El coraje de la libertad: Entre el pragmatismo y el abismo
El ser humano nace para ser libre, pero la historia nos ha enseñado que el autoritarismo tan solo ha servido para oprimirlo. No es una teoría; es una herida abierta.
No puede ser que, en cada ciclo, el mundo se sienta amenazado por personajes malvados como lo fueron Stalin, Lenin, Hitler y hasta el propio Mussolini.
Hoy, esa sombra regresa bajo nombres distintos, pero con la misma ambición de control.
El tablero global está hoy en llamas en medio de un reacomodo que busca poner freno a la expansión voraz de una China que compra regiones enteras a punta de deudas y con un gusto patológico por la vigilancia y los límites a las libertades.
Estamos bajo las amenazas de cerebros macabros como Putin, o Kim Jong-un y la realidad es que ninguna nación escapa de las guerras que hoy se viven.
El conflicto de Rusia contra Ucrania ha pasado factura a Europa por cercanía y amplias tensiones políticas hasta económicas con vaivenes en precios de gas y petróleo, y hace poco más de 24 horas estalló la guerra entre Israel e Irán. Pero también está el polvorín de Afganistán y Pakistán.
El mundo hoy necesita más diálogo que amenazas, pero un diálogo que no nazca de la debilidad. Naciones Unidas está quedando como un andamio envejecido incapaz de sostener los valores para los que fue creada.
Y entonces está la administración de Donald Trump que ha demostrado que su política va más allá de la diplomacia tradicional; es un ejercicio de realismo necesario.
Si John F. Kennedy hubiera tenido algo del pragmatismo del que hoy tiene Trump —o Reagan en su momento—, nos hubiéramos librado de los Castro en Cuba y su maquinaria para contaminar a la América Latina con su modelo hambreador heredado del fallido ensayo comunista de la Unión Soviética y que trataron de mantener en la Isla cómo símbolo de resistencia al tiempo que sumergían su pueblo en el atraso más profundo.
Ese sistema desgració a nuestra Venezuela. Hoy seguimos pagando los errores de una inmadurez política de las élites de la región que no elevaron la mirada para darse cuenta de que la democracia estaba amenazada.
El poderoso Gobierno de Estados Unidos, en varias administraciones, incluyendo la Clinton, Obama y Biden, por citar recientes, ablandaron el cerco al comunismo que tomaba fuerza. En Venezuela se coló, destruyó la democracia y terminó por mutar en un narcoestado criminal con una influencia regional y a su vez pieza de China e Irán, al que ya tuvieron que neutralizar.
Costó años, pero ahora parece comenzar un camino a la transición.
"La paz y la democracia han tenido un costo en la historia y, aún hoy, para preservarlas se sigue pagando un precio, pero sobre todo se requiere coraje y convicción."
Ese es el mensaje que la administración Trump está enviando al mundo: la libertad no se negocia con tiranos, se defiende.
Carlos Alaimo
Presidente-Editor
