Carlos J. Sarmiento Sosa | “La mujer del César no solo debe ser honrada...”
Por siglos, y con reiterada frecuencia, se ha repetido la famosa frase pronunciada por Julio César: "la mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo".
El contexto en el que el invicto general transformando en dictador romano dejó caer su expresión fue con motivo del juicio -iudicium o quaestio- seguido a su esposa, Pompeya, quien había sido acusada de participar en un escándalo con un joven noble llamado Publio Clodio Pulcro.
Pulcro, disfrazado de mujer, se había infiltrado en la casa del césar donde se celebraba un evento religioso sagrado en honor de la Bona Dea, diosa de la fertilidad, la castidad y la salud, exclusivo para mujeres, en el que la presencia de cualquier hombre era considerada un sacrilegio gravísimo.
Pompeya resultó absuelta al no poderse probar su culpabilidad y, sin embargo, César se divorció. Interpelado sobre las razones por las cuales se disolvía el matrimonio cuando ella había sido declarada inocente, él respondió con esas milenarias palabras.
La cita de César, recogida por historiadores y políticos de la época -Plutarco, Marco Tulio Cicerón, Dión Casio y Suetonio- se convirtió en un proverbio que significa que no basta con ser virtuoso, sino que, además, es necesario evitar incluso la apariencia de inmoralidad para proteger la reputación.
Hoy en día, y en todos los lugares, cuando se discute de política a la luz de las informaciones que los medios y las redes sociales divulgan sobre presuntos escándalos o negocios turbios en los que ciertos políticos supuestamente pudieran estar involucrados, en medio de una algarabía y sin esperar el resultado de las actuaciones judiciales para determinar responsabilidades, se califica a la política como la ciencia de la mala fe y, al mismo tiempo, se levanta el dedo acusador de la culpabilidad contra políticos que hubieren sido mencionados de estar cercanos a esas non sanctas actividades.
No cabe duda de que la ciudadanía en democracia tiene el derecho a expresar su pensamiento y discutir sobre política y la conducta de los políticos y, también, exigir que se respete a los jueces que conducen investigaciones relacionadas con posibles hechos delictivos en los que algún personaje público pudiera haber tenido participación; como igual derecho tienen los medios y RRSS a informar y divulgar noticias de esa naturaleza.
Ahora bien, el otro lado de la moneda es que cuando se hacen tales cuestionamientos, se podría estar dejando de lado el derecho de la presunción de inocencia o praesumptio innocentiae que establece que toda persona es considerada inocente y debe ser tratada como tal mientras no se demuestre su culpabilidad en un juicio, de acuerdo con la ley.
Ante esa dualidad, bien podría ser que los políticos que se encuentren en esa situación, fundamentándose en las palabras del invicto conquistador de las Galias, voluntariamente se aparten -se divorcien- de la actividad que estén desarrollando. Ello podría facilitar que el equilibrio de poderes funcione adecuadamente sin interferencias indebidas en las actuaciones de los órganos de investigación y en el ejercicio de la función judicial.
Parece justo y razonable.
