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Editorial | La oposición venezolana con acceso en Washington no defiende a venezolanos atacados por el ICE

Las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) continúan. Esa política de terror no ha parado aunque los medios ahora apunten a titulares más inquietantes sobre la guerra en Irán o las tensiones por las elecciones de Término Medio en EEUU.

El régimen de persecución instaurado paradójicamente por Donald Trump, sigue destruyendo el “sueño americano” de miles de familias venezolanas y de otras nacionalidades.

Hay un contexto que resaltar. El Gobierno de Trump dirige los diálogos entre el chavismo y la oposición en Venezuela, y, desde las operaciones para la extracción de Maduro la Casa Blanca abrió un canal directo con opositores venezolanos, tanto para hablar con la Nobel María Corina Machado, como para conformar el equipo negociador que mejor cuadró a los intereses de Trump para iniciar los diálogos hacia la transición.

Pero ese nivel de acceso de los opositores no da muestra alguna de gestión o exigencias en favor de las familias venezolanas radicadas en EE. UU. y que son perseguidas igualmente por el ICE. El panorama para la diáspora venezolana en los Estados Unidos ha mutado en una pesadilla que se desarrolla así bajo la mirada indiferente de quienes deberían ser sus principales defensores.

La factura política por las redadas violentas, cuyas imágenes han copado portadas del mundo entero, es muy alta para Trump y las encuestas no lo perfilan bien para las próximas elecciones, pero aún así el ICE continúa con fuerza ¿por qué? ¿apuesta al voto más radical?

Desde esta redacción hemos denunciado constantemente el atropello de la administración Trump contra millones de migrantes que construyen ese país día a día, hemos exigido, como servidores públicos, velar por los derechos humanos y hemos exhortado a los dirigentes demócratas venezolanos a que actúen.

No podemos ser simples observadores ante un escenario donde la supervivencia de nuestra gente es utilizada como moneda de cambio o, peor aún, ignorada para no incomodar agendas políticas ajenas a la realidad de la calle.

Las numerosas reuniones con el Departamento de Estado pueden servir, a la par de coordinar el diálogo de hoy, a usar la diplomacia fina para frenar el acoso. ¿Hay capacidad para hacerlo?

Esta ausencia de acción no es solo una falta de liderazgo, es un abandono absoluto de quienes han tenido que huir de la crisis nacional para intentar reconstruir sus vidas lejos de casa.

Los datos actuales no dejan lugar a dudas sobre la magnitud de la tragedia de los migrantes en suelo norteamericano. La evidencia académica indica que los operativos de ICE en 2025 costaron aproximadamente 668,000 empleos en todo el país. Las investigaciones recientes de la Universidad de Pennsylvania subrayan este descalabro financiero, señalando que los operativos provocaron una caída en las visitas a comercios, resultando en pérdidas de consumo que alcanzan los 14.000 millones de dólares.

La táctica del miedo, diseñada para ser visible y viral, tal cual la naturaleza del Presidente norteamericano, ha provocado que sectores clave como la construcción y los servicios de comida sufran los golpes más severos, afectando colateralmente a trabajadores nacidos en los Estados Unidos, quienes también han visto sus puestos de trabajo desaparecer debido a la contracción económica derivada de las redadas.

Las empresas, ante la incertidumbre y la escasez súbita de mano de obra, han optado por cancelar proyectos y recortar personal, una realidad que impacta directamente en el bolsillo de miles de familias venezolanas que residen en estas jurisdicciones.

La comunidad venezolana en Estados Unidos merece más que retórica distante.

Exige una voz que se plante con firmeza para defender su derecho a trabajar y vivir sin el miedo constante de ser el blanco de redadas diseñadas para el espectáculo político.

El hecho de que la dirigencia opositora mantenga un perfil bajo, evitando cualquier roce con la administración estadounidense, no es pragmatismo, es una rendición ante las necesidades urgentes de sus propios ciudadanos en el exterior.

La historia y el dolor de miles de familias venezolanas, golpeadas por estas medidas y sus desastrosas consecuencias económicas, serán el testigo implacable de quienes decidieron callar cuando su deber era, sin excusas, actuar.

Repetimos, el contexto y el acceso directo a Washington está, falta la voluntad política de aquellos que se dicen luchadores por la libertad.

Carlos Alaimo
Presidente Editor

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