Editorial | El reto de Maracaibo en sus 496 años
Este editorial va dirigido especialmente a la juventud. Nadie puede amar a su ciudad sin conocer su historia.
Desde que se reseña su fundación un día como hoy, 8 de septiembre de 1529, Maracaibo fue grande.
Partiendo de ese pasado, la impronta de los emigrantes ha sido determinante en estas tierras. Fue notable el alemán Ambrosio Alfinger, que le dio su connotación como región.
Esta es una de las riquezas históricas de esta ciudad que no deja de anclarse como referente en Latinoamérica, su multiculturalidad; que le vino a dar a los nativos una visión distinta al resto de las regiones del país.
Aquellos años sirvieron para echar las bases de un particular empuje social muy nuestro que llegaría con los proyectos modernizadores de la era petrolera y que se materializarían en desarrollos económicos, culturales y de educación.
Entonces fuimos pioneros.
Sí, pioneros en estudios médicos que acreditaron a nuestra academia y los médicos maracaiberos como referentes. Fuimos una capital científica en América Latina.
Las ciencias y el comercio de una tierra pujante fueron imán para una banca fértil y responsable que miraba a lo lejos para seguir construyendo y no solo como polo de ganancias sin visión.
Nuestra privilegiada geografía, con el Lago de Maracaibo, conectó para siempre la región con el mundo y nos calificaron como capital del Caribe.
Y así transitamos por las experiencias de un robusto intercambio comercial internacional que podemos rastrear hasta las navegaciones de otrora en piraguas que iban y venían a Colombia o surcaban el Lago entre las costas occidentales y orientales y el sur para hacer de la cuenca la ruta para esos recordados mercados de alimentos. Los saltos de aquello serían tan importantes que esas mismas aguas terminaron siendo puerto para empresas de cruceros.
Hoy llegamos a 496 años de fundada y ya, en cuatro años, llegaremos a los 500 años.
Es justo y extremadamente necesario que los jóvenes y no tan jóvenes nacidos en esta ciudad reconozcan en ella el valor que, desde sus orígenes, aportó con una generación intelectual de altísimo calibre, con parques industriales, con modernismo empresarial, con una imponente riqueza cultural, artística y arquitectónica y también con ideas, productos y servicios que marcaron tendencias, esto sin obviar una profesionalización en materia petrolera que llegó a brillar en transnacionales por todo el mundo.
Maracaibo era un lugar en constante progreso donde no parecía faltar nada.
Recordemos el impacto de un Banco de Maracaibo, del Grupo Zuliano, motor de transformaciones en petróleo, petroquímica y acero, de una zona industrial con más de 60 mil empleados activos que movían un pulmón sin igual.
Nuestra máxima casa de estudios, la Universidad del Zulia, con sus rectores y decanos que diseñaron y nos dejaron una ciudad universitaria única, donde brilló incluso el genio de Carlos Raúl Villanueva, y que no envidiaba nada a los grandes núcleos académicos de EE. UU. o Europa.
Sí, claro que sentimos un orgullo profundo por lo que fuimos y claro que ahora nos toca construir para recuperar ese orgullo en un futuro próximo.
Nuestro gentilicio, y como decía Fernando Chumaceiro Chiarelli, es la mejor riqueza que tenemos.
Pero los procesos políticos y sociales involucionaron, y la irresponsabilidad de un país entero viró el timón a modelos de izquierda que imprimieron el caos.
El centralismo nos puso en la diana para desmembrarnos y llevarnos a una oscuridad total en los últimos 30 años con las gestiones de corruptos y mediocres.
Hoy, cuando nuestra casa editorial Versión Final cumple 17 años, nos hacemos la pregunta: ¿qué nos pasó?
Hay que hacer diagnóstico social. No se trata de lanzar piedras, se trata de reconocernos en los aciertos y en nuestros fallos como ciudadanos.
Y ahí estamos como medio responsable, pulsando en nuestras virtudes y nuestros demonios para mirar también hacia dentro y hacia el futuro.
La lucha periodística nos mueve cada día por una empresa llamada libertad. El sueño ha sido siempre legar a nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país, un medio de comunicación digno, defensor de la búsqueda incesante de las verdades y el cuestionamiento de todo aquello que se erija como absoluto, un periódico, primero impreso y ahora digital, que nos sobreviva.
Por ello acompañaremos en el reto a Maracaibo, a recuperar su vida, su espacio de grandeza, hoy mutilada por sus detractores y en la recuperación de esa vena rebelde e irreverente como la gaita de Ricardo Aguirre que se enfrentó a gobiernos con un verbo cantado que sigue estremeciendo, y ahora, a venezolanos regados por el mundo.
Yo, Carlos Alaimo, presidente editor de este Diario, no oculto tristeza y anhelo en estas líneas por igual. Es el sentimiento de un ítalo-venezolano que se enamoró de mi Maracaibo y de mi gente desde los cinco años y que seguiré enamorado eternamente de ella, pues me hizo quien soy y me dio todo. Y me mantendré al lado de mi ciudad en ese gran desafío de recuperar la dignidad, honrar a hombres y mujeres honestos y talentosos, y hacer realidad tantos sueños que se han quedado guardados.
Por tu futuro, Maracaibo.
A tu salud, Versión Final.
Carlos Alaimo
Presidente-Editor
