Juan Rosillo-Villena | Venezuela: ¿experimento utópico o de ciencia ficción?
Recientemente, en el marco de un curso de extensión denominado "Futuros y Utopías", me solicitaron un texto centrado en la utopía más allá del desarrollo para el caso venezolano a partir de las ideas de Darcy Ribeiro. El plazo de entrega se agotaba y, extrañamente, porque evito dejar para última hora las cosas, tuve que redactar apurado en los momentos libres que me dejaban varios compromisos durante el día límite.
Hoy la situación es distinta. Escribo sin apuros, Raúl Semprún, de Versión Final, recibe mis textos sin mayor presión; solo me sugirió entregar quincenalmente. A manera de rutina, me propuse redactar a final de cada semana con la esperanza de ser publicado el domingo. Como la cuestión luce relajada tengo un arrebato de masoquismo y pienso en la reunión entre Delci Eloína y Donald John en el marco de la Asamblea General de la ONU. ¡Bingo! Ya tengo el hilo conductor del artículo.
¿Cómo pasamos de ser una tierra de gracia a esta desgraciada situación?
Me asusta preguntarle a la inteligencia artificial generativa (IAG), cuidado y me responde con algún venezolanismo del tipo “¿Eres *%& o te la das? ¿Qué carajo voy a saber yo si ustedes mismos no entienden?” Que te insulte la IAG sería frustrante, mejor le pido que rastree acerca de las primeras descripciones europeas del territorio que hoy llamamos Venezuela, entre fines del siglo XV y el siglo XVI. Responde “¿Pendiente de una de viveza criolla JC? Si vas a reciclar el texto que enviaste hace poco copia todo el bloque de una vez y asume tu barranco”
Hubiese preferido que me insultara a ser capturado por el ChatGPT. Me contuve de replicar con algo del tipo: todavía no supero la hipocresía del chavismo y sus herederos, eso afecta mi integridad de opinador semanal. Después de toda la narrativa antiimperialista, que la salvación de Venezuela sea míster Donald John resulta tragicómico. Es muy curioso que hace veinte años, en la Asamblea General de la ONU de 2006, Hugo Rafael dijera aquello de “huele a azufre todavía en esta mesa donde me ha tocado hablar”, en referencia a la presencia de George Walker el día anterior. Me pregunto: ¿Cuánto cambia la narrativa si se trata de aferrarse el poder?
Asumiendo que reproduzco algunos pasajes de otra publicación en prensa veamos parte de los resultados de mi solicitud a la IAG:
Sí. Para descripciones españolas de Venezuela en el siglo XVI, hay un corpus muy bueno y bastante manejable. Si lo que buscas es una fuente histórica que puedas citar académicamente para mostrar cómo los europeos describían el territorio, sus habitantes, costumbres, recursos o la propia conquista, empezaría por estas:
- Fray Pedro de Aguado, Historia de Venezuela / Recopilación historial. Para tu propósito probablemente sea la referencia más directa. La obra fue escrita hacia 1581 y relata la entrada y asentamiento de los españoles en la gobernación de Venezuela, con noticias sobre Coro, Maracaibo, pueblos indígenas, expediciones, conflictos y características del territorio.
- Gonzalo Fernández de Oviedo, Sumario de la natural y general historia de las Indias (1526) y posteriormente Historia general y natural de las Indias. Oviedo es especialmente interesante si buscas descripciones de naturaleza, recursos, paisaje y prácticas económicas.
- Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias. Es una fuente extraordinaria aunque tenga forma poética. Castellanos había vivido en América y su obra, compuesta durante la segunda mitad del XVI, contiene extensos relatos de Venezuela, Cubagua, Margarita, Cumaná, el Orinoco, Cabo de la Vela y las expediciones al interior.
- Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destruición de las Indias (1552). Esta puede resultarte especialmente potente porque contiene apartados llamados literalmente “De la Costa de las Perlas y de Paria y de la isla de la Trinidad”, “Del río Yuyapari” y “Del reino de Venezuela”.
Si me dices qué quieres demostrar con la referencia —por ejemplo, cómo describían el territorio venezolano, a sus habitantes, su riqueza natural o incluso una imagen temprana de Venezuela— puedo localizarte 2–3 pasajes textuales del siglo XVI particularmente citables, con capítulo y edición para que puedas incorporarlos directamente a un trabajo académico.
Parcamente contesté: una imagen temprana de Venezuela.
Entonces cambiaría el orden de prioridades: si buscas una imagen temprana de Venezuela, la fuente más potente no es Aguado sino la relación del tercer viaje de Cristóbal Colón, de 1498. Estrictamente hablando, todavía no existe “Venezuela” como entidad territorial; Colón está describiendo Paria y la costa oriental del actual territorio venezolano. Pero precisamente por eso es tan valiosa: estamos ante una de las primeras representaciones europeas de ese espacio.
Colón construye una imagen que mezcla observación geográfica, abundancia y una imaginación casi bíblica. Al referirse a la zona que denomina “Tierra de Gracia”, escribe que encontró:
“temperancia suavísima y las tierras y árboles muy verdes y tan hermosos como en abril las huertas de Valencia”.
Y relaciona además la enorme cantidad de agua dulce que encuentra —procedente del sistema del Orinoco— con la posibilidad de hallarse próximo al “Paraíso Terrenal”. La conexión entre Paria/Tierra de Gracia y el Paraíso no es una interpretación posterior: está en el propio razonamiento colombino.
Para mí, esto te da una categoría analítica muy interesante: Venezuela aparece inicialmente en la mirada europea como una tierra edénica. No solamente rica, sino caracterizada mediante un repertorio semántico de belleza, fertilidad, suavidad climática, abundancia y maravilla. Incluso el nombre Tierra de Gracia carga ya esa representación.
Llegados a este punto de la redacción, me pregunto si esa representación de lo que sería nuestro país supuso una carga difícil de manejar. Es cierto que tenemos muchas ventajas, la ubicación geográfica, la diversidad de climas en un territorio limitado, las riquezas del subsuelo, entre tantas. ¿Será que realmente nos creímos Eldorado, país ilusorio repleto de riquezas que apareció en los mapas por muchos años, y que según el Gabo constituye el germen de las novelas actuales?
En los últimos 27 años han sido las elites chavistas y sus amigotes quienes han manejado Venezuela cual Eldorado. Aprovechando las desatenciones de los líderes políticos y económicos ante la crisis de la democracia representativa, Hugo Rafael supo hablarles a grandes sectores de la población, aunque, vistos los acontecimientos, desperdició la oportunidad de pasar a la historia como un buen gobernante, más allá del discurso. Con el triunfo de Hugo Rafael en 1998, la intelectualidad afín al progresismo consideró que se abría la posibilidad a un experimento utópico en Venezuela. Con la chequera de Bolívar caminando por América Latina, gracias al boom de los commodities, y un líder carismático devenido en heredero de la gesta independentista, era normal que resurgiera la esperanza.
Discrepo de pensar al chavismo como utopía. Un proyecto nacido al alero de una alianza cívico-militar para insurgir frente a un presidente democráticamente electo, por más que Carlos Andrés fuera blanco de mis críticas tantas veces, basado en la distinción maniquea entre buenos y malos, con pretensiones mesiánicas y que ha hecho lo inimaginable por mantenerse en el poder está muy lejos de ser una alternativa para mejorar la democracia y, por ende, la sociedad.
Si algo tengo que reconocer al chavismo y asociados es su capacidad rayana en lo obsceno para mantenerse en el poder. Vuelvo a la foto entre Delci Eloína y Donald John: que utopía ni que nada esto es un guion de ciencia ficción. Tanto “combatir” la bota del imperialismo yanqui para terminar pidiendo cacao en Nueva York. ¿Qué tal Elon Reeve como ministro de Ciencia y Tecnología?
Se han visto casos. Mucho más en la ciencia ficción venezolana.
*Doctor en Estudios Americanos, USACH. Sociólogo, Magíster en Comunicación Social, Universidad Central de Venezuela. Columbia Global Emerging Scholars Fellowship Program (2025-2026)
