Vladimir Gessen | ¿Volver?... Una decisión y cinco escenarios para MCM
En medio de la libertad de Roció San Miguel, el regreso de María Corina desafía cálculos de algunos y abren preguntas sobre nuestro futuro… ¿Qué ocurrirá si María Corina vuelve? Cinco escenarios revelan los riesgos, oportunidades y los intereses que rodean su regreso a Venezuela...Una amplia mayoría en Venezuela piensa que María Corina Machado debe regresar al país. Delcy Rodríguez como presidente encargada —y como responsable de una transición— debería comprender que su presencia contribuye a recuperar la iniciativa democrática, acompañar a quienes esperan un cambio, y a evitar que el futuro nacional termine negociándose sin una participación efectiva de los ciudadanos. Si Delcy encamina al país económicamente y lo dirige hacia una elección libre y democrática se le abren dos escenarios. El primero es que participe en las elecciones como candidata a la presidencia como hizo Wolfgang Larrazábal luego de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Larrazábal perdió esas elecciones, pero se convirtió en un personaje histórico y muy querido por todos los venezolanos por haber sido quien lideró el regreso a la democracia. Delcy puede triunfar o perder las próximas elecciones, en ambos casos gana la historia por rescatar el régimen de libertades hoy seriamente disminuido. La segunda opción es que los venezolanos voten por ella, y obtendrá la legitimidad para asumir la presidencia, y el reconocimiento internacional para hacerlo. Se convertiría en el Adolfo Suárez de España, primer presidente democrático en esa nación luego de la dictadura del caudillo Franco de la cual provino Suárez.
María Corina Machado
Su reconocimiento internacional como la —hasta ahora— líder de la oposición en Venezuela, y fortalecida su imagen por ser el Premio Nobel de la Paz de 2025, representaría que el gobierno de Delcy Rodríguez, en lugar de agredirla, tendría que considerar seriamente su resguardo y protección personal. Obviamente, una cosa es sostener una actitud política distinta hacia ella, y otra es ofenderla o maltratarla, porque si algo le llegara a ocurrir, tendría un alto costo político para la presidente actual. Por ello Delcy debe asegurar que nada podría ocurrirle, sin dejar de tomar en cuenta que María Corina le es muy incómoda, por decir lo menos, tanto para sectores del gobierno como de la oposición. El regreso de María Corina Machado podría ser recibido con esperanza por amplios sectores de la sociedad venezolana. Su presencia ofrecería una señal de que es posible recuperar espacios para la participación y el ejercicio de las libertades.
En igual sentido, la reciente absolución de Rocío San Miguel, abogada, defensora de derechos humanos y presidenta de la ONG Control Ciudadano, constituye un antecedente alentador. La noche del 1° de octubre fue declarada libre de responsabilidad penal por los cargos formulados en su contra. Aunque son situaciones distintas, considero que las dos líderes opositoras pueden alimentar y representar una misma aspiración ciudadana como es que ningún venezolano tenga que escoger entre su libertad, sus convicciones y el derecho a vivir en su país.
Regresar implica riesgos.
Como psicólogo considero necesario examinar las dos situaciones. Permanecer fuera también tiene consecuencias. En ocasiones, la decisión política más difícil consiste en escoger qué peligro puede administrarse mejor y qué pérdida sería más difícil de reparar. El 4 de octubre, Machado publicó en el New York Post una columna en la que defendió la urgencia de su retorno, la organización ciudadana y la necesidad de fijar una fecha para elecciones presidenciales dentro del próximo año. Su argumento vincula la estabilidad con la participación democrática y plantea que debe estar en Venezuela para acompañar ese proceso. Al día siguiente, Donald Trump fue consultado sobre si respaldaba su regreso. La elogió y respondió que “todo va a salir bien”. La expresión transmite optimismo, pero deja sin resolver lo esencial como es qué respaldo concreto ofrecería Washington y cómo reaccionaría ante obstáculos o agresiones. Mi lectura es que esa ambigüedad preserva su margen de maniobra. No permite deducir una garantía de protección ni, por sí sola, una prohibición de volver. Marco Rubio ya había reconocido, en una entrevista del 1° de septiembre, el derecho de Machado a regresar “cuando quiera” y expresado preocupación por su seguridad. Reconocer un derecho y aconsejar prudencia pueden coexistir. El problema aparece cuando la prudencia se convierte en una espera sin horizonte. Si siempre existe una razón para posponer el retorno, ¿cuándo podría ejercerse realmente ese derecho?
Por el otro lado, Diosdado Cabello calificó de “show” las denuncias sobre los impedimentos del régimen para impedir la vuelta de María Corina, y la emplazó a volver con un “que se venga”. Estas palabras contrastan con las denuncias de su equipo sobre intentos frustrados de retorno. Conviene mantener claras las atribuciones, una parte denuncia obstáculos y la otra los niega. Esa contradicción no se resuelve con una frase televisiva, se esclarece con hechos verificables. La pregunta, entonces, adquiere una dimensión política y psicológica: ¿qué ocurriría si regresa y qué podría suceder si continúa fuera?
¿"Legalmente" puede regresar?
Lo primero es esclarecer si ¿existe una orden de captura pendiente contra María Corina Machado? Al 6 de octubre de 2026, no hemos encontrado confirmación pública verificable de alguna orden judicial vigente. Los antecedentes conocidos requieren distinguir entre investigaciones, declaraciones de funcionarios y decisiones judiciales. En enero de 2025, el entonces fiscal general Tarek William Saab reconoció que existía una investigación contra Machado, pero negó que hubiera una orden de aprehensión. En noviembre de ese mismo año, declaró que sería considerada “prófuga” si abandonaba Venezuela, alegando investigaciones penales en su contra. Sin embargo, esa declaración no acredita por sí sola la existencia de una orden judicial de captura ni demuestra que se encuentre vigente hoy. Como psicólogo y habiendo sido perseguido judicialmente por denunciar a altos funcionarios en actividades del narcotráfico, considero comprensible que una persona amenazada busque protegerse antes de que una detención se materialice. Pero, vivir en la clandestinidad por temor a perder la libertad no demuestra, por sí mismo, que exista una orden formal de arresto. De igual manera, las declaraciones de Diosdado Cabello emplazándola a regresar no equivalen a una garantía judicial de que podrá hacerlo sin ser detenida. Por ello, considero indispensable una aclaración pública y documentada sobre su situación judicial. Si las autoridades sostienen que puede volver, deberían precisar si existe alguna medida en su contra que comprometa su libertad. No podemos dar por demostrado que tiene una orden de captura pendiente, pero tampoco asegurar que está libre de cualquier disposición que pudiera utilizarse para detenerla. Esa incertidumbre tiene consecuencias políticas y humanas en María Corina ya que dificulta una decisión cuyo alcance compromete tanto su seguridad como las expectativas de quienes aguardan su regreso.
Si regresa y puede actuar políticamente…
Vamos a suponer que en cualquier momento María Corina aparece en Venezuela. El primer escenario sería su entrada al país y la posibilidad de reunirse con sus seguidores, recorrer comunidades y reorganizar su movimiento. Su presencia podría transformar una expectativa distante en una experiencia compartida. Para quienes han vivido la incertidumbre, ver a una dirigente junto a ellos puede fortalecer la confianza y la disposición a participar. El liderazgo también se construye mediante la cercanía. Escuchar una angustia, visitar una comunidad o compartir una dificultad produce un vínculo que las declaraciones desde el exterior no siempre consiguen reproducir. Una persona puede admirar a un dirigente que ve en una pantalla. Otra cosa es sentir que ese dirigente está presente en su propia realidad. Sin embargo, el regreso no produciría automáticamente una transición. Una recepción multitudinaria demostraría capacidad de convocatoria, pero después habría que convertir esa energía en organización, acuerdos y objetivos alcanzables. El entusiasmo puede abrir una etapa y sostenerla exigirá conducción, negociaciones. Aquí aparecería una de sus mayores responsabilidades como es el evitar que el regreso se interprete como el anuncio de una solución inmediata. La esperanza necesita dirección, pero también requiere una relación honesta con el tiempo. Otro elemento de este escenario es que su regreso podría beneficiar los intereses duraderos de Estados Unidos aunque al mismo tiempo, complicar los arreglos inmediatos de Trump y Rubio. La diferencia está en si Washington interpreta su presencia como una contribución a la estabilidad, o como una presión sobre el proceso que intenta conducir.
El problema para Estados Unidos y sus estrategias
La guerra con Irán introduce un elemento decisivo en el cálculo estadounidense sobre Venezuela. Washington debe atender simultáneamente la seguridad energética, el costo económico del conflicto y la posibilidad de nuevas crisis. El 6 de octubre, se informó que la Administración de Información Energética estadounidense había elevado sus previsiones de precios del petróleo debido a la guerra, la caída de inventarios y las dificultades de abastecimiento. En ese contexto, considero que la continuidad de los suministros venezolanos adquiere mayor importancia estratégica. Esto ayuda a comprender las reservas sobre el regreso de María Corina Machado, aunque no demuestra que la guerra sea la causa de esas reservas. La prensa documentó en septiembre las reticencias de Washington y recogió la interpretación de que su retorno podría alterar los planes de transición respaldados por Estados Unidos. También informó que su movimiento estaba fuera de aquellas conversaciones. Hay, por tanto, una tensión entre el proceso que Washington procura administrar y la capacidad de Machado para impulsar sus propias demandas. A mi juicio, Trump podría percibir una llegada acompañada de grandes movilizaciones como una fuente de incertidumbre que le plantea preguntas: ¿aceleraría la exigencia de elecciones?, ¿tensionaría su relación con Delcy Rodríguez? ¿Obligaría a modificar los acuerdos existentes? Estas son hipótesis sobre su cálculo político, no decisiones que podamos atribuirle como hechos comprobados. Pero sería un error suponer que la presencia de Machado necesariamente produciría inestabilidad. Su regreso también podría ofrecer a Estados Unidos una oportunidad, como incorporar a una dirigente con capacidad de convocatoria a una salida negociada, dar mayor credibilidad democrática al proceso y fortalecer la aceptación ciudadana de los acuerdos. La estabilidad resulta más sólida cuando quienes tienen respaldo social pueden participar en su construcción. En el terreno energético, una transición con legitimidad y reglas previsibles podría favorecer inversiones de largo plazo. Sin embargo, debemos evitar una simplificación porque el regreso de Machado no aumentaría por sí mismo la producción petrolera ni reduciría inmediatamente los precios de la gasolina estadounidense. Su eventual contribución sería política e institucional ya que los resultados económicos dependerían de inversiones, infraestructura y decisiones posteriores. También podría beneficiar a Washington en su competencia con Teherán. Una Venezuela democrática que escogiera una relación estrecha con Estados Unidos podría limitar espacios de influencia iraní en el hemisferio. Pero ese resultado dependería de políticas concretas del Estado venezolano. La presencia de una dirigente, por importante que sea, no transforma automáticamente las relaciones internacionales de un país. Para Marco Rubio, un retorno pacífico con garantías ofrecería la posibilidad de mostrar que la cooperación con las autoridades actuales es compatible con la apertura democrática. Si Machado pudiera organizarse, expresarse y participar en una negociación, Rubio tendría un resultado concreto que presentar. Si fuera detenida o agredida, en cambio, Washington enfrentaría un dilema, tendría que presionar a un gobierno con el que mantiene acuerdos o asumir el costo de una respuesta insuficiente ante una vulneración de su libertad. Ese sería el escenario más perjudicial para Estados Unidos. Una crisis alrededor de Machado exigiría atención diplomática, podría provocar demandas de nuevas sanciones y complicaría las relaciones con Caracas mientras continúa el conflicto con Irán. Conviene precisar la responsabilidad, porque esas consecuencias dependerían de la respuesta de las autoridades y de otros actores, no del simple hecho de que una venezolana regresara a su país. Como psicólogo, observo aquí una tensión frecuente en la toma de decisiones bajo presión. Privilegiar lo que ofrece control inmediato y aplazar aquello cuyos beneficios requieren más tiempo. Un acuerdo con quienes ejercen el poder puede parecer más previsible que una apertura a la competencia democrática. Sin embargo, esa previsibilidad puede ser frágil si depende de mantener excluidos a sectores importantes de la sociedad. Por eso considero que dado el regreso de Machado, Trump y Rubio tendrían razones para favorecerlo acompañado de garantías y de una vía de negociación. Podría reducir la distancia entre sus intereses estratégicos y las aspiraciones democráticas venezolanas. Una espera indefinida, por el contrario, corre el riesgo de transmitir que la participación ciudadana solo será bienvenida cuando deje de incomodar los acuerdos del poder. Mi conclusión es que el regreso de María Corina podría complicar el calendario de Washington sin perjudicar necesariamente los intereses de Estados Unidos. Incluso podría fortalecerlos a largo plazo.
La cuestión es si Trump y Rubio están dispuestos a incorporar una participación política autónoma al proceso que promueven. Para Venezuela, esa participación es parte esencial de cualquier estabilidad que merezca perdurar.
Si regresa y buscan limitarla…
Existe un segundo escenario, menos espectacular y posiblemente más difícil de enfrentar, como sería que MCM pueda entrar, pero encuentre restricciones para desplazarse, organizar actos o comunicarse, junto con presiones sobre sus colaboradores. Sería un error reducir las posibilidades a dos extremos, libertad plena o encarcelamiento. El poder dispone de formas de desgaste que no requieren una detención. Puede aumentar los costos de la actividad política, dificultar los encuentros y mantener a una organización en permanente irresolución. En ese supuesto, su reconocimiento mundial seguiría siendo importante, aunque su eficacia dependería de convertir la atención internacional en seguimiento sostenido. La protección tendría que alcanzar también a quienes la acompañan. De poco serviría que una dirigente pudiera circular si quienes organizan sus reuniones temieran hacerlo. El criterio para evaluar una apertura sería, por tanto, muy concreto, si puede ejercer una actividad política efectiva y si los ciudadanos pueden acompañarla sin intimidación.
Si intentan detenerla o agredirla…
Este tercer escenario es más grave y el que obliga a precisar. Considero que el gobierno de Delcy Rodríguez tendría fuertes razones para evitar una acción directa contra Machado. Su condición de premio Nobel y su proyección internacional elevarían considerablemente el costo diplomático y reputacional de una medida de esa naturaleza. Una agresión podría concentrar nuevamente la atención mundial sobre Venezuela, fortalecer la solidaridad con ella y colocar a Washington ante una contradicción incómoda entre sus relaciones con el gobierno venezolano y su discurso democrático. También podría dificultar los esfuerzos por proyectar normalidad y confianza. Esa es mi valoración política. No constituye una certeza sobre el comportamiento de todos los actores involucrados. Los gobiernos pueden cometer errores de cálculo, y los intereses de quienes integran un aparato de poder no siempre coinciden. Debemos presumir —sin tener ninguna evidencia de que sea así— de que en el seno del oficialismo existan algunas piezas que jueguen al fracaso de la actual presidenta, y provoquen una crisis. Por eso, cuando sostengo que Delcy Rodríguez difícilmente podría actuar contra ella, me refiero a su margen o límites políticos. Porque hacerlo podría resultar mucho más perjudicial que tolerar su presencia. Además, la absolución de Rocio San Miguel puede ser un indicio que favorece la opción del regreso de MCM. Pero la acción de terceros, aunque la relevancia internacional de MCM disuade, no elimina por completo el peligro… No debemos olvidar que si Venezuela entra en situación de caos por cualquier razón el objetivo puede no ser ni Delcy ni María Corina, sino Trump y los Estados Unidos…
Y si regresa y abre una negociación…
Hay otro escenario que merece atención, que la presencia de MCM contribuya a una negociación política con compromisos verificables. Regresar podría fortalecer su capacidad de interlocución al acercarla a sus bases y permitirle expresar demandas desde el territorio donde deberán cumplirse los acuerdos. Al mismo tiempo podría ofrecer al gobierno de Delcy Rodríguez una oportunidad para demostrar apertura. Una negociación seria tendría que abordar condiciones concretas como garantías para la participación, funcionamiento de las organizaciones políticas, libertades ciudadanas y una ruta electoral creíble. Una fotografía entre adversarios tendría poco valor sin consecuencias comprobables. Desde la psicología del conflicto, conviene entender que conversar no exige confianza previa absoluta. A veces se negocia precisamente porque no existe confianza y es necesario establecer reglas que aumenten la certeza. Machado tendría que combinar firmeza democrática con capacidad de interlocución. Delcy Rodríguez tendría que reconocer que la estabilidad duradera requiere espacio para quienes la adversan. Ambas podrían encontrar razones distintas para aceptar un mismo principio, el que la competencia política se tramite sin violencia.
Si permanece fuera…
Por último, continuar en el exterior conserva ventajas. Machado puede mantener contactos internacionales, denunciar obstáculos y promover respaldo para una salida democrática. Sería injusto presentar toda permanencia fuera del país como abandono o falta de valentía. Además, si existen impedimentos efectivos para volver, la ausencia no puede atribuirse simplemente a su voluntad. Pero una prolongación indefinida también podría desgastar su liderazgo. Las promesas reiteradas de regreso generan expectativas. Cuando no se cumplen, incluso por razones ajenas a quien las formula, algunas personas pueden experimentar decepción. Otras podrían comenzar a pensar que las decisiones esenciales dependen de gobiernos extranjeros y que la participación nacional tiene escasa capacidad para modificar el rumbo. Ese sentimiento de impotencia merece atención. Una sociedad que deja de percibir relación entre su esfuerzo y los resultados puede retraerse. La espera necesita objetivos, explicaciones y formas de participación para no convertirse en resignación. También existe el riesgo de que otros actores ocupen los espacios de negociación —para nombrar un solo caso: Roció San Miguel— y se establezcan condiciones que después resulten difíciles de modificar. Permanecer fuera puede preservar su proyección internacional mientras reduce su influencia cotidiana sobre determinados acontecimientos dentro de Venezuela. Nada de esto significa que su liderazgo desaparecería. Sino más bien que el tiempo también interviene en la política, redistribuye oportunidades y modifica expectativas.
Regresar con propósito
Mi posición favorable al retorno parte de ese balance. Considero que su presencia en Venezuela podría aportar más a la organización democrática que una espera indefinida, siempre que forme parte de una estrategia de participación pacífica, protección y negociación. Ya hemos escrito que la solución no está en Trump ni Rubio, ni en Delcy y María Corina enfrentadas. Como ya lo hemos analizado, ambas deben sentarse y conversar. El objetivo tendría que ser más amplio que demostrar que pudo volver. Su llegada debería servir para escuchar, organizar, ampliar apoyos y acercar una solución democrática. También para dirigirse a quienes no la siguen, con una propuesta nacional que ofrezca un futuro compartido a ciudadanos con historias, temores y convicciones diferentes. A Washington le correspondería precisar el significado de su respaldo. Al gobierno de Delcy Rodríguez, demostrar con hechos sus afirmaciones sobre la posibilidad del regreso. Y a Machado, transformar su presencia en una capacidad sostenida de acción política.
Al final…
Creo que María Corina debe regresar porque el vínculo entre una dirigente y su pueblo necesita presencia, y porque la indecisión no puede convertirse en la condición permanente de la vida venezolana. Creo también que su dimensión internacional limita el margen político de quienes pudieran intentar silenciarla. En medio de estas reflexiones, mi esposa, María Mercedes Gessen, introduce una consideración que nos acerca a lo más humano de este dilema: “Volver también significa recuperar la posibilidad de pertenecer sin miedo. Nadie debería sentirse extranjero en su propia tierra ni tener que callar para quedarse en ella. Maria Corina ha dado su vida y merece participar del futuro de la nación, igual que Rocío San Miguel, para el bien de todos sin excepciones…”
Sus palabras me llevan a la razón más profunda, esa que rebasa el nombre de María Corina y su reconocimiento mundial. Ningún venezolano debería necesitar un premio Nobel para sentirse seguro en su país. Su regreso tendría su mayor significado si contribuyera a abrir ese camino a la nación, a quienes se fueron, y a quienes permanecieron y a quienes todavía no saben si podrán construir su futuro sin irse del país. Porque la medida de una Venezuela democrática será que cualquiera pueda volver, expresarse y participar sin miedo. Solo me imagino la difícil decisión que tomará María Corina Machado… Antes de despedirme, no deja de llamar la atención que el destino de Venezuela estará en las manos femeninas de Delcy Rodríguez, María Corina Machado o de Roció San Miguel... Hasta la próxima y que la Divina Providencia Universal nos acompañe, apreciado lector… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en [email protected]...
