El diario plural del Zulia

Juan Carlos Rosillo-Villena | Gran Misión Exilio Venezuela

Casi ocho millones de personas han salido de Venezuela, según ACNUR (2025).  Recuerdo la respuesta del otrora presidente de la Asamblea Constituyente y ministro de Hugo Chávez, Luis Miquilena, cuando le consultaron sobre la sociedad civil: "¿Con qué se come eso?" Reconozco que la cifra resulta difícil de digerir, mucho más considerando que la población proyectada por el Instituto Nacional de Estadística de Venezuela al 30 de junio de 2026 ronda los 34,8 millones de habitantes.

Si aplicamos una regla de tres simple, el resultado es que cerca del 23% de la población estaría fuera. Nótese el uso del condicional. Si he iniciado el texto con un par de datos, es para llamar la atención sobre una situación vergonzosa: el éxito de lo que podemos denominar la Gran Misión Exilio Venezuela. Es, probablemente, uno de los pocos programas sociales del chavismo cuyas cifras exhiben curvas de ascenso sin necesidad de artificios estadísticos.

Desde 1999, la estrategia comunicacional del chavismo y sus continuadores ha girado en torno a convencernos del carácter (re)fundacional del gobierno autodenominado revolucionario. Una muestra de ello es la manera en que construyen discursivamente la juramentación de Hugo Chávez, el 2 de febrero de 1999, como presidente constitucional de Venezuela. Según el Ministerio del Poder Popular de Planificación (2020), ese día "se abren las puertas hacia una nueva etapa histórica. En los primeros actos de gobierno se rompe la historia de engaños y el presidente Chávez convoca un proceso constituyente cumpliendo su principal oferta electoral".

Sobre el proceso constituyente, se aprobó una carta magna que Chávez calificó como la mejor del planeta, aunque en menos de una década quiso modificarla. En cuanto a la nueva etapa histórica, transcurrido un cuarto de siglo todavía estamos esperando disfrutar de esta. A pesar de la grandilocuencia y bombardeo propagandístico, resulta una vergüenza mundial que tantas personas hayamos tenido que abandonar el país. Al parecer la historia de engaños en Venezuela sumó un nuevo capítulo; para quien esto escribe, un capítulo que hace palidecer de envidia al mejor guionista de culebrón.

Tengo que reconocer algo: desde la adolescencia hasta mis treintas escribí regularmente artículos de opinión para medios impresos y digitales. En algún momento opinar en Venezuela se me hizo una pesadilla. Al emigrar a Chile, y por sanidad mental, solo hablé lo necesario sobre mi patria, bastante tenía con gestionar el duelo migratorio ante un hecho que asumí al abordar el avión en Maiquetía: mi etapa en Venezuela había terminado.  

Al terminar el doctorado sentí que era momento de reflexionar sobre el terruño nuevamente. Retomé Venezuela como objeto de estudio y tanteé un par de medios donde escribir. Como dicen en Chile: no me pescaron. Hace un par de días Raúl Semprún me ofreció la posibilidad de formar parte del staff de articulistas de Versión Final. Ni corto ni perezoso, acepté. Y heme, frente a mi computador, escribiendo unas líneas que espero generen algo de interés en quienes las lean.

Venezuela duele, y mucho. Ser miembro de la Gran Misión Exilio Venezuela duele más, pues esta lo único que ha redistribuido es la población venezolana alrededor del planeta. 

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