El diario plural del Zulia

Rodrigo Rivera Morales | La tragicomedia actual de la política venezolana

Sabemos que el director de la obra es Trump, pero no sabemos hacia qué final la quiere llevar. Es claro que el director ha puesto a varios personajes a desempeñar un papel cómico y son el hazmerreír de la izquierda mundial. Pues, hasta hace poco, Delcy y Jorge gritaban desaforados contra Trump y el imperio; ahora son panas y disfrutan enormemente haciéndose selfies con los hombres del Pentágono y la CIA. Trump, cuando se refiere a Delcy, si bien la alaba, la presenta como la obediente vasalla que acata incondicionalmente sus órdenes.

La vida política venezolana en estos momentos parece una tragicomedia. Pues encontramos en su desenvolvimiento elementos trágicos y cómicos en una misma obra. En nuestro caso, la obra se titula «Criminales tutelados van al diálogo». En realidad, vemos a la camarilla gobernante como si estuviese en un teatro para catapultarse a la grandiosidad del cine hollywoodense. Obviamente, la obra no tiene la esencia de la tragicomedia griega de amor, justicia y heroísmo, sino que la muestra criolla es de avaricia y ambición de poder. Quizás lo más importante, como lo tomaron los dramaturgos italianos, es la combinación de lo trágico y lo cómico. En las tragicomedias clásicas, los personajes pasan por circunstancias difíciles pero con un toque de humor; no obstante, en la nuestra no: hay una mezcla de personajes, unos burlescos, otros pintorescos (como la jefa del Tren de Aragua), otros a hurtadillas y los cínicos.

Sabemos que el director de la obra es Trump, pero no sabemos hacia qué final la quiere llevar. Es claro que el director ha puesto a varios personajes a desempeñar un papel cómico y son el hazmerreír de la izquierda mundial. Pues, hasta hace poco, Delcy y Jorge gritaban desaforados contra Trump y el imperio; ahora son panas y disfrutan enormemente haciéndose selfies con los hombres del Pentágono y la CIA. Trump, cuando se refiere a Delcy, si bien la alaba, la presenta como la obediente vasalla que acata incondicionalmente sus órdenes.

Lo que no deja entrever el director de la tragicomedia y su elenco de asistentes es si la parte de la obra que corresponde a la estabilización deben lograrla los mismos que provocaron la desestabilización, o si es para demostrar que personajes de esa ralea no sirven para nada. Es incuestionable que, si queda en las mismas manos, es una tragedia. Tampoco dejan entrever qué se persigue con el diálogo enésimo dirigido por Jorge y la oposición representada por Dinorah. Lo burlesco es que le dan un protagonismo relevante a la camarilla y a Jorge, quienes se han burlado de todos los acuerdos de diálogo; además, han derrochado cinismo y mentiras para violar lo acordado, engañando a la opinión pública con el grotesco programita televisado de Diosdado.

El pueblo venezolano, que debe ser el actor esencial en el escenario político, está marginado exprofeso por los directores de la obra, obviamente con un respaldo absoluto de la camarilla que ha sido antipueblo durante 27 años, demostrado notoriamente ante el doble sismo. Es ese pueblo venezolano el que sí ha vivido casi tres décadas de tragedia y no está para bromas ni comedias: quiere respeto. Los venezolanos y los demócratas del mundo no entienden que personajes que tienen cuentas pendientes con la justicia norteamericana e internacional ahora sean gente de confianza; no entienden cómo se ofrece recompensa por la captura de Padrino, Rodríguez Chacín y Diosdado cuando dos de ellos son ministros y uno es escoltado por su seguridad. Muchos piensan que se trata de presentar los momentos actuales de la política venezolana como una tragicomedia.

Hay mucha gente muerta de risa por el rol que le ha asignado Trump a la izquierda gobernante venezolana. Ayer, en su posición antiimperio, vivían desgañitados pidiendo el enjuiciamiento ante la CPI de los agentes de la CIA y de cualquier presidente o ministro de gobiernos no izquierdistas; tan importante era para los izquierdistas esta entidad que llegaron a tener mayoría de magistrados y dominaron la fiscalía. Ahora, por órdenes del pana del norte, con todo el cinismo del mundo y sin un rastro de rubor, la pupila Delcy denuncia el Estatuto de Roma para salirse de la jurisdicción de la CPI. Vi varias veces el anuncio de Delcy y no pude aguantar la risa por el ridículo que Trump le hacía hacer a su pupila. Me pareció una comedia, pero muy mal montada.

Los venezolanos padecemos una tragedia inmensa: la desintegración de la familia, los salarios de hambre, pésimos servicios, desempleo, persecuciones, encarcelamientos, torturas, chantajes, cuerpos de seguridad extorsionistas... es decir, estamos en manos de delincuentes. No estamos para comedias ni más burlas. Como pueblo libre y soberano exigimos respeto. No nos oponemos al diálogo sincero; la negociación seria es civilización. Pero debe entenderse que no somos mequetrefes a los que se pueda burlar permanentemente. Ahora decimos ¡basta! El 1 de agosto se inician conversaciones que deben conducir al reconocimiento de la soberanía popular, el retorno a la democracia y nuestra presencia en el mundo como pueblo libre. La negociación debe ser transparente, sin tapujos. La prensa libre y la sociedad civil deben vigilar la nitidez de la negociación y su cumplimiento. ¡La lucha es hasta el final!

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