Daniel García Arellano | El reconocimiento histórico a una lucha incansable
A todas las venezolanas y venezolanos dentro y fuera del territorio nacional.
Nadie puede arrebatarles la dignidad, la valentía ni negar el esfuerzo monumental que han realizado durante décadas. Generaciones enteras de venezolanos han entregado años de vida, salud, trabajo, marchas multitudinarias, sacrificios familiares desgarradores e iniciativas comunitarias heroicas con el único propósito de rescatar la libertad, el Estado de derecho y devolverle un rumbo próspero al país. Los años transcurridos en esta resistencia activa demuestran que el pueblo venezolano no se ha rendido ni ha permanecido indiferente ante la crisis sistémica que mantiene a la nación sumida en una posición de estancamiento, control social y vulneración continua. Esa búsqueda incesante de justicia es la prueba más clara de la reserva moral de una sociedad que se niega a someterse.
Apartar y superar la vieja vocería, el continuismo y romper el silencio es la premisa para ejecutar las acciones cónsonas con la transición y posterior trasformación.
Para avanzar de forma definitiva hacia esa verdadera y anhelada transformación, es imprescindible deslastrarse del pasado obscuro y de una clase política tradicional insensible, acomodaticia y dominante que ha demostrado no estar a la altura de las necesidades del pueblo. Aquellos actores que priorizan agendas de grupo, cuotas de poder o negociaciones opacas desconectadas de la realidad social no representan los intereses colectivos ni defienden el sentir de quienes sufren la crisis en el día a día.
El silencio y la resignación deben borrarse definitivamente del pensamiento colectivo. Es hora de alzar la voz con firmeza para frenar de golpe todo intento de quienes ejercen el poder por perpetuar el control de la sociedad bajo un modelo de Estado moldeable a los intereses de unos pocos, blandengue, manipulable en todo su contexto y diseñado para la sumisión. La libertad no se ruega, no se mendiga ni se negocia a espaldas de la gente; la libertad se conquista con determinación histórica. La lucha ciudadana debe sostenerse de manera independiente, rechazando categóricamente cualquier alianza con los garantes del desastre actual o con quienes promueven un continuismo disfrazado de falsa normalidad. Es el momento de superar la desesperanza inducida y lamentablemente aprendida y mirar hacia el futuro con verdadero optimismo, convencidos de que la reconstrucción está en nuestras propias manos.
Memoria, justicia y reparación integral a las víctimas, nadie del espectro político forzadamente dominante toca este ineludible tema.
Un nuevo país no puede construirse sobre la impunidad ni sobre el olvido. Es un deber irrenunciable e impostergable honrar la memoria de los miles de venezolanos caídos durante las jornadas de protesta y resistencia. De la misma manera, la sociedad en su conjunto debe compenetrarse profundamente con la causa y el dolor de los miles de presos políticos, civiles y militares, que han sufrido la persecución, la tortura y la privación injusta de su libertad.
El Estado venezolano, en la nueva etapa republicana, deberá responder de manera institucional, garantizando la liberación inmediata e incondicional de todos los prisioneros de conciencia, el cese de la persecución judicial y el establecimiento de mecanismos transparentes de justicia transicional. Esto incluye la indemnización económica y la reparación integral (médica, psicológica y social) a las víctimas y a sus familiares por los daños irreparables causados por el arbitrio del poder.
La reconstrucción efectiva de Venezuela no vendrá de promesas vacías ni de tutelas externas circunstanciales; exige la unificación genuina y la articulación estratégica de todos los sectores de la sociedad civil organizada: Movimientos diversos, trabajadores, estudiantes, profesionales, gremios, academias, sindicatos y comunidades vecinales. Esta unión debe cristalizarse alrededor de un petitorio nacional de acción inmediata:
se debe fomentar e impulsar acciones y tareas contundentes en todas las direcciones y en cada una de las regiones para exigir, a muy corto plazo, la revisión profunda y concreción de una política salarial seria, real y sustentada. Es urgente restituir un ingreso digno que recupere el poder adquisitivo real, devolviendo el bienestar indispensable a la clase trabajadora y, por ende, la tranquilidad y estabilidad a las familias venezolanas.
Nos corresponde exigir hasta lograrlo, el desmontaje, sustitución y desarticulación, con la participación determinante de la sociedad civil, el aparato represivo, abusivo, hostigante y corrupto que aún tenemos.
Es impostergable y urgente consensuar un plan nacional para el desmantelamiento definitivo y la sustitución de aquellas instituciones civiles, militares y policiales que se han transformado en antros de vicios, impunidad y mafias organizadas. Estas estructuras operan en medio del caos para agobiar, extorsionar, acechar y vulnerar de forma constante a la sociedad. Se requiere una reestructuración basada en el mérito, el respeto a los derechos humanos y la profesionalización.
Debemos por los medios que sean demandar la atención inmediata a la emergencia sanitaria. El sistema de salud pública se encuentra en una precariedad absoluta, caracterizado por el desabastecimiento de insumos básicos y el deterioro de la infraestructura y falta del recurso humano mínimo suficiente. Es indispensable destinar recursos prioritarios para salvar vidas y garantizar un servicio digno y gratuito.
Evidentemente son muchas las tareas que debemos emprender pero nos corresponde comenzar por las áreas que logren la estabilidad y bienestar de las familias venezolanas, sitiadas, vulneradas y maltratadas durante décadas por una revolución hambreadora, corrupta, criminal, mafiosa, inhumana, fraudulenta, delincuencial y hamponil.
El limbo y a su vez torbellino enceguecedor en que se encuentra Venezuela son de dimensiones descomunales y nuestra deficiente cultura política, la cual debemos superar permite que los más malos y poco calificados ciudadanos pero ocupados sin criterio de la política, hasta ahora lleven las riendas del cambio. Hay que definitivamente arrebatarles el protagonismo y la conducción que se niegan a ceder.
Cada venezolano dentro y fuera del país debe activarse, asociarse e integrarse en cualquier punto de encuentro para cumplir con sentimiento nacionalista la parte que le corresponde. Perseguir, acompañar y avalar el pasado y todo lo que representa es un acto cobardía, conformismo, ignorancia y complicidad. Con criterio y responsabilidad convirtámonos en parte de la nueva Venezuela.
“Solo triunfan quienes superan los temores y se miden con la grandeza “
