Manipulación de la realidad en redes sociales sirve de combustible para la depresión
“La mayoría de personas de mi edad parecen tener la vida perfecta, siempre es así, tienen todo resuelto, menos yo”.
El comentario, que denota una autoestima frágil, pertenece a Joseni Luzardo, estudiante de la Universidad del Zulia (LUZ).
La universitaria, de 21 años, suele sentir frustración al ver redes sociales, pero las consume en exceso. Reconoce una alta dependencia de validación externa y una fijación por comparar constante.
Según la Real Academia Española (RAE), la autoestima es la consideración que se tiene de sí mismo, partiendo de esto, el psicólogo Emmanuel Contreras egresado de la Universidad Rafael Urdaneta, con tres años de experiencia laboral, agrega que este tipo de comportamiento tan común también es influenciado por el entorno y la información que se recibe del mundo exterior.
En internet, sobre todo en las plataformas digitales, las personas se exponen a contenido sin restricción en la mayor parte del tiempo, recuerda.
Dependiendo de la persona y su entorno, las redes sociales pueden fomentar y promover conductas negativas como la depresión, la ansiedad y el aislamiento. Son pocas las personas le dan uso positivos a las redes”, advierte Emmanuel, quien semanalmente atiende a varias personas en las que detecta algún tipo de afectación emocional debido, entre otras causas, al uso desproporcionado del internet.
Contreras considera que las redes sociales construyen un universo donde la perfección parece accesible: lleno de belleza, con una aparente felicidad permanente y una alta dosis de sobreexigencia romantizada, sin embargo, señala, que el contenido que se muestra puede y suele ser fácilmente manipulado.
Diariamente –explica- se ven personas jóvenes que aparentan ser completamente exitosos y tener un estilo de vida sin preocupaciones. “¿Quién no quisiera tener eso?”, comenta. Sin embargo, el psicólogo asegura que en las comunidades en línea muestran en las redes sólo una pequeña parte de su vida: la más agradable. Y esto crea ideas irreales en los consumidores de que la vida de los demás es mejor. Esto puede generar estrés, ansiedad y tristeza en quienes la consumen.
Niños y adolescentes: los más vulnerables
Todos pueden ser vulnerables al lado negativo de las redes sociales, pero la psicóloga Andrea Nava, con cuatro años de ejercicio profesional en Maracaibo, reconoce que a su consultorio suelen asistir niños y adolescente con problemas debido a la sobreexposición a los dispositivos móviles.
Los niños y adolescentes son más susceptibles debido a que apenas están construyendo consciencia sobre lo que está bien y está mal, además de que aún desconocen las consecuencias de sus actos”, agrega.
Nava también plantea que los adolescentes apenas van construyendo la percepción de sí mismos y esta puede verse distorsionada al compararse con personas de su mismo rango de edad en las redes sociales, y por no tener las mismas posibilidades que ven en los demás, suelen sentirse frustrados y rechazar su entorno.
“Me ha tocado ver a personas realmente afectadas por individuos en internet que las han manipulado y se han aprovechado de ellas”, señala Stephanie Styvesant, psiquiatra especializada en trastornos mentales con más de 10 años de experiencia. “Esto es solo un ejemplo del daño que se puede hacer a través de las redes sociales”, advierte.
Sobre este tema, Emmanuel Contreras argumenta que para las personas que ya tienen diagnósticos previos, el consumo desmedido de información puede ayudar a que los síntomas empeoren, como se ha visto en casos de depresión, ansiedad, problemas para regular emociones y otros tipos de afecciones.
Para Styvesant es imprescindible actuar de manera responsable y regular el contenido digital, aunque considera que hacer visible la situación siempre es un buen comienzo para romper con los estigmas e incitar a las personas que estén enfrentando problemas a buscar ayuda.
Señales de alarma
Andrea Nava explica que estos son algunos de los indicadores de que alguien tiene problemas para manejar el consumo de contenido digital:
Pasar mucho tiempo en las redes sociales, especialmente si se tiene problemas para despegarse del dispositivo móvil.
Intentar imitar todo lo que se ve en internet, sobre todo si los intentos en vez de generar satisfacción, generan desánimo y frustración.
Creencias irracionales infundadas por otras personas en internet, como modelos de parejas o amistades perfectas.
Rechazo hacía el entorno porque no cumplen con expectativas en comparación a los modelos “perfectos” que se muestran internet.
Establecer propósitos es clave
Emmanuel Contreras ofrece consejos para convertir el uso de pantallas en una actividad positiva:
Establecer el propósito para el que se utilizan las redes, definir qué tipo de contenido se consume.
Reconocer que hay personas y contenido tóxico que evitar.
Limitar las horas en internet y enfocarse en algo que genere bienestar como actividades físicas.
Equilibrar el tiempo en pantalla con actividades recreativas y sociales
Tomar las posibilidades de otras personas como inspiración, y no como un fracaso personal.

