Ricardo Escalante | Entre París y Caracas
El demonio de la violencia que otra vez ha recorrido tanto a Francia como a otros países europeos pareciera inexplicable, pero en realidad tiene raíces profundas y antiguas. Están subyacentes en contradicciones sociales nada fáciles de abordar y menos aún de resolver.
Hay, por supuesto, otras sociedades menos civilizadas y más propensas a los brotes de violencia –como la nuestra– en las cuales la vida diaria es en sí misma una lucha inagotable contra las distintas formas de barbarie. En América Latina y de manera particular en Venezuela, el Estado mismo es símbolo de ultrajes apabullantes y adecentarlo es tarea perdida de antemano.
Aunque la segunda economía de Europa dispone de mecanismos para enfrentar los graves problemas fiscales, en la calle hay una creciente inconformidad estimulada en buena medida por la inflación que hoy recorre el mundo, a lo cual se suman las exigencias de los sindicatos y otros sectores. Pero, al mismo tiempo, es obvia la existencia de agitadores profesionales.
En ese sentido, no podemos olvidar las características de la crisis de mayo de 1968 –etiquetada como el mayo francés–, entre cuyos factores de influencia hubo figuras de gran relieve como Jean-Paul Sartre, quien no solo apoyó a los estudiantes, sino que formuló encendidas declaraciones.
En el caso nuestro todavía está fresca la brutalidad de El Caracazo, detrás del cual hubo subversivos enquistados en la Policía Metropolitana, como Freddy Bernal, y un grupo de agentes dedicados a la desestabilización de las instituciones, Hubo también actores de gran relieve como Los Notables y miembros de Copei y de otros partidos, que a la postre sacaron del poder al presidente de la República y condujeron el país a la debacle actual.
Entre el mayo francés y El Caracazo hay similitudes y diferencias. En ambos casos hubo agitadores y políticos profesionales que los azuzaron, pero se trataba de sociedades muy distintas: una con una importante carga de cultura ancestral pero con un gobierno que mostraba cansancio después de diez años en el poder, la otra nuestra con un marcado desgaste de todas sus instituciones y, sobre todo, de los partidos. La presidente de la República acababa de iniciar su quinquenio, pero tenía adversarios de gran peso decididos a liquidarlo.
El presidente Emmanuel Macrón ahora está en el centro de un huracán de críticas y da muestras de cansancio que parecieran pronosticar su pronto final en el gobierno, mientras la violencia y la corrupción en el Poder Ejecutivo de Venezuela son ejercidas por el chavismo desde hace 27 años.
Francia, a pesar de las dificultades, siempre se ha levantado y reemprendido la senda del avance. Venezuela, en cambio, vive una incertidumbre cuyo final todavía no se avizora. Se sabe que María Corina Machado es la única con potencial para reemplazar a los chavistas en Miraflores, aunque ha dado muestras de evidentes falencias y de estar mal acompañada. ¿A dónde vamos los venezolanos? ¡Nadie lo sabe!
