El diario plural del Zulia

Ricardo Escalante | ¿Lula Da Silva es indispensable?

Luiz Inácio Lula da Silva acaba de revivir el debate sobre la reelección presidencial en Brasil. Es el dilema de los líderes que se sienten indispensables y creen que sin ellos, sus pueblos quedarán condenados al atraso.

En su tercera presidencia Lula no ha sido culpado de hechos de corrupción, como sí lo fue con anterioridad, cuando incluso estuvo preso por presunto lavado de dinero en lo que se denominó Operación Lava Jato. Fue sindicado de recibir sobornos a cambio de favorecer a contratistas de la petrolera estatal Petrobras y otros hechos ilícitos.

Las reelecciones en América Latina no son extrañas. Las hemos visto muchas veces, unas dentro de la legalidad e inspiradas en propósitos elevados, otras detrás de intereses amañados, como ha sucedido en El Salvador, Nicaragua y Venezuela. El arbitrario Hugo Chávez la implantó de manera indefinida en Venezuela con intenciones de perpetuarse en la silla de Miraflores, con los deplorables resultados que están a la vista de todos.

A Lula se le considera hoy un mandatario democrático, elegido en un proceso libre y apegado a la voluntad popular. No obstante, adversarios como el expresidente Jair Bolsonaro le atribuyen actuaciones de corte autoritario, además de injerencia indebida en la administración de justicia. Bolsonaro cumple prisión domiciliaria por conspiración y golpe de Estado para impedir el ascenso a la jefatura del Estado en 2022.

El presidente Lula está a punto de finalizar su tercer mandato dentro de lo pautado por las disposiciones legales y puede volver a postularse, por cuanto la única restricción legal reza que un jefe de Estado en funciones puede ser reelegido una sola vez. Nada, entonces, le impide participar en la competencia fijada para octubre próximo.

En las actuales condiciones y tomando en consideración la octogenaria edad del Presidente, valdría la pena preguntarse si para una nación con el peso político y estratégico de Brasil es saludable depositar tanta responsabilidad en un solo hombre, en vez de renovar las figuras políticas más relevantes. A Lula lo inspira el deseo de salirle al paso a la candidatura de derecha de Flávio Bolsonaro, hijo de su enemigo el expresidente Jair Bolsonaro, lo que conduce a la pregunta de si se trata de un sano deseo político.

Del presidente brasileño no podemos olvidar su estrecha amistad con Hugo Chávez, a quien veía un aliado político firme y por nada del mundo lo combatió, cosa que sí hizo frente a Nicolás Maduro.

Tomando en cuenta lo antes anotado, tampoco podemos pasar por alto aquellas sabias palabras escritas en 1887 por Lord Acton en una carta a un obispo británico: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”…  Los ejemplos de gobernantes devenidos en tiranos son interminables. ¿Es acaso Lula un hombre indispensable?

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