El diario plural del Zulia

Antonio Pérez Esclarín | Finalidad de la educación

Siempre he mantenido que la genuina educación, más que adaptarse a los cambios, que es el clamor de la inmensa mayoría de los que critican la actual educación,  debe dirigir dichos  cambios en un sentido ético y estético completamente opuesto a la marcha de hoy. La educación exige la convicción de que es posible el cambio, implica  la esperanza militante de que los seres humanos podemos reinventar el mundo en una dirección humana y humanizadora. Esperanza crítica, no ingenua, que necesita del compromiso y sobre todo del testimonio coherente para hacerse historia concreta.

El Derecho a Soñar no aparece en la Declaración de los Derechos Humanos, pero sin este derecho, y sin el agua que da de beber a los demás, todos los otros derechos se morirían de sed.  Educar es disoñar (soñar+diseñar= disoñar)  una nueva escuela, una  educación de calidad,  un mejor  país, un mundo nuevo.

En los inicios de un nuevo año escolar, los tiempos de incertidumbre y crisis que vivimos, tanto a nivel nacional, como a nivel mundial, deben espolear el pensamiento crítico y autocrítico, la  creatividad  y el coraje de los genuinos educadores.Por ello, frente a la creciente colonización de las mentes, la educación debe orientarse a formar personas capaces de pensar con su cabeza, de pensarse para constituirse en sujetos autónomos de su propia vida, de pensar el país y el mundo para poder contribuir a transformarlos. Educación que promueva el análisis crítico de la realidad próxima y de la problemática nacional y  mundial, que capacite para reconstruir y reinventar la cultura y la historia.

La disrupción de la  Inteligencia Artificial, el crimen ecológico que está destruyendo la Casa Común, el creciente abandono de la defensa de los Derechos Humanos, la proliferación de los fundamentalismos y dogmatismos, la fragmentación social, la creciente confusión dela libertadconelcapricho, la justificación de las guerras y de las culturas neocolonizadoras, están transformando  nuestro mundo, mucho más rápido de lo que nuestros sistemaseducativos pueden responder, que siempre llegan tarde, y por ello se la pasan predicando la necesidad de la innovación permanente, pero sin el valor de plantearsecuál es el objetivo de la innovación que predican.

Por ello,hoy tiene mássentido  que nunca la pregunta esencial, que estamos olvidando posiblemente porque no tenemos el valor de planteárnosla con firmeza,   paraqué educamos, cuálessonlosobjetivos esenciales de la educación.  Y, a mi modo de ver, la respuesta debe abandonar el enfoque exclusivo dela capacitación para ejercer adecuadamente un oficio o una profesión, y orientarse prioritariamente  hacia el florecimiento humano y planetario. De lasuniversidadesegresan cada año millones de profesionales, más o menos bien capacitados, pero no egresan personas y ciudadanos con capacidad para imaginar un mundo más justo y más solidario, y con  el empeño de dedicarse aconstruirlo. En consecuencia, necesitamosun nuevo paradigma educativo, centrado en elserhumano, y en el medioambiente, que respete y defienda la vida de todos y en todas sus formas, ladignidad  absoluta eirrenunciablede cada persona y los  bienes comunes, objetivo irrenunciable de la auténtica política. La inmensa mayoría de los  profesionales que egresan de las universidades, tratan de acomodarse lo mejor posible en este mundo injusto y cada vezmás inhumano, en  vez de contribuir a transformarlo. Miden su éxito deacuerdo ala dimensión de  su salario,  a laadmiración  y el prestigio, a la capacidad de acomodarse y trepar en esta sociedad  injusta e inhumana.  De ahí que este tipo de profesionales sólo buscan transformar elmundo si amenaza sus intereses personales,  pero no les importa demasiado que se siga manteniendo el actual mundo sobre la dominación, la explotación y la injusticia. Ya no se perciben como los constructores de un futuro humano para todos, sino como los disfrutadores del presente inhumano.

Si la educación en verdad quiere contribuir a humanizar las sociedades, y busca formar seres humanos de primera categoría y no robots  de segunda,  debe redefinir su misión, reinventarse profundamente,  y poner entre sus objetivos esenciales en todo el currículo y en todo el proceso educativo, la lectura objetiva de nuestro actual mundo  y la formación de sujetos con  disposición a enfrentar los desafíos actuales de una humanidad que parece haber olvidado que el futuro no es algo inexorable y predeterminado  que se nos impone y debemos  soportar o adaptarnos lo mejor posible a él, sino un nuevo horizonte de humanización a construir. Los desafíos actuales deberían entenderse como la materia prima del aprendizaje. Los estudiantes tienen que dejar de considerarse como observadores o víctimas de la crisis, para pasar a ser los  agentes cocreativos de la renovación y la transformación.

La Inteligencia Artificial nos   plantea a la educación y los educadores una pregunta fundamental que no podemos eludir:¿Quiénes somos los seres humanos y en quiénes queremos convertirnos?Responder humanamente esta pregunta, y no esperar que otros o los algoritmos nos la respondan,  supone enfatizar la comprensión, el juicio crítico, el discernimiento ético, la inteligencia relacional y espiritual, laopción por un verdadero liderazgo de servicio frente a losactuales liderazgos jerárquicos y piramidales, logrados por sus competencias académicas o profesionales, por sus contactos o enchufes, por su capacidad para trepar y escalar sin escrúpulos,  y no por su temple humano y humanizador,  liderazgos que contribuyen a mantener las estructuras de dominación y opresión de nuestro mundo. Todo esto implica también preguntarnos  con objetividad qué es unabuena vida o qué entendemos por calidad de vida,, y analizar si es posible calidad de vida de espaldas a las vidas miserables y deshumanizadas de la mayoría  de las personas y de la propia naturaleza, que debemos dejar de considerar como un tema de estudio para empezar a entenderla como madre  y hermana y como una maestra sabia.

En definitiva los sistemas educativos y especialmente la universidad se convierten en sistemas moribundos en la medida  en que sus actividades se desconectan de los desafíos existenciales de nuestro tiempo.Son sistemas vivos si contribuyen a responder a la policrisis con valentía y relevancia.

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