El diario plural del Zulia

Énder Arenas Barrios | Sobre la transición hacia “alguna cosa”

Terminó esta semana la reunión a través de la cual una delegación de la dictadura, encabezada por Jorge Rodríguez conversa (dice él) con una representación de la Asamblea Nacional de 2015, encabezada por la diputada Dinorah Figuera que negocia (dice ella y en verdad, queremos decir la mayoría del país) con la delegación de la dictadura.

Así, en esa ambivalencia han instalado al país que, todavía no sabe con precisión si es una conversación o una negociación.

Bueno, ya todos saben que una conversación: “es una comunicación en la que los interlocutores u oyentes ayudan en la construcción de un texto. No lo hacen al mismo tiempo, sino que cada uno tiene su turno de hablar”. Como la que yo tengo con mi vecino, que por lo general es sobre: “Este verano está haciendo más calor que el del año pasado”. - “Es verdad”, casi siempre me responde- justamente la misma frase que intercambiamos el año pasado referido al verano de ese año.

Claro, la supuesta conversación sostenida por los dos actores, representantes de la dictadura y los de la oposición, está condicionada por el contexto (aunque toda conversación está determinada por el entorno) y por una planificación, que en este caso, no ha sido determinada por los dialogantes directos. La mesa tiene otro protagonista. Aunque esto último no es mencionado por el conversador de la dictadura. Pero, todo el país sabe quién es.

Bueno, aclaremos, ahora para los efectos de esta nota sabatina que, la negociación es diferente a una conversación, remite a “... un proceso mediante el cual actores (individuos, grupos, partidos, instituciones o países) con distintos intereses, valores y grados de poder intentan alcanzar acuerdos sobre cuestiones públicas o colectivas. Estos acuerdos pueden referirse a decisiones de gobierno, políticas públicas, leyes, distribución de recursos, alianzas o la resolución de conflictos sociales”. Es bueno señalar que tal iniciativa y la agenda que se negocia no ha sido determinada ni diseñada por los dos actores que están sentados en la mesa, pero esto no es mencionado por los “negociadores” de la oposición. Pero el país sabe quién es el jefe y su empleador.

Así que estamos instalados en la más absoluta incertidumbre, el sello que tanto la administración Trump y el Rodrigato, le han impuesto al proceso que conduce a “alguna cosa” que no se sabe que es, pero que sin lugar a dudas sigue siendo la misma dictadura que se instaló, primero, como una pretensión autoritaria dirigida por Chávez desde 1998 y que derivó a una dictadura pura y dura a partir de 2013 con el advenimiento en el poder de Nicolás Maduro, en la presidencia y Delcy Rodríguez como vicepresidente.

 La impresión que nos deja la segunda jornada de conversación o negociación entre la dictadura y la Asamblea Nacional de 2015 es que, como siempre, nos dejó “mucha “política” y “pocas nueces”.

Son muchas las voces que se han referido a ella, algunas llenas de desconfianza, otras de esperanzas y otras alineadas políticamente de manera acrítica.

Me refiero a una de estas voces. La escuché en mi programa favorito de entrevistas, “CMR Hoy”. Se trata de la entrevista realizada a la Sra Paola Bautista de Alemán, vicepresidente de Formación y Programa de Primero Justicia, uno de los dos partidos políticos representados en la llamada “mesa de diálogo”.

La Sra, Bautista de Alemán, actúa de facto como “vocera” no oficial por parte de la oposición, sin dudas, ella, expresa las opiniones más comprometidas con lo conversado, dialogado o negociado de los supuestos, logros de la mesa. En realidad hace exégesis de lo logrado en la mesa, como si fueran “logros sagrados”. Pero, hay que decirlo, es  inteligente y muy bien formada, de eso no hay dudas.

Pero, sus respuestas me recuerdan a una imagen, que hace años nos ofrecía José Ignacio Cabrujas sobre Eduardo Fernández, y como este verbalizaba sus respuestas  en las entrevistas a las cuales era invitado. Voy a tener el atrevimiento de parafrasear, la manera como Cabrujas observó la entrevista que Granier le hizo un domingo cualquiera de mayo de 1992: parafraseo a Cabrujas, trayéndola a la entrevista realizada por César Miguel Rondón (con su perdón) a la dirigente de PJ: Cesar Miguel Rondón pregunta sobre los resultados de la mesa en esta segunda ronda y la Sra Bautista de Alemán responde: “César Miguel, en esta segunda ronda la “Mesa” ha logrado avances significativos tipitin pin pum pum” (No sé porque pienso que, aquí, CMR pensó: Pero, si es lo mismo que se dijo que era un logro alcanzado en la primera ronda.. “ CMR pregunta por el asunto de los derechos políticos y la Sra, Bautista Alemán reponde: “Mira, César Miguel, como muy bien (si las palabras fueran dichas en negritas, es el color para resaltar lo dicho) dice el diputado de Primero Justicia (igualmente en negritas) Juan Miguel Matheus la Mesa ha logrado avances significativos tacatan tan tan y pirulin pirulin”, CMR pregunta, sobre otro asunto y ella responde: “Claro, César Miguel, Dinorah Figuera lo ha dicho de manera espectacular que es un logro significativo pararam pan pan” y ese fue el tenor de todas las respuestas. Por supuesto se entiende. La Sra Bautista Alemán es una fiel militante del proyecto de “transición “a alguna cosa” de Trump.

Pero con todo lo que se ha dicho y se dice, elogiando como una letanía los logros y resultados de “la mesa”, que hasta ahora no pasan de la conjugación de los verbos en futuro: realizar, estudiar, verificar, etc, tengo la impresión de que lo logrado en la primera ronda es, cambiando lo que hay que cambiar, lo mismo en esta segunda ronda.

Cada vez que la actual “Mesa” convoca a una de sus reuniones recuerdo lo acordado y no cumplido en cada una de las tantas mesas de diálogo o negociación que se han organizado para enfrentar la crisis venezolana. Y a propósito, de ello, recuerdo a René Descartes que decía que: “Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez”. El problema, en relación con la situación política venezolana, es que el engaño ha sido demasiado reiterativo y se justifica la relación de desconfianza que tales ejercicios produce en la mayoría de los venezolanos.

Las tres estrellitas indican que pueden dejar la lectura de esta nota hasta aquí. Si quieren pueden leer la segunda parte, aquí la dejo.

II

Creo que los sectores opositores representados sentados en la Mesa tienen problemas de definición con tres conceptos que deberían tener claro, estos son: transición, liberalización y democratización.

Simplifiquemos, por problemas de espacio, en última instancia qué es una transición. En el sentido más amplio, cuando hablamos de transición pensamos en el espacio de tiempo que se produce entre un régimen político y otro. Este proceso político está determinado, de un lado por el inicio del proceso de descomposición y disolución del régimen autoritario y del otro por el establecimiento de “alguna forma de democracia”, pero ojo, también puede ocurrir lo peor, esto es, que se produzca “el retorno a algún tipo de régimen autoritario”, es decir, la vieja fórmula gatopardiana. En este sentido, la administración Trump apuesta por este último escenario.

El encuentro actual, conversado o negociado, hasta ahora está volcado a la configuración de reglas y procedimientos de naturaleza formal que llevan un ritmo que no responde a las urgencias de la gente y que establece contradicciones entre estas (las urgencias de la gente) y los plazos, que los dialogantes de la Mesa han establecido, distancia que no ha hecho otra que incrementar la incertidumbre, las indeterminaciones y las inseguridades en la ciudadanía.

Además, hasta ahora, tal y como se han desarrollado las conversaciones o negociaciones, dichas reglas y procedimientos parecen, a pesar de la incorporación de algunos nombres que reúnen competencias y honorabilidad intachable, parecen haber quedado en manos de la nomenclatura autoritaria quienes siguen “conservando poder discrecional” que se expresa en la que como señala el editorial de El Nacional, del 30/09/2026: “Casi todo es a medias salvo los acuerdos que se firman con el Pentágono. La libertad de los pre, el desbloqueo de los me, el comité de postu, el diálogo pol. Así es la transición demo…”, incluye la reciente reforma de la Ley del Odio, en lugar de abolir semejante adefesio. De tal manera que todo este proceso se dirige “a alguna cosa”, pero no se sabe a qué ni a donde.

Le he escuchado al periodista Alonso Moleiro que el clima político en el país ciertamente ha mejorado después del 3 de enero, pero agrega, que en medio de las mejoras en las condiciones políticas, en la gente, persiste el miedo y aquí entra el otro concepto que hay que tener claro por parte de la oposición que discute en la mesa: la liberalización.

Es un concepto que debe tenerse claro para evitar lo que hasta ahora ha ocurrido, que ya ha sido señalado por el editorial de El Nacional ya citado, es decir, que todo quede a medias para que el miedo, esa categoría de la que también muere la gente inmovilizándola o desmovilizándola este presente actuando como un cortacircuito en la vida cotidiana de los venezolanos.

Cito a O´Donnell (Transiciones desde un gobierno autoritario) que apunta que por liberalización se entiende “el proceso que vuelve efectivos ciertos derechos, que protegen a individuos y grupos sociales ante los actos arbitrarios o ilegales cometidos por el Estado o por terceros”.

Cuando se convocó a la segunda ronda de reuniones de “la Mesa” uno de los elementos que se presentó en el temario fue la “la restitución de derechos políticos y civiles”. En el resultado que se comunicó después de 7 jornadas de trabajo, 2 plenarias y 5 mesas técnicas se sigue imponiendo “la palabra “autorizada” de la dictadura, así se habla de “fortalecimiento de la democracia” (mesa 2), como si lo que reina en el país haya sido una democracia con algunos fallos y se aprobó (mesa 1) el desbloqueo de los portales, páginas web y medios electrónicos, (parece que dejaron por fuera la prensa escrita), ellos dice el comunicado oficial de la mesa, persigue “fortalecer la libertad de expresión….”, como si se tratara de algunas debilidades y no que fueron bloqueados para cancelar la libertad de expresión e información durante dos largas décadas de dictadura.

Pero el miedo sigue, como decía Moleiro, pues la estructura represiva de la dictadura quedó intacta y las estructuras de los enclaves autoritarios del poder (colectivos armados instalados en la sociedad, especialmente en sectores vulnerables) sigue operativa y eso se expresa en el irrespeto a la inviolabilidad del hogar, el derecho de defenderse según el debido proceso, la censura, aunque se ha relajado la autocensura, la exclusión política de algunos dirigentes y no se termina de cancelar el destierro de MCM.

La dictadura nunca se ha sentido obligada a respetar los acuerdos, aún los firmados con asistencia e intervención internacional. Siempre abusando de la confianza se ha sustraído de lo acordado.

Algunos analistas y opinadores señalan que la presencia de EE.UU. garantiza el cumplimiento esta vez de lo que se resuelva en “la Mesa”. Sin embargo, visto hasta ahora el comportamiento de la administración Trump, él tampoco es un actor confiable, porque hasta ahora siempre ha apostado por los hermanos Rodríguez.

Finalmente la democratización. Ella tiene como “rector al ciudadano”. Para la dictadura, la interpelación de este como sujeto significa un desplazamiento del “pueblo” en clave bolivariana, que ha sido el sujeto  interpelado en casi treinta años, como simple masa de maniobra, y ha sido el actor fundamental de la “legitimidad por la dádiva” que ha caracterizado al régimen desde los lejanos días de Hugo Chávez en el poder.

El ciudadano es el sujeto del paradigma “democrático” que sustituye, por un lado, al pueblo invocado plebiscitariamente en la construcción de un orden “populista autoritario” (caso del chavismo- madurismo) y, sustituye al “consumidor”, devenido en el sujeto convocado para la construcción de un orden “Neoliberal de naturaleza autoritaria”.

Así, el concepto “ciudadano” (el sujeto del cambio político) pone un freno a toda tentativa de regresar a formas autoritarias, tanto de naturaleza populista o a formas de naturaleza “neoliberal” (caso actual del tutelaje triumpista)

La Mesa siguiendo el guión dirigido por Rubio no coloca fecha de elecciones. Estas, no se ven en el horizonte con claridad, sólo la vaga promesa de que una vez la economía se recupere, el país se estabilice políticamente y no exista en el futuro indicios de un escenario catastrófico, entonces, solo entonces, se podrá convocar a elecciones.

Este escenario del caos y el desorden se ha impuesto como representación del futuro, relato que se ha impuesto por la administración Trump. Todos los actores de la mesa la han secundado: la dictadura porque expresa su interés de permanecer en el poder y los sectores de la oposición que, también, se han subsumido a las propuestas de Trump y Rubio.

El resultado es esta anormalidad “en la que cabe lo imprevisto y lo posible, lo usual y lo probable” mientras que la “esperanza, la democracia y la libertad” tienen que aguardar con paciencia, mucha paciencia.

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