El diario plural del Zulia

Angel Rafael Lombardi | “Deus vult”

“DEUS VULT”

 

“Si Dios no los ilumina, nosotros los aniquilamos”. Precepto muy piadoso que sirvió de filosofía religiosa y alimento emocional a los Cruzados cuando se propusieron invadir Asia Menor entre los años 1096 y 1099.

Previamente, en el siglo VII, luego de la muerte del Profeta Mahoma, los ejércitos árabes invadieron el norte de África y controlaron toda la cuenca Mediterránea.

El mundo árabe, de religión musulmana, también adoptó otro misericordioso pretexto para asesinar con justificación y sin vergüenza: la Yihad.

"Cuando tengáis un encuentro con los que se niegan a creer en Alá golpeadlos en la nuca y una vez los hayáis dejado fuera de combate, apretad las ligaduras". Muhammed 47:4, en el Corán.

 El ser humano, poliédrico, ha utilizado a Dios para hacer la guerra. Y si Dios está con nosotros, la invencibilidad es una insignia de poder superior.

Urbano II, en el Concilio de Clermont (1095), lanzó todo un grito de guerra: “Deus vult”. Cuya traducción exacta es: “¡Dios lo quiere!”.

 En ese tiempo los Papas eran príncipes, reyes y guerreros. También tiranuelos y pillastres. Y la religión mandaba sobre sociedades precarias con apenas ciudades y comercio.

El ataque musulmán, según Henri Pirenne (1862-1935), una autoridad clásica en el tema, fue devastador e hizo de Europa una periferia. Con el Mediterráneo convertido en “Lago musulmán” Europa se empobreció.

Esa pobreza se conoce como el Feudalismo. Un tiempo asociado al infortunio de siglos. Hoy, con las nuevas investigaciones, ya todo lo dicho por Pirenne se matiza.

El intercambio comercial nunca se interrumpió del todo; las invasiones de los caballeros medievales, conocidos como “frany”, se independizaron de sus promotores originarios creando micro estados autónomos en la llamada Tierra Santa.

El fervor religioso, una forma de irracionalidad militante, incendió la mayoría de estos conflictos culturales y étnicos. Si “¡Dios lo quiere!” entonces hay que reconquistar Jerusalén.

 La Cristiandad latina, Bizancio y el islam: confrontaron en nombre de Dios. Las atrocidades, fueron mutuas. El canibalismo se practicó.

“En el asedio de Ma'arra, a finales del año 1098, nuestros soldados cogieron a paganos adultos en calderos; fijaron a los niños en espetones y los devoraron asados. El hambre era tan feroz que la carne de los enemigos, aunque abominable, resultaba dulce para los estómagos vacíos”. Radulfo de Caen, Gesta Tancredi.

Destrucción y muerte es lo que se cosecha en las guerras. Un orgullo podrido que las crónicas posteriores medio recomponen.

Las víctimas, en su mayoría civiles, desarmados y anónimas, son solo cifras arbitrarias que algunos cronistas recogen impasiblemente. Del horror también se hacen chistes.   

Ninguno de estos procesos históricos fue lineal ni reducido a simples explicaciones escolares. Los “buenos” y “malos” se intercambiaban a cada rato. Y en la lucha por los recuerdos ganaba el que podía imponerlos.

Y he aquí uno de los más grandes problemas del estudio del pasado: las versiones al uso que anulan a las versiones derrotadas.

La llamada memoria colectiva no es más que una mitología de la melancolía por un tiempo que se asume como propio y feliz. Una identidad exagerada que toma atajos a los infortunios en el presente.

Los recuerdos oficiales son los llamados nacionales o patrióticos. O los que representan a la ideología de los grupos de poder que ejercen dominio social. El colmo de ésta convicción aupada por banderas fue la de lanzarse a la guerra de una forma festiva.

Mientras que los recuerdos suprimidos son los que el olvido resguarda sin apenas posibilidad de vindicación. Y si logran algún destello de luz: son incómodos e incomprendidos.

La historia de las cruzadas vista por los musulmanes es diametralmente opuesta a las versiones europeo/occidentales.

Además, hay que agregar, que dentro de los propios musulmanes y europeos hay puntos de vista contrapuestos. Y también, abiertamente hostiles.

Los hechos, decían algunos historiadores entusiastas, sólo los hechos.

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