El diario plural del Zulia

Ramón Guillermo Aveledo | Escovar Salom, Chumaceiro y el valor de las regiones

Distintos en la personalidad y en el modo de pensar, demócratas con vocación de reformas sociales audaces ambos, orgullosamente provincianos de alma universal, coinciden en la vocación de servicio público que encuentra en la política que según la máxima de Pio XI es “la forma más excelsa de la caridad después de la religión”, hablo de dos amigos que admiré, mi paisano y tocayo Ramón Escovar Salom el centenario de cuyo nacimiento se celebró el pasado julio y el zuliano Fernando Chumaceiro Chiarelli que en ese mismo mes partió a la eternidad tras noventa y cinco años de vida fecunda.

La Academia de Ciencias Políticas y Sociales, de la que fue numerario desde 1976, ha dedicado a Escovar Salom su recién publicado Boletín N° 181. Culto y elocuente, estudioso y reflexivo, desde sus clases de Derecho Constitucional en la UCV, en las que me “coleaba” como oyente hasta sus intervenciones parlamentarias como senador o diputado y sus discursos como ministro de varias carteras o embajador, aquellas cualidades que cultivó desde temprano se hacían sentir. Socialdemócrata de ideas modernas, siempre ávido de informarse para estar al día, como hacen los que saben que la realidad cambia.

Estadista teórico y práctico la trayectoria de RES es, como la de cualquiera metido en el combate político desde muy joven, materia prima para la polémica. Lo que nunca podrá negar la mezquindad, esa sombra que persigue al que se atreve a actuar, es su sentido del Estado, su afán porque esta nuestra fuera una república digna de tal título.

Fernando Chumaceiro, “el doctor Chuma” como le decía la gente en su Maracaibo querido, fue de esos hombres públicos venezolanos que honran el oficio político. La política, esa “aventura honorable” que decía Tweddsmuir, a quien también debemos la reflexión: “La tarea del liderazgo no es infundir grandeza en la humanidad, sino hacerla aflorar, porque la grandeza ya está allí”. Eso distingue a los grandes líderes, con independencia de su ámbito, de los mediocres y los separa amplia e irreversiblemente de aquellos que, al contrario, se esmeran en promover lo peor del ser humano para manipularlo y explotarlo.

El primer alcalde electo de Maracaibo había sido concejal de su ciudad natal y brevemente diputado al Congreso por el Zulia. Zuliana era su manera de ser venezolano. Presidió CORPOZULIA desde 1970 hasta 1984, es decir durante las presidencias de Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campíns. De allí se fue a servir en el Concejo Municipal. Fue candidato a la gobernación y el voto no le fue favorable, perdiendo así la región una magnífica oportunidad. Demócrata cristiano de esencia y consecuencia, abierto a todos, carente de sectarismo y vanidad.

Aparte de la amistad de quien escribe, Escovar y Chumaceiro tienen en común el ser hombres de eso que la comodidad del lugar común llama impropiamente “el interior”, nacidos y criados en su región de la que siempre se sintieron orgullosos hijos, así como legatarios de su historia. Larense de Barquisimeto uno, zuliano de Maracaibo el otro. Cada uno a su modo, convencidos de que en la descentralización está el futuro de la gobernanza democrática de Venezuela.

Descentralizador Escovar, aunque aprehensivo de la federación por razones de visión histórica nacional. Descentralizador Chumaceiro, con una idea dinámica del federalismo y la acendrada convicción de que el centralismo exacerbado ha tenido efectos nocivos para el desarrollo nacional.

Chumaceiro creyó en las potencialidades de la ciudad y la región, las defendió y las demostró con buenas realizaciones de gobierno en CORPOZULIA y la alcaldía. Escovar revisó con agudeza la azarosa vida constitucional venezolana con un aparente paralelismo entre forma y realidad, a eso no escapa la idea federal. En 1976 afirma que “…el mundo político y las ideas modernas están regresando a la valorización de la región; al reforzamiento intelectual y doctrinario de las comunidades concretas de la vida humana (…) hoy en mundo está regresando a lo pequeño, a lo local, a la revalorización del municipio…”

Venezuela es todas sus regiones y algo más que la suma de ellas. Venezuela es sus hombres y mujeres. Ninguno es tan pequeño como para ignorarlo ni tan grande como para creer (creerse) único (a), irrepetible e irremplazable. Recordemos siempre, para emularlos, a aquellos que contribuyeron a que este sea el país que puede y debe ser.

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