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Jesús Eduardo Troconis Heredia | El Contrato del petróleo en Venezuela

Esta parafernalia acerca de el negocio petrolero del siglo no es más que un ardid electoral y populista para vencer en las próximas elecciones de medio término o mid-term del próximo mes de noviembre y que renuevan íntegro el Congreso norteamericano, determinantes para el destino político de Donald Trump.

El contrato del petróleo en Venezuela según nuestro sistema jurídico está sometido a ciertas condiciones que determinan su validez.

En primer lugar, el contrato en materia de hidrocarburos está sometido al sistema dominical, de larga e ininterrumpida tradición en el continente europeo, conforme al cual el Estado productor conserva la propiedad del subsuelo en tanto que el particular ejerce su derecho de propiedad sobre el suelo; en contraste, en el Reino Unido, que hereda EE. UU., como antigua colonia, aunque tiene el mérito extraordinario de haber fundado la industria del petróleo, gracias al esfuerzo denodado de John D. Rockefeller, está regido en la explotación del hidrocarburo, petróleo y gas, por el sistema de la accesión, en el cual el propietario del suelo es también dueño del subsuelo, dando innumerables problemas que afectan negativamente su explotación.

En segundo lugar, los Estados no establecen los contratos sino que se realizan a través de las empresas petroleras, es decir, entre las empresas estatales y las denominadas transnacionales, tales como la Royal Dutch Shell, la Chevron actual o Total, la francesa, llamada en el cártel la hermana menor.

En tercer lugar, es objeto de burla o ironía sangrienta en la comunidad internacional, sobre todo desde la perspectiva de Europa, el anuncio de un acuerdo entre el honorable presidente Donald Trump y la itinerante encargada de la presidencia de nuestro conculcado país.

Está clara la ausencia de legalidad y legitimidad en un pacto viciado ab initio, vale decir, desde su origen. En conclusión, calma y cordura como decía el sabio General en Jefe, único, Eleazar López Contreras, o resiliencia, valga el neologismo de moda.

Esta parafernalia acerca de el negocio petrolero del siglo no es más que un ardid electoral y populista para vencer en las próximas elecciones de medio término o mid-term del próximo mes de noviembre y que renuevan íntegro el Congreso norteamericano, determinantes para el destino político de Donald Trump, con quien estamos en deuda porque extrajo al ignaro dictador Nicolás Maduro y su esposa, la señora Cilia Flores, que enfrentan en el quinto distrito de Brooklyn de Nueva York un proceso que los puede sentenciar con no muchos años de cárcel según los delitos atribuidos, en los Estados Unidos de Norteamérica, reconocido como el país de la justicia.

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