El diario plural del Zulia

Luis González del Castillo | Estados Unidos en la encrucijada

Los Estados Unidos se encuentran definitivamente en una encrucijada de su historia. Nuevamente están llamados a dirimir si los principios y valores fundacionales de hace dos siglos y medio —se dice fácil, doscientos cincuenta años— que determinaron que la libertad y la búsqueda de un consenso entre seres humanos nobles para fundar una nueva República, tendrán que seguirse defendiendo frente a la institución fundamental de lo que es la protección en asilo de los luchadores que se refugian en su territorio, y de hombres que han venido a buscar oportunidades frente a la miseria que ha ocurrido en países de América Latina, precisamente por el no respeto a las normas de los gobernantes frente a los gobernados.

Si el objetivo trascendente en realidad es el saneamiento de América, de Alaska a la Patagonia, como hemos dicho en una Alianza por la Libertad de América que se le suministró como propuesta al Secretario de Estado Marco Rubio hace un año y que ha creado lo que se llama el Escudo de las Américas contra el narcoterrorismo, no es consistente ni congruente el que se persiga a hombres que están solicitando asilo y a venezolanos, cubanos, nicaragüenses y hombres de todo proceder que luchan por la libertad y la democracia.

Esto tiene que ser resuelto de manera definitiva a través de una Orden Ejecutiva que el Presidente Donald J. Trump reconsidere sobre la base de que en efecto hay que poner orden sobre el ingreso desordenado de migración, pero también hay que poner orden interno en los procesos legales que llevan muchos más de nueve, diez, doce años y que no siguen un curso normal para que puedan otorgar el asilo a quienes lo merecen y lo necesitan.

Acabar con esta institución sagrada a través del encarcelamiento, la cacería humana, la actitud absolutamente violenta y desproporcionada, solo le sirve a los enemigos de la libertad y la democracia. No se puede defender la libertad afuera y perseguirla adentro. El caso del joven ex alcalde de Mérida que estuvo ocho meses preso solicitando asilo en Estados Unidos y al llegar a Venezuela lo detienen y lo dejan en libertad condicional para infundir miedo, demuestra hasta dónde llega la perversión cuando se criminaliza a quien desobedeció a la tiranía.

La admiración de supuestos estrategas y estrategias que pueden utilizar tal vez la supeditación de tiranos que hayan sido puestos bajo el poder de la democracia para que ellos ayuden a desminar y a desanudar los propios nudos gordianos que hayan hecho contra la libertad, son estrategias aceptables en lo táctico, pero no pueden sostenerse por mucho tiempo. Porque tienden a estabilizar sistemas autocráticos, sistemas de represión, como está sucediendo en Venezuela y en Cuba e igualmente en Nicaragua.

Venezuela fracasó por premiar la obediencia sumisa y no el mérito. Se designaron parlamentarios obedientes a lineamientos de partidos y élites, no defensores de derechos civiles. Hoy ese mismo modelo sostiene una tiranía de más de veintisiete años que se presenta en Washington como interlocutora válida. La estabilización no vendrá de pactos con ese modelo ni con operadores señalados, sino de una ruptura legítima: una Junta Provisional de Emergencia de Gobierno, cívico-militar y ciudadana, que asuma la autoridad y convoque a los aliados democráticos.

La exigencia para la libertad y la democracia frente a la tiranía es que tenemos que aceptar los mecanismos de fiscalización y control ciudadano, para permitir a la prensa libre, para permitir al parlamentario que en efecto ejerza sus funciones de control y nunca intimidarlo o usar el poder del Ejecutivo para tratar de neutralizar ese ejercicio que conlleva finalmente al logro de los sistemas democráticos occidentales, que son lo mejor que hasta ahora la humanidad ha logrado frente a los sistemas de partido único y dictaduras que se muestran con grandes resultados como en China, Norcorea o cualesquiera otro y que son la negación de la libertad del hombre y de una sociedad simplemente sometida que produce y que tiene ciertos niveles de eficacia pero contra la naturaleza humana de libertad que le otorgó el Supremo Autor del Universo. Nunca hemos permitido que nos dictaran lo que debíamos escribir. Agradecemos a diarios como El Nacional que en esta hora de lucha por la libertad de expresión y de opinión nos permitan decirlo. Desde 1989, con nuestro primer artículo "La acidez del limón", hasta hoy, 2026, son treinta y siete años escribiendo libremente. Esa es la Primera Enmienda viva, ratificada el 15 de diciembre de 1791: libertad de expresión, de prensa y de reunión pacífica.

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