El diario plural del Zulia

Rixio G Portillo | ¿Se puede reformar el odio?

Más de uno se preguntará cuál es la intención de este texto al leer el titular, pero, efectivamente, el tema principal es saber si el odio se puede reformar o se debe derogar.

Primero habría que dar un paso hacia atrás y definir: ¿qué es el odio? El Diccionario de Lengua Española dice que es «antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea»; es decir, no es solo tener algo contra alguien, sino desearle que le vaya mal.

El odio, aunque no lo diga el diccionario, es un sentimiento; es decir, eso que se va construyendo poco a poco en el corazón de la persona y se alimenta de lo que desea: el mal.

Por eso, el que odia es un resentido y cree que todos le deben algo por su resentimiento; incluso es un vengativo que debe cobrarse todo el mal recibido.

La venganza, entonces, es señal de odio, y el que odia hace mal y no es feliz, ni deja que los demás sean felices.

Por eso, el odio no se reforma, porque esto equivaldría a solo cambiar de forma, como vengarse, humillar, usurpar e imponerse, las cuales son formas concretas de odiar.

El odio no debe cambiar de forma, sería una simulación ‘gatopardeana’: el odio debe ser derogado y, con él, quienes lo proclaman, lo alimentan y lo sostienen desde la fuerza del poder.

Frente al odio está el amor, pero quizás es una palabra muy grande que no cabe en un breve comentario Sin embargo, también está la justicia, y esta sí es una expresión más terrenal, pues es una virtud cardinal.

La justicia es darle a cada uno lo que le corresponde y, por supuesto, nadie debería ser objeto ni destinatario del odio, pero, como dice el refrán: «el que siembra vientos cosecha tempestades».

Asegúrese, entonces, de no odiar, de no vengarse y de no alimentar esos sentimientos, pues, odiando, terminará siendo odiado por los demás.

¿Y sabe qué es difícil? Librarse del odio común

Lea también
Comentarios
Cargando...