El diario plural del Zulia

Rodrigo Méndez | La metamorfosis del botín: Oro negro para las élites, destierro para el pueblo 

 

 

                                                               Petroleo e impunidad (II)

 

La transformación de los antiguos saqueadores en los nuevos señores del negocio petrolero entre Washington y Caracas no es un éxito empresarial; es una obscenidad histórica. Mientras las corporaciones transnacionales y los intermediarios de siempre se sientan a manteles en oficinas climatizadas para repartirse las licencias de producción, la verdadera factura del desfalco chavista la sigue pagando el ciudadano de a pie en las carreteras del continente. La destrucción de PDVSA y el desmantelamiento de los aparatos productivos primarios y secundarios no solo pulverizaron el signo monetario; le robaron el futuro a una nación entera, provocando el mayor éxodo forzoso en la historia del hemisferio.

El colapso económico no se mide en frías gráficas financieras, se mide en el drama humano de la diáspora. Más de siete millones de venezolanos fueron expulsados de su propia tierra, despojados de la oportunidad de sostener una economía familiar digna porque una élite criminal prefirió raspar la olla antes que mantener los pozos, las refinerías y las industrias.

Aquellos que construyeron sus imperios con los contratos eléctricos de Derwick Associates o con los dólares preferenciales de CADIVI son los responsables directos de que ingenieros, médicos, obreros y maestros hoy limpien pisos en el extranjero, atrapados en un ciclo de pobreza estructural y explotación laboral de la que es casi imposible escapar. El saqueo no fue gratis: cada dólar que terminó en un penthouse de Madrid, una mansión en Miami o una cuenta en Suiza, equivale a un venezolano cruzando a pie el Tapón del Darién.

La tragedia se agrava al cruzar las fronteras. El venezolano que huyó del hambre provocada por el saqueo institucionalizado se topó de frente con la hostilidad de una región que lo utiliza como chivo expiatorio. La diáspora venezolana es hoy víctima de una xenofobia institucional y social implacable, perseguida por discursos políticos oportunistas en los países de acogida que criminalizan la miseria. Es el cinismo perfecto: los "bolichicos" y los jerarcas del régimen lavan su reputación y sus capitales en las capitales del primer mundo, asistiendo a banquetes y codeándose con la alta sociedad, mientras el migrante humilde es humillado en los pasos fronterizos, hacinado en guetos urbanos y explotado en la economía informal sin derechos, sin identidad y sin protección.

El regreso de estos polémicos empresarios a la mesa de negociaciones con Washington demuestra que el sistema nunca buscó una transición hacia la justicia, sino una redistribución del botín. Mientras las grandes potencias flexibilizan sanciones para asegurar el flujo energético, los responsables del quiebre estructural del país son rehabilitados como socios legítimos. El dinero que debió garantizar que esos millones de migrantes no tuvieran que abandonar a sus familias hoy financia el cabildeo internacional de los mismos actores que provocaron la catstis. La crisis humanitaria venezolana no es un desastre natural; es el resultado directo de un ecosistema criminal que cambió la soberanía por el destierro de su propio pueblo.

Conclusión: El pacto de la impunidad

La conclusión de este capítulo es tan clara como desgarradora: en la Venezuela actual, la justicia fue sustituida por el pragmatismo corporativo. El dolor de millones de familias separadas, la humillación internacional del gentilicio y la pérdida de la soberanía productiva han sido reducidos a simples "costos colaterales" en los libros contables de las élites. No hay un ápice de remordimiento en quienes diseñaron el desastre ni en quienes se aprovecharon de él; solo hay prisa por borrar el pasado, maquillar los expedientes y asegurar que la rueda de la fortuna siga girando para los mismos apellidos. Mientras el país se desangra en el destierro, el ecosistema criminal demuestra una alarmante capacidad para mutar, sobrevivir y volver a gobernar desde las sombras.

En la próxima entrega (Parte III):

Examinaremos la telaraña geopolítica de las licencias y los testaferros. Desnudaremos cómo las órdenes ejecutivas de Washington y las empresas fachada en paraísos fiscales se alinean para legalizar lo inexplicable, revelando los nombres ocultos detrás del nuevo andamiaje financiero que pretende sepultar la memoria del saqueo.

Rodrigo Méndez

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