Luis Gonzalez Del Castillo | Miranda en NY: gran alianza internacional de Venezuela y su lección para hoy
Cuando Francisco de Miranda desembarca en Nueva York, en noviembre de 1805, no llega como un mendigo a pedir ayuda. Llega como un estratega que entendió algo que 220 años después seguimos sin terminar de aprender: ninguna independencia se gana solo.
En Nueva York lo espera el coronel William Stephens Smith. No es cualquier amigo, es el exedecán de George Washington, yerno del presidente John Adams y, para ese momento, inspector del puerto de Nueva York. Es decir, el hombre que controla aduana, barcos y permisos. Smith no solo lo aloja en su casa de Greenwich Village; le abre su agenda. Esa amistad es la que le permite a Miranda montar lo que hoy llamaríamos una coalición internacional:
- Capital privado norteamericano: el comerciante Samuel G. Ogden y el armador John Fink le fían a crédito el bergantín Leander —20 cañones, 200 hombres a cambio de futuros contratos comerciales con la Suramérica libre. No es filantropía, es inversión en un nuevo mercado. Miranda vende la idea de libertad como negocio rentable para Estados Unidos.
- Cobertura política tácita: Thomas Jefferson y James Madison lo reciben en Washington en diciembre de 1805. Oficialmente no pueden apoyarlo porque Estados Unidos está en paz con España; extraoficialmente, miran hacia otro lado. Le permiten reclutar, imprimir sus proclamas en la imprenta de Nueva York y zarpar el 2 de febrero de 1806. Es el primer ejemplo de “negación plausible” de la política exterior norteamericana hacia Venezuela.
- La escala que lo cambia todo (Jacmel, Haití): perseguido por buques españoles y franceses, Miranda llega a Jacmel el 18 de marzo de 1806. Allí el presidente haitiano Jean-Jacques Dessalines acaba de ser asesinado, pero su sucesor, Alexandre Pétion, lo entiende de inmediato. Pétion le da dos goletas, municiones y soldados; a cambio, solo pide una cosa: que la futura Colombia libere a los esclavos. Miranda acepta. El 12 de marzo, en esa rada, iza por primera vez el tricolor amarillo, azul y rojo. Esa es la verdadera alianza mirandina: Nueva York pone los barcos y el dinero, Haití pone la sangre y la legitimidad moral.
¿Qué nos enseña eso hoy?
Que Miranda fracasó en Coro el 3 de agosto de 1806 no por falta de bandera o de ideas, sino porque esa alianza internacional no tuvo su correlato interno. El mantuano caraqueño no logró que el pueblo de Coro se viera reflejado en ese proyecto neoyorquino-haitiano. El clero lo presentó como un agente extranjero y hereje, y la gente huyó.
La lección para la Venezuela es brutalmente actual:
- Primero, la diáspora sí sirve. Como Miranda en 1805, hoy tenemos millones de venezolanos en Nueva York, Miami y Madrid. Ellos son, como lo fue Smith, los inspectores del puerto: los que pueden abrir puertas y traducir nuestro drama a un lenguaje de intereses para Estados Unidos, Europa y América Latina. Miranda no fue a llorar a Nueva York, fue a proponer un proyecto de país creíble con Constitución, bandera y plan de gobierno. ¿Tenemos hoy esa visión compartida y un proyecto fehaciente?
- Segundo, las alianzas no se mendigan, se negocian. Pétion no ayudó a Miranda por lástima, lo ayudó porque Miranda se comprometió a abolir la esclavitud. Ogden no prestó el Leander por simpatía, lo prestó porque vio comercio. La comunidad internacional no apoya vacíos, apoya intereses compartidos: democracia, estabilidad energética, lucha contra el crimen transnacional y mercado. Tenemos que hablar menos de ayuda humanitaria y más de intereses compartidos.
Tercero, sin conexión interna, toda ayuda externa se ve como invasión. Ese fue el error de La Vela: llegar con 200 mercenarios sin trabajo previo en Coro. Hoy, cualquier salida a la crisis venezolana que solo se cocine en Washington o en Bruselas, sin legitimidad y trabajo de base dentro de La Vela, Coro o Maracaibo, repetirá 1806.
Miranda nos dejó el mapa: se empieza en Nueva York tejiendo alianzas, se pasa por Haití —por los pueblos que ya sufrieron lo mismo— buscando legitimidad moral, y solo al final se desembarca en Coro. Pero nunca al revés.
Esa es la tarea que sigue pendiente. Por ello iniciamos el movimiento continental “Alianza por la Libertad de América: de Alaska a la Patagonia”.
