Dr Reyber Parra Contreras |Udón Pérez: 100 años de presencia y trascendencia
El connotado poeta de Maracaibo, nació en esta ciudad el 6 de marzo de 1871, específicamente en la casa número 174 de la calle Bolívar. Fue bautizado como Abdón Antero Pérez Machado, pero prefirió que le llamaran Udón Pérez. Hijo de Santos Pérez y Josefa Machado Rincón; quedó huérfano a temprana edad, por lo que su crianza corrió a cargo de la abuela materna, Josefa Rincón. Más tarde, formó un hogar junto a Delia Romero Luengo, unión de la cual nacieron sus hijos Udón Segundo, Arbonio, Wintila y cuatro hijas que compartieron el nombre de su madre: Delia Teresa, Delia Josefina, Delia Isabel y Delia del Carmen.
Cursó estudios primarios en la escuela del Bachiller Rafael Pirela. El 7 de agosto de 1889 se graduó de Maestro de Instrucción Primaria en el Colegio Federal de Maracaibo, y una semana después obtuvo el título de Bachiller en Filosofía por dicha institución. En la Universidad del Zulia estudió Derecho y Medicina, pero decidió prescindir de los grados académicos. Su formación como abogado le sirvió de mucho al desempeñarse como concejal y juez. Sin embargo, el único título del cual se sentía orgulloso era el de Maestro de Instrucción Primaria.
Se estima que Udón Pérez ganó 54 premios en certámenes de poesía. Su obra es descriptiva y en ella se abordan tópicos asociados a la historia, los héroes, el paisaje lacustre, las leyendas autóctonas, la Independencia de Venezuela, el amor, todo ello desde una perspectiva literaria en la que se integran las vertientes: clásica, romántica, nativista y modernista. Es el autor de la letra del Himno del Estado Zulia, el cual fue adoptado por el Ejecutivo Regional el 15 de agosto de 1909.
En cuanto a su creación poética, escribió: Lira triste, 1903; Ánfora criolla, 1913; Trípticos apendiculares, 1915; Evocaciones íntimas, 1921; Colmena lírica, 1921; Calcos, 1922; Plectro rústico, 1924. Luego de su muerte fueron publicadas: Láurea, 1927; Hojas y pétalos, 1929 (donde se incluye el poema Maracaibo Mía); en este último también aparece el texto Oro rojo, de gran valor por la posición crítica del autor con respecto a la industria petrolera y sus repercusiones sociales y culturales en el pueblo venezolano.
Udón Pérez sobresalió como servidor público, ocupando cargos diversos: Concejal y Síndico Procurador de Maracaibo, Diputado principal por el Distrito Bolívar, Secretario del Consejo de Instrucción en Maracaibo, Profesor de Pedagogía en el Colegio Federal del Zulia, Presidente de la Junta de Instrucción del Distrito Maracaibo, Juez del Municipio Santa Bárbara y Fiscal del Banco de Maracaibo.
En el Concejo Distrital de Maracaibo, entre 1923 y 1925, estuvo acompañado de dos grandes intelectuales: Juan Besson y Elías Sánchez Rubio. Con este último mantuvo una amistad entrañable, y como servidores públicos coincidieron en la defensa del ideal de la promoción de la educación para el trabajo, en el marco de la política educativa del Estado. Según las actas del Concejo, el 23 de mayo de 1923 ambos poetas solicitaron al Concejo adjudicar dos premios anuales a la escuela de Maracaibo que mejor cultivase una parcela de terreno y al alumno mejor cultivador. El petróleo para esta época comenzaba a ocupar los ámbitos económico y cultural de Venezuela, por lo que estos intelectuales entendían que era necesario promover el valor tradicional del trabajo agrícola, para no sucumbir ante la ilusión de la riqueza extractivista.
El 24 de julio de 1926 se produjo el deceso de Udón Pérez. Han transcurrido 100 años de aquella partida, que en su momento supuso para los maracaiberos un sentimiento de pérdida y de profundo dolor. Hoy, este mismo pueblo desconoce la vida y obra del Viejo Tigre (como le llamara Andrés Eloy Blanco), siendo la población joven la que menos ha leído su poesía.
El mejor tributo para Udón Pérez en este centenario consiste en acercar su propuesta poética a las nuevas generaciones, mediante orientaciones didácticas que les permitan interpretar el contenido de tan amplia obra. Otra forma de rendirle homenaje se ubica en la iniciativa de reparar y equipar las escuelas de Maracaibo, y en simultáneo reivindicar los derechos salariales de los maestros, es decir, crear condiciones dignas para que nuestros niños reciban educación de calidad, tal y como lo soñaría el bardo de Maracaibo.
