El diario plural del Zulia

Ricardo Escalante | Periodismo incómodo

La calidad de los trabajos de The New Yorker habla por sí sola. En su siglo de vida ni siquiera las depresiones económicas y las guerras le han hecho mella a esta revista, que cada semana pone el dedo en la llaga al analizar hechos y personajes y al lanzar al voleo insinuaciones que alertan hasta al más avezado lector.

Claro, ese no es caso único ni en Estados Unidos ni en Europa. Ahí están medios tan protuberantes como The New York Times, The Wall Street Journal  y The Economist, que siguen incólumes a pesar de los feroces ataques de gobiernos e individuos de gran calado.

Hablo de este asunto porque hace una semana leí con lupa el reportaje sobre María Corina Machado publicado por The New Yorker. Lo dicho era tan importante como lo que se dejaba de decir o solo se insinuaba. Con esto no afirmo que todo lo que aparezca en cada edición provenga de la biblia. No. A veces faltan cosas y a veces hay algo de basura, pero TNY cuando escoge un personaje lo disecciona hasta llegar al hueso. Y no es para menos.

Dedico hoy estas líneas al artículo de marras firmado por Stephania Taladrid, periodista y profesora en Columbia University, porque hasta la fotografía que le servía de ilustración, decía más que mil palabras. No era la mejor, mostraba un rostro con señales de marchitez y con una sonrisa forzada que seguramente inquietó a la aspirante presidencial y a su entorno.

La oficina de MCM descrita por Taladrid está situada en la avenida Connecticut, a pocas cuadras de la Casa Blanca para facilitarlas reuniones con altos funcionarios, políticos, diplomáticos y otros. El decorado con muebles de estilo Chippendale y las paredes con cuadros de barcos y otros detalles navieros; el asistente David Smolansky, la casualidad del encuentro de la periodista con el príncipe heredero Reza Phalavi, hijo del Sha de Irán, que en ese momento hablaba con María Corina. Todas eran escenas con dosis de suspenso e intriga, casi como si se tratara de un guion cinematográfico.

Acostumbrada a corregir a los reporteros porque ellos “nunca” tienen la razón, en esta ocasión la líder del movimiento  Vente Venezuela tampoco fue distinta y Taladrid así lo captó .La periodista había expresado que el “limbo” en que se encontró MCM al fracasar en su intento de ingresar a Venezuela generó, una situación que pudo haberse prevenido, ante lo cual MCM no se hizo esperar: “¿Cuál situación? Yo no estoy en un limbo, estoy en medio de un proceso, como tantas otras veces”…

Ya antes uno había notado algo de inconsistencia al leer que María Corina había recurrido a la manida frase de que “la visión de Trump sobre Venezuela estaba alineada con la suya, ante lo cual Taladrid escribió que ese era un argumento cada vez más difícil de sostener.

Otro pasaje de igual tenor era el relativo a la exposición de MCM en la cita de petroleros del pasado abril en Houston, elogiada por el director del programa de energía latinoamericano de Rice University, Francisco Monaldi, pero escuchada con escepticismo por algunos ejecutivos de empresas del sector. La candidata presidencial anunció ahí un ente de hidrocarburos con independencia y prometió un bajo nivel de regalías, sin tocar otros asuntos de fondo.

Así, cuando uno llega al último párrafo de las ocho páginas del reportaje, titulado “La oposición en el exilio. María Corina Machado aspira a liderar a Venezuela, pero necesitará la ayuda de Trump ”, se debate entre interrogantes y dudas. Es algo que suele suceder cuando hay personajes poco convincentes o que se contradicen, o si las respuestas son superficiales, y, en consecuencia, el periodista opta por rematar con cabos sueltos para que la imaginación del lector vuele a sus anchas. ¡Eso es periodismo del bueno!

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