Secretario de Interior de Trump llega a Venezuela para impulsar explotación de oro y “tierras raras”
El gobierno de Donald Trump quiere ir más allá del petróleo con Venezuela. La visita a Miraflores, este miércoles, de Doug Burgum, secretario de Interior de Estados Unidos, busca acelerar la cooperación en sectores energéticos.
Bienvenido a Venezuela, @SecretaryBurgum. Como Presidente del Consejo Nacional de Dominio Energético y jefe del Departamento de @Interior, el Secretario se reunirá con las autoridades interinas, establecerá contactos con empresas estadounidenses y venezolanas, y trabajará por un sector minero legítimo y cadenas de suministro de minerales críticos seguras. Otro paso vital e histórico que impulsa el plan de tres fases de @POTUS en beneficio de los venezolanos y estadounidenses”, se leyó en un tuit de la cuenta de la Embajada de Estados Unidos en Venezuela.
La meta es apuntalar inversiones y proyectos conjuntos en recursos estratégicos.
Además de poseer las mayores reservas de petróleo del mundo, Venezuela cuenta con enormes yacimientos de gas —los sextos a escala global—; grandes reservas de oro, las más importantes de América Latina; hierro, en el puesto doce mundial; bauxita, en el quince; y diamantes.
Antes del colapso chavista, el país había logrado avances significativos en la explotación y exportación de varios de estos rubros, en particular petróleo, gas, mineral de hierro y productos transformados de aluminio y acero, pilares de la Venezuela contemporánea.
A ello se suma una dotación relevante de las llamadas “tierras raras”, en especial coltán y torio: elementos químicos con propiedades magnéticas y de conductividad esenciales para la tecnología moderna —teléfonos móviles, vehículos eléctricos, armamento y energías renovables. Riquezas insertas en una geografía de alta biodiversidad, enorme riqueza hídrica y acceso privilegiado al mar Caribe y al océano Atlántico.
Contexto
La visita de Burgum se da tras una serie de encuentros diplomáticos recientes entre Caracas y Washington, incluyendo la llegada de otros altos funcionarios estadounidenses. El viaje refleja un intento por ampliar la cooperación en petróleo, minería y energía, sectores clave para ambos países y de interés tanto para inversionistas como para autoridades gubernamentales.
El contexto es complejo. Entre 2014 y 2015, cuando la industria petrolera tocó fondo y el país y el país sufrió años de brutal desabastecimiento de alimentos y medicinas, el chavismo se apalancó en los recursos mineros al sur del río Orinoco para sobrevivir. No lo hizo mediante la recuperación de las empresas siderúrgicas de hierro, bauxita, aluminio y acero, pero que durante el chavismo corrieron con la misma suerte de Petróleos de Venezuela, golpeadas por la falta de inversión y malos manejos.
Nicolás Maduro firmó en 2016 el decreto de creación del Arco Minero del Orinoco, una extensión de unos 112.000 kilómetros cuadrados —equivalente al 12% del territorio nacional— ubicada al sur del río Orinoco, área estratégica por la explotación de oro, principalmente, además de diamantes, coltán, níquel y tierras raras, en un contexto de precios internacionales favorables.
El Gobierno ha sostenido que en el Arco Minero hay más de 8.000 toneladas de oro, lo que colocaría a Venezuela entre los países con mayores reservas del mineral. También ha hablado de la posibilidad de explotar hasta un millón de quilates de diamantes, 12.000 toneladas de níquel, 35.000 toneladas de coltán y significativos yacimientos de cobre. Una década después, lejos de convertirse en un polo de desarrollo, el Arco Minero del Orinoco se ha transformado en un peligroso agujero de criminalidad, corrupción política y militar y contrabando con el telón de fondo de un gran desastre ambiental. No se hace una minería de gran escala, sino una explotación caótica y descontrolada.
