El diario plural del Zulia

Pedro Adolfo Morales Vera | Las casas de colores del centro histórico, el rostro pintado de Maracaibo

Basta doblar una esquina en la calle Carabobo o caminar por Santa Lucía para descubrir que en Maracaibo el color también forma parte de la historia. Fachadas amarillas, azules, verdes o rojas siguen iluminando calles que han visto pasar generaciones enteras. No son únicamente un rasgo arquitectónico. Son una parte de la memoria con la que Maracaibo aprendió a reconocerse.

La arquitectura tradicional del centro histórico tiene una personalidad inconfundible. Casas de uno y dos pisos, techos de teja, amplios zaguanes y patios interiores concebidos para hacer soportable el clima tropical forman un conjunto urbano que todavía conserva la huella de la ciudad colonial y comercial que fue. En el siglo XIX la ciudad reflejaba también sus diferencias sociales: en el centro se levantaban las grandes casas vinculadas al comercio y al poder político, mientras en las zonas periféricas predominaban las viviendas de bahareque. Sin embargo, el color terminaba uniendo paisajes urbanos muy distintos y acabó convirtiéndose en uno de los rasgos más reconocibles de Maracaibo.

El barrio El Saladillo fue el ejemplo más dramático de la pérdida de ese patrimonio. El 20 de marzo de 1970, durante el gobierno de Rafael Caldera, se inició la demolición de aquel emblemático barrio bajo la promesa de una renovación urbana que transformaría el sector. Se expropiaron 1.800 inmuebles para construir un complejo habitacional que nunca llegó. Las prometidas indemnizaciones fueron precarias y la reubicación en la misma zona no se materializó. De aquella arquitectura única, con sus casas de vivos colores, techos de tejas rojas y estrechas callejuelas que tejían la identidad de una época dorada, solo queda hoy la calle Carabobo y, con ella, una reducida muestra de edificaciones históricas, muchas de cuyas fachadas han sido transformadas.

Sin embargo, el centro histórico de Maracaibo fue declarado Zona de Valor Histórico en 1990. Muchas de sus edificaciones están catalogadas como Monumento Histórico Nacional. Pero el reconocimiento oficial no siempre se ha traducido en conservación. En los últimos años, no obstante, se han impulsado importantes actuaciones de recuperación. En diciembre de 2024 concluyó una restauración de la calle Carabobo que permitió recuperar 84 fachadas y poner en valor uno de los espacios patrimoniales más representativos de la ciudad. Entre los inmuebles rehabilitados figura la antigua residencia del poeta Udón Pérez, autor de la letra del Himno del Zulia.

Quizá por eso la memoria de esas casas sigue viva en quienes las habitaron o las contemplaron. El artesano Euclides Andrea ha dedicado años a construir miniaturas de madera de las casas de colores del Saladillo. Llegó a Maracaibo en 2006 y comenzó a fabricar aquellas casitas con retazos de madera reciclada. Sus pequeñas réplicas, pintadas con los mismos tonos vibrantes, demuestran que la memoria de una ciudad también puede conservarse en las manos de quienes se empeñan en no dejarla desaparecer. Hoy, sus creaciones se exhiben en la galería del Grupo Mampara, en la calle Carabobo.

Maracaibo ha perdido muchas de aquellas casas, pero no ha perdido el recuerdo de lo que representaban. Mientras una fachada siga iluminando la calle Carabobo, una puerta conserve el azul de otros tiempos o un balcón continúe asomándose sobre Santa Lucía, seguirá viva una parte de su memoria. Porque las casas de colores nunca fueron solo una forma de construir. Han sido el rostro con el que Maracaibo es reconocida desde hace generaciones y una memoria que todavía resiste cuando tantas otras cosas han desaparecido.

Lea también
Comentarios
Cargando...