El diario plural del Zulia

Ricardo Escalante | Escombros

Desde el instante de los terremotos del 24 de junio en Venezuela, comenzaron las inconsistencias y contradicciones en la posición del gobierno chavista de Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, acompañadas de abusos grandes y pequeños en la coordinación de los planes de asistencia procedente del exterior. Eso ha crecido en forma inverosímil con el paso de las horas y los días.

La ineficiencia ha sido mayúscula hasta en el manejo de la maquinaria pesada para remover las placas de concreto que aplastaban a muchas personas, parte de ellas rescatada con vida, pero un elevado número falleció. Las redes sociales han puesto al desnudo los robos y extorsiones descaradas de policías, guardias nacionales y otros funcionarios, sin que se hubiese una respuesta oficial contundente y aleccionadora.

Una y otra vez se ha demostrado la necesidad de expulsar a los chavistas del poder e iniciar una verdadera transición hacia la democracia, pero al mismo tiempo la reacción de los opositores ha sido tardía, pésima y demagógica. ¿Por qué? Pues porque su ineficiencia ha probado ser tan monumental como la chavista.

¿Qué habrían hecho líderes fogueados, con olfato, acompañados por estructuras políticas con metas bien diseñadas y mejor pensadas? Se habrían presentado en el país inmediatamente después de la captura de Nicolás Maduro, para abordar con firmeza y sin pérdida de tiempo las soluciones a los problemas nacionales y ahora asistirían a los innumerables afectados por la tragedia ocasionada por los sismos.

La cosa, sin embargo, es distinta, limitada a plañideras y frases vacías, demagógicas, como el reiterado anuncio de la espera del momento propicio para regresar al país. Líderes con propósitos claros estarían en La Guaira, en Caracas y otros sitios, trabajando con guantes industriales y cascos protectores, pero se circunscriben a afirmar que los hermanos Rodríguez les cierran el paso.

María Corina Machado sigue sin formular la menor objeción al gobierno norteamericano, cuyo obvio interés es mantener a los chavistas en el poder para extraer beneficios de los recursos económicos venezolanos. Ella en ningún momento ha objetado las políticas de la Casa Blanca y, por el contrario, es obsecuente hasta la saciedad.

Sus discursos exhiben pocas variaciones y, con estribillos de disco rayado, tienen corta imaginación e inteligencia, son similares a los Irene Sáez en 1998: muchas palabras, poco contenido, nada qué analizar. Sus gestos son teatrales, fingidos. MCM dista bastante de los grandes oradores de otros tiempos, que en diez minutos sacudían a la población y revelaban profundidad y estudio.

Hasta los mariacorinistas de uña en el rabo han reclamado su presencia en el estado Vargas y en el este de Caracas, mientras ella continúa en la línea trumpista. Sin duda alguna, MCM goza de amplio respaldo popular porque el campo opositor es árido para nuevos líderes, pero, como la política es dinámica y cambiante, nada descarta la posibilidad de cambios abruptos en los próximos meses.

Lanzar pronósticos precisos es imposible porque jamás habíamos sido una sociedad en escombros, con alarmantes dimensiones morales que solo serán superadas mediante el sacrificio prolongado de generaciones honestas y decididas. Lo único palpable hoy es la solidaridad del pueblo venezolano con las víctimas de los terremotos.

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