El diario plural del Zulia

Karina Sainz Borgo | Resentidos contra rebeldes

Se es mujer como se es ciudadano. Nada nos impide hacer en privado aquello que defendemos en público, de la misma forma que pertenecer no nos hace parte. Sin conflicto, la vida es apenas subordinación. Durante la gala de los premios Mujer Hoy, Kissy Chandiramani, vicepresidenta segunda de la Ciudad Autónoma de Ceuta, dijo: «Los derechos de las mujeres y las niñas ceutíes no pueden valer menos que los de las mujeres y niñas de cualquier otro rincón de España». Sus palabras tenían por objeto agradecer el reconocimiento a su compromiso con una ciudad que desde hace tres meses vive desbordada por una crisis migratoria que ha alterado la convivencia entre sus habitantes, en especial, mujeres y niñas.

Son las diez de la mañana de un domingo de noviembre de 2026 y todos tenemos el puño en alto. Por la vivienda. Por las mujeres. Por los migrantes. Contra el fascismo. En rechazo a la especulación. No hay nadie a mi alrededor mientras escribo esto, pero yo me siento rodeada, aplastada por una multitud. Todos gritan, firman manifiestos y se apuntan a boicots –¿se acuerdan del que se hizo contra Ariana Harwicz hace menos de dos meses?–. Aun así, el asunto no queda claro. ¿Estamos a favor o no de las libertades propias y ajenas? A la democracia, a la igualdad y al bienestar se accede en conjunto. No somos iguales, excepto ante la ley. Por eso, cuando desaparece, aparece la tribu.

Al mundo contemporáneo lo posee la energía de un tribunal inquisidor. Se otorga y retira, se concede o se expropia, se confisca o se arrebata un derecho o una obligación según convenga y a quien convenga. En 'El hombre rebelde' (1951), Albert Camus reflexionó sobre el resentimiento como motor de las acciones humanas. A partir de la definición de Max Scheler, que lo describe como una «autointoxicación», Camus distingue el resentimiento de la rebeldía. El resentido, plantea Camus, desea ser lo que no es, mientras que el rebelde defiende lo que es. «La rebelión rebasa al resentimiento por todos lados». Al resentido, insiste el filósofo, lo satisface el sufrimiento ajeno, mientras que el rebelde se levanta contra la humillación. El derecho de unos no necesita negar el del resto. Ninguna humillación, sea del tipo que sea, puede reparar lo que la justicia desatiende. Ni los autos de fe ni los juicios sumarios liberan a nadie de nada. De tanto puño en alto nos van a faltar manos para sostener los libros, ojos atentos para leerlos y cerebros críticos para comprenderlos. A este paso, en lugar de novelas, leeremos catecismos. Incluso es probable que digamos amén en lugar de escribir reseñas. Se forma parte de un todo a la vez que se actúa como individuo. No es lo mismo levantar el puño para defender un derecho que hacerlo para señalar a quien debe perderlo.

Lea también
Comentarios
Cargando...