Antonio Bermúdez | El Esequibo no es de izquierda ni de derecha: es de Venezuela
Hay causas que trascienden gobiernos, ideologías y colores políticos. La reclamación histórica de Venezuela sobre el territorio Esequibo es una de ellas. Sin embargo, un fantasma recorre la política venezolana: el riesgo de que, como ocurrió en Argentina con las Malvinas, donde las élites terminaron “desmalvinizando” el sentimiento popular, vaciando de contenido patriótico una causa irrenunciable, y estigmatizando su defensa al asociarla con el gobierno de la dictadura.
En Argentina, la guerra de 1982 y su desenlace dejaron una herida profunda. Pero con el tiempo, sectores de la élite intelectual y política intentaron instalar la idea de que defender la soberanía sobre las Malvinas era un acto propio del nacionalismo autoritario, algo así como un resabio de la dictadura militar. Lograron, durante años, que muchos argentinos sintieran vergüenza ajena al izar la bandera en ese reclamo. “No seamos patrioteros”, decían. Y el resultado fue que la causa malvinense pasó, en algunos círculos, a ser un tema menor, casi incómodo, hasta que el propio pueblo, contra esas élites, la rescató nuevamente.
Hoy, en Venezuela, corremos un peligro similar, pero con un matiz perverso. Hay voces, dentro y fuera del país, que intentan secuestrar la defensa del Esequibo como un asunto exclusivo de la Revolución Bolivariana. Argumentan, con una falacia gruesa, que quien hoy grite “El Esequibo es nuestro” estaría, automáticamente, alineándose ayer con Nicolás Maduro y hoy con Delcy Rodriguez. Como si la patria tuviera dueño político.
Esta operación de desinformación no es ingenua. Busca lo mismo que en Argentina: que las élites, en este caso, una oposición siempre perdida o algunos intelectuales orgánicos del status quo internacional, logren que los venezolanos de bien se avergüencen de reclamar lo que por derecho nos pertenece. Así, poco a poco, el tema se “desequibiza”: se vuelve tóxico mencionarlo en reuniones de gente “progresista” o “democrática”, porque automáticamente te etiquetan de chavista. Y el pueblo, confundido, termina callándose.
Pero hay que decirlo claro: la Guayana Esequiba es tan venezolana como el Puente sobre el Lago de Maracaibo, el Ávila o el Salto Ángel. El laudo arbitral de París de 1899 fue un fraude, y así lo demostró la Comisión Mixta de 1966. Ese territorio, de casi 160 mil kilómetros cuadrados, nos fue arrebatado por potencias coloniales y sus aliados. Defenderlo no es defender a un gobierno ni a un partido; es defender la integridad territorial de la nación, algo que nos precede a todos y que nos sobrevivirá.
Por eso, llamo a la sensatez histórica. No permitamos que una élite desequivocada, sea de la tendencia que sea, nos divida en este tema. No caigamos en la trampa de pensar que el Esequibo es “cosa del oficialismo”. El día que Venezuela pierda la conciencia sobre el Esequibo, ese día habremos entregado no sólo un territorio, sino nuestra dignidad como nación.
Ayer contemplé con asombro, a través de la televisión, en vivo, la sesión de la Asamblea Nacional, en la que se estaba discutiendo un Acuerdo en respaldo a las acciones de defensa sobre el Esequibo, por parte del gobierno nacional, encabezado por la presidenta Delcy Rodríguez. Dos diputados de la oposición, Antonio Ecarri Angola y José Gregorio Correa, hicieron excelentes defensas de la cuestión Esequiba como territorio indiscutiblemente venezolano, y fue vergonzoso ver cómo ninguno de los diputados de la oposición aplaudió tan excelentes argumentaciones, aún viniendo de dos de sus compañeros de bancada política. Supongo que dentro de ese espectro, serán dos “desertores” patriotas.
Que no nos pase como a los argentinos, que tardaron décadas en recomponer el sentimiento malvinense. Aquí y ahora, el Esequibo nos pertenece a todos: al que vota por la Revolución Bolivariana, al que vota por la oposición, al que no vota, al que está en el exilio y al que se queda. La patria no se delega, la patria se defiende sin complejos y sin colores.
Porque el Esequibo no es de la Revolución, ni de la Contrarrevolución. El Esequibo es de Venezuela.
¡Venezuela nace en el Esequibo y duerme en el Lago de Maracaibo!
