El diario plural del Zulia

Venezolanos recuperan su voz y desplazan el miedo a Miraflores

Miguelangel Suárez, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, reinterpreta correctamente lo que necesita Venezuela a poco más del primer mes de la captura y extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores en el marco de la Operación Resolución, impulsada por el gobierno de Donald Trump.

Suárez, un grupo de estudiantes y familiares apalancan las exigencias para la liberación de los presos políticos. Su acción más emblemática, la interpelación pública el pasado 27 de enero a Delcy Rodríguez en los espacios de la UCV.

Este tipo de acciones frontales, pero respetuosas, antes de la captura de Maduro tendrían un costo demasiado alto. Una madre encadenada, un estudiante con un megáfono, un académico confrontando con argumentos en el parlamento o la simple convocatoria para ejercer el constitucional derecho a la protesta implicarían expedientes judiciales y condenas express por instigación al odio, traición a la patria y hasta asociación para delinquir.

Por mucho menos, decenas de ciudadanos comunes, activistas y periodistas se encuentran recluidos en alguna de las más de 90 prisiones habilitadas por el Ministerio de Interior y Justicia para quienes resultaran incómodos para quienes detentan el poder en Miraflores.

En el artículo A un mes de la extracción de Maduro: ¿Qué debería pasar en Venezuela en los próximos seis meses?, escrito por Carmen Beatriz Fernández para Global Affairs, página de la Universidad de Navarra, la profesora de Comunicación Política en la Universidad de Navarra, el IESA y Pforzheim, resalta que lo ocurrido hasta ahora apunta a transformaciones simultáneas en tres planos: económico, político y social.

Sobre este último campo, Fernández, lo resalta como el cambio menos visible institucionalmente, pero posiblemente el más profundo.

Se observa una erosión progresiva del miedo que durante años condicionó el comportamiento ciudadano, especialmente tras la represión desatada después del robo electoral de Julio 2024”, detalla.

Para la experta en marketing político la sociedad venezolana muestra una clara demanda de democracia y comienza a recuperar la voz.

La académica destaca que disminuye la autocensura en los medios, reaparece el debate público y se reconstruyen lazos sociales que habían sido quebrados por la represión. “Estos procesos son esenciales: ninguna transición política es viable sin una ciudadanía capaz de expresarse y deliberar libremente”, advierte.

Fernández reconoce lo que califica como un incipiente resurgimiento de la libre expresión en espacios sociales y mediáticos que durante años estuvieron dominados por la intimidación y la autocensura, tras un prolongado periodo marcado por persecuciones, detenciones arbitrarias y silenciamiento sistemático. “Comienzan a aparecer señales, todavía frágiles, de reapropiación del espacio público”, señala.

Para la experta en comunicación política, radicada en España, el deshielo del miedo constituye un indicador sociopolítico clave y una condición indispensable para que el cambio político no se limite a un simple reajuste del poder.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, hablando junto al ministro de Interior, Diosdado Cabello, y el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en Caracas, el 3 de febrero de 2026. (Palacio de Miraflores / EFE)

El miedo, en la otra acera

Una encuesta de Meganálisis realizada entre el 6 y el 11 de enero pasado, revelaba que 83,5 % de los venezolanos teme o temía represalias en ese momento de la coalición gobernante si manifestaban públicamente su oposición.

Sin embargo, el discurso de los hermanos Rodríguez con el anuncio del cierre de El Helicoide por orden de Donald Trump, el excarcelamiento lento pero masivo de presos políticos y la promulgación de una Ley de Amnistía que se debate en la asamblea, parecen reducir los temores y desplazarlos a la cúpula que manejó Venezuela durante los últimos 25 años.

Walter Molina, politólogo venezolano radicado en Argentina, reconoce la valentía del sector universitario. Desde su óptica, quienes operan desde Miraflores y la dirigencia política que se quiere vestir de opositora, siempre suelen apartar de sus ecuaciones en la lucha por la libertad de Venezuela a la gente.

No lo entendieron en 2023 ni en 2024, y hoy siguen sin entenderlo. Pero allí está la sociedad venezolana, hoy encabezada por el movimiento estudiantil, gritando libertad”, resalta.

Molina recuerda que el régimen cambió por completo el tono por la fuerza externa, pero para lograr que el cambio real ocurra de verdad y no se quede en palabras, depende de la fuerza interna.

Otro ejemplo, similar al de Suárez, presidente de la FCU de la UCV con Delcy Rodríguez, fue el protagonizado este viernes 6 de febrero por Juan Carlos Apitz, decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UCV, quien en reunión con los diputados de la Comisión de Política Interior, sacudió el hemiciclo con un emplazamiento valiente, que se hizo viral en redes: “¿Alguien en esta sala tiene conocimiento de qué fue lo que aprobaron ayer? Que levante la mano. Nadie levanta la mano porque nadie sabe qué aprobaron”.

Apitz les dijo en su cara que si pretendían con la Ley de Amnistía crear un manto de impunidad frente a quienes que dispensaron de alguna manera torturas físicas o psicológicas, tratos crueles o inhumanos, o utilizaron el sistema de justicia para perseguir, la reconciliación es imposible. “Lo que va a generar es indignación”, reclamó.

Antonio de La Cruz, analista político y presidente de Inter American Trens, pone bajo la lupa dos frases, una de Jorge Rodríguez y la otra de Diosdado Cabello, para referirse al cambio de escenario.

Sobre el presidente del Parlamento discutido por las fuerzas democráticas opositoras reales, sugiere que al pedir perdón durante la primera discusión de la Ley de Amnistía, evidencia debilidad: “Cuando el poder pide perdón no es que se volvió bueno, es porque ya no puede castigar. El miedo cambio de bando y el terrorismo de Estado ya no se administra, se padece”.

Ahora, De La Cruz confiesa que le sorprendió mucho más, cuando en el marco de una fugaz y tenue ceremonia de aniversario por el 4F, Cabello expresó: “Si nos ven desunidos nos van a comer uno a uno”.

Esa frase no pertenece al vocabulario del poder seguro. Pertenece al léxico de quien ha entrado en la zona de pérdidas, de quien sabe que el sistema que lo protegía ya no ofrece garantías automáticas”, explica el analista, quien asegura que cuando el miedo necesita micrófono, es porque desde el poder se perdió algo esencial: la seguridad de la propia impunidad.

Para el experto, en los sistemas autoritarios el miedo cumple una función precisa: Ordena jerarquías, evita deserciones y sustituye legitimidad, pero solo funciona si permanece mudo.
En su percepción, el discurso de Cabello revela tres quiebres. El primero, que el blindaje colectivo se ha roto. “¿Qué significa eso? Que el ‘nosotros’ ya no es una muralla, sino un grupo expuesto”, enfatiza.

El segundo apunta a que la secuencia de poder ya no se controla desde adentro y que por ende las caídas no siguen el orden jerárquico sino la lógica de la estabilización: con sacrificios selectivos, pedagogía del castigo y reducción del riesgo sistémico.

Y tercero —a su juicio el punto más grave— que el miedo ha dejado de ser un monopolio del poder para convertirse en una experiencia compartida. “Eso cambia todo porque mientras el miedo fue exclusivo de la sociedad, el régimen pudo gobernar sin legitimidad, pero cuando el miedo asciende, cuando alcanza a quienes antes lo distribuían, el poder se vuelve defensivo, reactivo y explicativo”, resalta.

Para De La Cruz Cabello intenta cerrar filas, pero al hacerlo confirma lo contrario: el miedo dejo de ser herramienta de dominación y se convirtió en síntoma de debilidad.

Movimiento estudiantil ucevista y sociedad civil se pronuncian en defensa de los presos políticos

Descongelamiento social: fase necesaria

De acuerdo con Carmen Beatriz Fernández, sectores organizados de la sociedad civil comenzaron a exhortar a la ciudadanía y a los actores políticos a actuar con mayor determinación para encaminar al país hacia una democracia plena.

Estos llamados subrayan la necesidad de aprovechar el momento histórico para construir una agenda política inclusiva, centrada en la voluntad popular y no en intereses coyunturales.“Estamos -refuerza- ante un auténtico punto de inflexión político”, precisa.

En su opinión, la intervención de Estados Unidos se ejecutó con gran precisión desde el punto de vista militar, pero dejó abiertas importantes incógnitas en el plano político y la ausencia de una hoja de ruta claramente definida para el día después ha generado un vacío que corre el riesgo de ser ocupado por inercias conocidas y estrategias dilatorias.

Por ello cree que la estabilidad inmediata parece haber primado sobre la definición explícita de un proceso de democratización, pero insiste en que solo la democracia ofrece estabilidad sostenible a mediano plazo en Venezuela. “El desenlace de este momento dependerá de cómo interactúen los actores internos y externos en esta fase crítica”, agrega.

Fernández considera que los próximos seis meses deberían estar guiados por una hoja de ruta con prioridades claras y verificables. Entre ellas, la restauración inmediata de derechos fundamentales, el fin de la persecución política, el desmontaje de los mecanismos de control social y el inicio de una reforma del sistema judicial que devuelva confianza tanto a la ciudadanía como a los actores económicos.

Todo ello debe ir acompañado de una apertura real del espacio público: libertad de medios, restitución del pluralismo político y creación de instancias inclusivas que permitan acordar un camino creíble hacia elecciones libres y competitivas, con participación de la oposición democrática y de la sociedad civil. Sin avances tangibles en estas áreas en el corto plazo, cualquier estabilización económica corre el riesgo de asentarse sobre bases autoritarias y convertirse en una transición meramente aparente”.

Lea también
Comentarios
Cargando...