a ese enemigo para sobrevivir.

Delcy necesita a Trump para gobernar, Trump necesita a Delcy para el petróleo, y ninguno de los dos parece necesitar a los venezolanos.

Sánchez declinó acudir a la recepción de Trump alegando motivos de agenda, pero, un par de horas antes, en el propio hemiciclo, había recibido a la interlocutora predilecta de Washington. Porque a nadie se le escapa que la escena era un encuentro programado y coreografiado. Ella se levanta, cruza, espera; él cuelga, se incorpora, responde. Según Moncloa, Rodríguez pidió seguir hablando de Venezuela y Sánchez contestó que por supuesto, que España está comprometida con el futuro de la región. Una fórmula impecable en la que, al menos en lo que ha trascendido, no caben ni presos políticos ni elecciones.

Sentado casi al lado del presidente (la vicepresidenta Aagesen se ha consolidado de facto a la derecha del padre), nuestro ministro de Exteriores asistía a la escena. José Manuel Albares dijo que el saludo le había resultado “un poco sorpresivo”, lo despachó como un gesto sin más y reivindicó la coherencia como seña de nuestra política exterior. La víspera se había grabado paseando por la calle 42, móvil en mano, prometiendo defender el multilateralismo, mientras los neoyorquinos pasaban sin reparar en él.

Es la distancia entre la diplomacia que se afana en fabricar una imagen y la imagen que se impone sola, que esta vez no grabó el ministro, sino una corresponsal brasileña. Una imagen que Delcy aspira a completar y que ya tiene fecha: la Cumbre Iberoamericana de Madrid, el 4 y 5 de noviembre. Con las sanciones de la UE vigentes.

Mientras Delcy entraba en Naciones Unidas, María Corina Machado seguía intentando entrar en su propio país. Su equipo ha confirmado que esta semana se le impidió tres veces salir de Panamá hacia Venezuela, por mar y por aire, y que suma al menos siete intentos frustrados. Desde ese mismo entorno se reprocha a Sánchez allanar la normalización de Rodríguez y se pide a España acompañar a los venezolanos, no la legitimación de quien no ha tenido ni tiene legitimidad.

Sánchez pudo excusarse de ir al Palace, pero el Palace fue a buscarlo al hemiciclo y le ofreció en Delcy la mejilla de Trump, aguándole la enésima impostura del plantón.

Las fotografías no firman tratados, pero a veces dan fe de ellos antes que los diplomáticos. En Nueva York quedó escrito quién camina hacia quién, quién reparte los besos y quién, desde Panamá, sigue esperando permiso para entrar en su propia casa.

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