El diario plural del Zulia

Alfonso Hernández Ortiz | El punto de quiebre de María Corina

Entre una transición negociada por otros y una sociedad que exige respuestas, el regreso de María Corina Machado puede convertirse en la prueba de quién tendrá realmente la capacidad de decidir el futuro de Venezuela.

Las últimas declaraciones de María Corina Machado llegan en un momento especialmente sensible. Ha dicho que “en las próximas semanas se va a definir el futuro de Venezuela”, insiste en que regresará pronto y, al preguntarle quién garantizaría su seguridad, respondió que no había solicitado protección especial porque confía en “millones de venezolanos”. No es una frase menor. Después de varios intentos fallidos por volver, está apostando a que el respaldo construido durante años de confrontación con el chavismo y luego con Maduro sigue teniendo fuerza suficiente dentro del país para incidir en lo que viene. Por eso hablo de un posible punto de quiebre, ese momento en el que un equilibrio político comienza a ceder y obliga a todos a revisar sus cálculos. Desde fuera puede denunciar, opinar y mantener presencia, dentro de Venezuela podría encontrarse directamente con la gente y medir en la calle la verdadera dimensión de su liderazgo. Eso es lo que me interesa, no solamente cuándo regresará, sino qué puede provocar su presencia.

Hay una contradicción que sigue sin explicación convincente. Delcy Rodríguez ha podido viajar a Estados Unidos, reunirse con Donald Trump, participar en Naciones Unidas y proyectarse internacionalmente como interlocutora de esta nueva etapa, mientras María Corina no ha conseguido volver a su propio país. No sabemos con certeza quién ha impedido cada uno de sus intentos y no voy a presentar sospechas como hechos. Washington ha negado estar bloqueándola y Marco Rubio ha sostenido que tiene derecho a volver. Entonces la pregunta es inevitable, si se habla de apertura, si Estados Unidos afirma que puede regresar y si Venezuela se encamina hacia una democratización, ¿qué está impidiendo su retorno? Tal vez parte de la respuesta esté en lo que puede ocurrir después. Desde el exterior mantiene una indiscutible presencia política, pero dentro del país podría recorrer Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto y tantas otras ciudades, reencontrarse con una sociedad golpeada y colocar frente a ella una alternativa. Eso cambia las cosas.

La calle venezolana, mientras tanto, habla de problemas muy concretos. Habla de apagones que duran horas, pensiones que no permiten vivir, salarios insuficientes, falta de agua, hospitales deteriorados y servicios públicos que continúan fallando. Lo digo también desde mi experiencia, porque durante años vi en Venezuela cómo un problema cotidiano terminaba revelando algo mucho más profundo. Una falla eléctrica deja de ser solamente una falla cuando ocurre todos los días, una escuela sin recursos deja de ser una excepción cuando el deterioro alcanza a todo el sistema y un hospital sin insumos termina mostrando la incapacidad del Estado para cumplir sus funciones más elementales. Esa Venezuela la conozco, la viví y también formé parte de los millones que tuvimos que marcharnos. Ese malestar no necesita que ningún dirigente lo invente, ya está allí. La cuestión es quién puede entenderlo, darle sentido político y ofrecer una respuesta creíble.

Sidney Tarrow estudió cómo el descontento puede transformarse en acción colectiva cuando encuentra organización, oportunidades y un liderazgo capaz de conectar reclamos dispersos. Su planteamiento resulta particularmente interesante para entender el momento de María Corina. Quien lleva ocho horas sin electricidad quiere que vuelva la luz, el jubilado quiere una pensión que le permita vivir y una familia que llega a un hospital quiere médicos, insumos y atención. Detrás de esas necesidades hay también años de malas decisiones, instituciones deterioradas y ausencia de rendición de cuentas. Allí está una oportunidad política enorme para María Corina, conectar esa Venezuela cotidiana con una alternativa democrática que incluya elecciones libres, liberación de presos políticos, recuperación institucional y una posibilidad real de alternancia. Si consigue hacerlo, habrá ido mucho más allá de movilizar a quienes ya la acompañan.

El problema es que quienes conducen esta etapa parecen moverse con otro reloj. Washington privilegia estabilidad y recuperación económica, Delcy necesita tiempo para afianzarse y sectores de Primero Justicia, Voluntad Popular y otras organizaciones participan en conversaciones sobre las nuevas reglas políticas. Venezuela necesita recuperar la credibilidad del CNE, del TSJ y de buena parte de los contrapesos que fueron destruidos durante estos años. Juan Linz resulta útil aquí, porque la legitimidad democrática no depende solamente de la existencia formal de instituciones, requiere reglas aceptadas, competencia efectiva y una posibilidad real de alternancia. Reconstruir lo destruido tomará tiempo, nadie puede negarlo. La preocupación es otra, que una tarea necesaria termine justificando una provisionalidad sin horizonte claro. La experiencia política enseña que lo provisional también crea intereses, acomoda actores y genera nuevas relaciones de poder. Después de cierto tiempo, algunos pueden descubrir que se sienten bastante cómodos con aquello que supuestamente debía ser temporal.

He valorado en María Corina su coherencia, su firmeza y su decisión de mantenerse frente al madurismo cuando buena parte de la dirigencia opositora tomó otros caminos. Eso no comenzó ayer. Son años de confrontación política, persecución, inhabilitación y resistencia. Ahora enfrenta una prueba diferente, porque resistir al poder y conducir un país exigen capacidades distintas. Tendrá que ampliar alianzas, conversar con quienes no pertenecen a Vente Venezuela, escuchar a quienes tienen reservas sobre ella y presentar una propuesta capaz de integrar a una sociedad profundamente fracturada. La legitimidad obtenida enfrentando a un régimen puede abrir la puerta para conducir una nueva etapa, pero después hay que generar confianza y ofrecer garantías incluso a quienes piensan distinto. Allí veo una de sus mayores oportunidades, demostrar que romper con el chavismo no consiste únicamente en cambiar a quienes gobiernan, sino también en cambiar la manera de gobernar.

Y está Estados Unidos. Sería ingenuo confundir su agenda con la venezolana. Washington piensa en petróleo, migración, inversiones, seguridad regional y geopolítica, Trump ha mostrado una relación esencialmente transaccional con Venezuela y Rubio coloca la elección al final de una secuencia de estabilización y reformas. Desde la perspectiva estadounidense puede resultar comprensible, pero nosotros tenemos derecho a preguntarnos cuánto tiempo puede durar. Cada mes adicional ofrece a Delcy espacio para afianzarse, permite que estructuras provenientes del chavismo se adapten y facilita que nuevos intereses económicos comiencen a convivir con el orden existente. María Corina introduce una urgencia distinta, evitar que una solución provisional termine convertida en permanencia. En eso considero necesaria su presión. Venezuela necesita cooperación internacional y seguramente la seguirá necesitando, pero la estabilidad que buscan otros no puede convertirse en el criterio que determine el ritmo de nuestra política.

Por eso el verdadero punto de quiebre no será la fotografía de María Corina llegando a Venezuela. Será su encuentro con el país que permaneció dentro, con el jubilado que reclama una pensión digna, con quien pasa horas sin electricidad, con la familia que busca atención médica, con los presos políticos y sus familiares, con quienes todavía creen en ella y también con quienes necesitan razones para hacerlo. Allí se terminarán las especulaciones. Si consigue ampliar su base, conectar el reclamo social con una propuesta democrática y transformar su presencia en una fuerza política capaz de alterar los tiempos que hoy administran otros, el escenario será distinto. Delcy tendrá que responder, Washington tendrá que recalcular y la oposición tendrá que definir dónde está. Ese será el punto de quiebre de María Corina, cuando su regreso deje de ser una expectativa y se convierta en un hecho político capaz de cambiar el curso de Venezuela.

Lea también
Comentarios
Cargando...