Carlos J. Sarmiento Sosa | El Sínodo del Cadáver: el proceso post mortem al Papa Formoso
En la historia de la humanidad se cuentan juicios póstumos de condena que reflejan el uso político del Derecho para la venganza, la confiscación de bienes o la legitimación del poder sobre un adversario ya fallecido.
Por razones ideológicas, John Wycliffe (1415), fue declarado hereje 30 años después de morir; sus restos fueron exhumados, quemados y arrojados al río Swift.
Por motivaciones económicas e incautación de riqueza, Thomas Becket (1538) fue procesado por traición 350 años tras su muerte por orden de Enrique VIII para justificar la confiscación de bienes eclesiásticos; y los Hermanos Ruthven (1600), embalsamados y llevados al parlamento escocés tras su muerte para ser condenados por traición y expropiar sus tierras.
Oliver Cromwell (1661) resultó condenado por regicidio tras la restauración monárquica; su cadáver fue desenterrado, ahorcado y decapitado en un proceso que mostraba el poder de la restauración de poder a través de una justicia simbólica.
En años recientes, y por persecución política contemporánea, Sergei Magnitsky (2013) fue hallado culpable de evasión fiscal cuatro años después de morir en una prisión rusa tras denunciar corrupción estatal.
Como se observa, en los aludidos casos confluían la política, la religión y la economía, pero quizá el que presenta mayor trascendencia,, dado el alto grado de poder que conservaba el Papado en aquellos siglos, es el insólito episodio al que hace referencia el título que antecede, que corresponde a El Sínodo del Cadáver (o Concilio Cadavérico, en latín Synodus Horrenda), el macabro juicio póstumo realizado en el año 897 contra el Papa Formoso.
1. Contexto histórico
A finales del siglo IX, el Papado atravesaba un período de extrema inestabilidad, guerras de facciones y rivalidades políticas entre la nobleza romana y los pretendientes al título imperial del Sacro Imperio (el llamado Saeculum Obscurum o siglo oscuro de la Iglesia).
Durante su pontificado (891–896), Formoso se habíainvolucrado en disputas territoriales y políticas al alinearse con la facción germánica de Arnulfo de Carintia en lugar de apoyarse en la poderosa dinastía local de los duques de Spoleto que lideraba Lamberto de Spoleto.
El escenario en el que se enfrentaban ambas facciones se presentaba así:
- Arnulfo de Carintia, Rey de la Francia Oriental (Germania) y perteneciente a la dinastía Carolingia. Fue convocado por el papa Formoso para liberar a Italia del control opresivo de las facciones italianas locales, siendo coronado como Emperador por el propio Formoso en el año 896.
- Lamberto de Spoleto: Rey de Italia y miembro de la poderosa casa de los Guidoni, de los duques de Spoleto. Lamberto era el rival directo de Arnulfo de Carintia y consideraba al papa Formoso un traidor a la causa italiana.
A la muerte de Formoso en abril de 896, tras el brevísimo pontificado de Bonifacio VI,Lamberto y su madre, la emperatriz Ageltruda, ejercieron su enorme influencia sobre el nuevo papa, Esteban VI, para promover el macabro juicio de venganza póstuma.
2. Las incidencias del juicio (El Sínodo)
A menos de un año después del fallecimiento y la sepultura de Formoso,Esteban VI ordenó una de las ceremonias más extravagantes de la historia judicial y eclesiástica, comenzando con la exhumación del cadáver de aquel,con la vestimenta papal con la que fue enterrado y trasladado a la Basílica de San Juan de Letrán, donde fue sentado en un trono—un símil de banquillo de los acusados— para presidir el juicio.
Para garantizar el derecho de defensa, se le asignó un diácono de oficio para que hablara e intentara responder a las acusaciones en nombre del difunto. Mientras tanto, Esteban VI le gritaba e increpaba directamente a los restos en descomposición.
En el curso del juicio se le imputaron delitos de perjurio, violación de los cánones eclesiásticos al haber cambiado de sede episcopal (trasladarse de la diócesis de Porto a Roma) y ambición ilegítima del papado.
Como era previsible, el cadáver fue declarado culpable. Todos sus actos e imposiciones de órdenes sagradas fueron anulados. Acto seguido, despojaron el cuerpo de las vestiduras eclesiásticas y le cortaron los tres dedos de la mano derecha con los que impartía las bendiciones papales; y tras arrastrar sus restos por las calles de Roma, el cadáver mutilado fue arrojado a las aguas del río Tíber.
3. Efectos y consecuencias en su época
El macabro espectáculo provocó una violenta sacudida política y social en Roma y sus alrededores. En efecto, la indignación popular ante el exceso de crueldad y la profanación sacrílega provocaron el horror entre la población romana y, apenas unos meses después del sínodo, estalló una revuelta que derrocó y encarceló al papa Esteban VI, quien terminó siendo estrangulado en su celda.
Mientras esa reacción popular se cumplía, surgieron leyendas que relataban que un pescador había rescatado el cadáver de Formoso del fondo del río Tíber y, a raíz de ello, la piedad popular comenzó a difundir relatos de milagros atribuidos al cuerpo devuelto de Formoso.
A nivel de las instituciones eclesiáticas se presentó el dilema de qué hacer con los actos cumplidos por Esteban VI que habían declarado nulas ciertas actuaciones cumplidas por Formoso, entre ellas las ordenaciones sacerdotales; y años después los pontífices Teodoro II y Juan IX, formalmente, reubicaron con la dignidad papal los restos de Formoso en la Basílica de San Pedro; y, jurídicamente, anularon las actas del Sínodo del Cadáver y reinstauraron la validez de sus ordenaciones eclesiásticas.
Ante el escándalo que se produjo en aquella lejana época —12 siglos—, el papa Juan IX promulgó en un sínodo la prohibición expresa y categórica de juzgar a cualquier persona después de muerta en los tribunales de la Iglesia.
- Efectos y consecuencias en su época
Analizado bajo el prisma de los estándares democráticos y del Estado de Derecho contemporáneo, el Sínodo del Cadáver representa la aberración absoluta de la justicia:
• Ruptura de la capacidad jurídica y extinción de la responsabilidad penal: En las democracias modernas, la personalidad jurídica y la responsabilidad penal se extinguen de manera absoluta con la muerte del individuo. Procesar a un difunto violaría el principio fundamental de que solo una persona viva y consciente puede ejercer su defensa o ser sujeto de sanciones.
- Violación del debido proceso y del derecho de defensa: El nombramiento de un defensor marioneta para un cadáver convertiríala vista en una mera simulación grotesca. Un tribunal democrático exige igualdad de armas, imparcialidad del juzgador y capacidad real de contradicción.
- Instrumentalización de la justicia y ausencia de Imparcialidad: En el Estado de Derecho, el juez debe ser independiente e imparcial. En este caso, el papa Esteban VI actuó simultáneamente como fiscal, juez y acusador guiado por móviles puramente políticos y pasionales, evidenciando lo que hoy se conoce como Lawfareo guerra jurídica: el uso malintencionado y desproporcionado del aparato de justicia para aniquilar o desgastar públicamente a un oponente.
- Prohibición de penas crueles, inhumanas o degradantes: la profanación y mutilación póstuma chocan frontalmente contra los derechos humanos y la dignidad de la persona, principios rectores de las constituciones democráticas.
Los hechos deben analizarse de acuerdo con la época en que se sucedieron, tomando en consideración la cultura, el grado de civilización, las condiciones sociales, entre otros aspectos. Pero lo que debe resaltarse es el papel fundamental de la justicia como institución fundamental para establecer responsabilidades, y así lo entendieron los actores políticos y eclesiásticos que promovieron el proceso al papa Formoso, quienes, en lugar de simplemente aplicar la damnatio memoriae a su fallecido enemigo, optaron por un simulacro judicial que terminara con una condena deshonrosa.
