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EDITORIAL | Redes sociales: ¿comunicación o control?

Por cierto, un dato que resalta es que los dueños y creadores de grandes tecnológicas no han permitido que sus hijos tengan redes hasta bien entrados los 16 años. Hay referencias bien documentadas.

Las redes sociales son ángeles y demonios al mismo tiempo.

Más demonios, claramente.

Si bien se convirtieron en el vehículo de comunicación más grande que jamás haya existido, también se volvieron en una herramienta de control hiper evolucionado para las grandes corporaciones que las detentan.

Se ha escrito mucho y se sigue escribiendo del tema, pero igual la sociedad y las familias siguen entregando pantallas a niños y preadolescentes para que se conviertan en sus nuevos esclavos.

Por cierto, un dato que resalta es que los dueños y creadores de grandes tecnológicas no han permitido que sus hijos tengan redes hasta bien entrados los 16 años. Hay referencias bien documentadas.

Ellos mismos saben del nivel de adicción que producen y protegen a los suyos.

Los estudios recientes apuntan a que niños y adolescentes se funden unas horas diarias en contenido que, lógicamente, a esas edades, no es formativo.

Es decir, es tiempo que regalan, en componenda con sus padres, para que les laven el cerebro con ofertas diseñadas, idioteces virales y la anulación de su capacidad creativa.

Los adultos caen por igual. Sin entrar en generalización, pero el mundo entero está en las redes.

Y la generación suele confiar en lo que allí se dice ciegamente. Se convirtieron en receptores y consumidores de desinformación, y lo peor es que la replican como cierto.

Los adultos mayores son más propensos aún a cometer el error.

¿Cuántas páginas de un libro sería capaz de leerse en 8 horas?... Los promedios van desde 24 y 48 páginas por horas, una matemática básica que apunta a que se podría leer literalmente más de un libro al día, dependiendo del número de páginas, aunque no es la costumbre general.

La crítica y el cuestionamiento natural, el debate profundo y el ejercicio intelectual que representa analizar un tema para obtener verdadero conocimiento, se relegó a las redes.

Y ahora la IA ya se vuelve agente de influencia también. No hay sospecha ni contraste.

Por ejemplo, en política las redes crearon grandes sismas, el escándalo de Cambridge Analítica y su influencia en elecciones de EE. UU., revueltas populares y también los laboratorios antidemocracia, esos donde los totalitarismos y colaboradores gastan millones.

María Corina Machado, la premio Nobel de la Paz de Venezuela es víctima de esos laboratorios que están activadisimos hoy.

El G4 invierte recursos en desmontarla como líder auténtica de la oposición ciudadana, que es la mayoría. Ella se defiende, también desde las redes sociales.

La pregunta que cabe: ¿podrá el público discernir con pensamiento crítico sobre las grandes campañas de desinformación y anestesia mental respecto de una transición o caerán a los pies de la masiva banalidad?

Hay que vacunarse con buenas lecturas y amor por el conocimiento.

Carlos Alaimo
Presidente Editor

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