Nacho Montes de Oca | Trump y Musk se suman al equipo de presión de Putin
En la madrugada del 14 de octubre, la versión militar de Starlink dejó de funcionar para Ucrania a velocidades altas, sin aviso y en plena ofensiva rusa sobre Kiev. La presión para que Ucrania cediera a los pedidos rusos tercerizados a través de Donald Trumo tuvo un efecto práctico y fue el que habría buscado el Kremlin.
Los ataques no se detuvieron, pero ahora con Musk sumándose al equipo de presión conta Ucrania, Rusia obtiene una compensación en el frente y en la retaguardia mucho mayores que los surgió de los rezos de los planificadores del Kremlin.
Según Euromaidan Press, el asesor presidencial ucraniano Serhii Beskrestnov informó que SpaceX impuso un límite de 160 km/h al servicio Starshield durante la noche, y varias misiones se interrumpieron sin que nadie avisara a las fuerzas ucranianas. Citado por RBC-Ukraine, Beskrestnov fue más lejos: "no puede ser una coincidencia", dijo, y lo vinculó con la situación política.
El exasesor del Ministerio de Defensa Serhii Sternenko confirmó, según Ukrainska Pravda, que las conexiones empezaban a caerse al superar los 160 km/h. En el terreno el problema parece peor que la cifra oficial. Según hromadske, recogido por UNITED24 Media, el 7.º Cuerpo de Asalto Aéreo reportó que algunos drones perdían contacto hasta 20 segundos a solo 110 o 120 km/h.
Hay que entender lo que eso significa. Los drones son hoy el instrumento principal de Ucrania para frenar el avance ruso y liberar territorio ocupado. Según el Council on Foreign Relations, generan entre el 75% y el 85% de las bajas en la zona de combate. El analista Rob Lee, citado por NPR, lo calcula en un 80%.
El Ministerio de Defensa ucraniano informó el 17 de julio que sus drones sumaron más de un millón de impactos verificados en 2026, con unos 193.500 soldados rusos muertos o heridos, y que ya explican cerca del 90% de todos los impactos confirmados sobre fuerzas rusas
Recortarles la conectividad no es un problema técnico. Es quitarle al defensor la herramienta con la que hace casi todo el daño. Con esta nueva traición, Musk facilita una ofensiva rusa. Beskrestnov dijo, según ABC News, que las fuerzas ucranianas no recibieron aviso alguno y que eso “llevó a la interrupción de varias misiones”.
El golpe cae en donde más afecta militarmente a Ucrania. Beskrestnov advirtió, según UNITED24 Media, que los interceptores guiados por Starlink son una de las defensas más eficaces contra los Shahed rusos con motor a chorro. Esos aparatos necesitan velocidad casi desde el despegue, y con el límite se estrellan o se cancelan antes de salir.
Las cuentas son simples. Según su fabricante, OSIRIS AI, el interceptor ucraniano UEB-1 llega hasta 315 km/h, casi el doble del tope impuesto. Cada misión abortada es un Shahed que llega a destino.
De yapa, la medida debilita la estrategia de atacar la logística rusa en la retaguardia. Según The Telegraph, recogido por DroneXL, los drones ucranianos pueden golpear blancos hasta 150 kilómetros detrás de la línea, contra unos 50 antes. El objetivo es obligar a las tropas rusas a caminar hasta el frente. La ocupación rusa desde el Donbás hasta Crimea respira ahora aliviada ante las noticias que llegan desde el frente político.
Todo indica que un tope de velocidad pega justo en las plataformas más rápidas y de más alcance, las que sostienen esa campaña. Hay un matiz: Reuters aclaró que Starlink no funciona dentro de Rusia y que los drones que atacan refinerías usan otros medios. El daño no está en el territorio ruso profundo sino en la franja cercana al frente, donde se decide quién avanza. Está en donde Putin sufre de un estancamiento y en la zona en donde su logística de guerra estaba siendo vapuleada.
El portal polaco Defence24 advirtió que, si se confirmara el umbral más bajo que algunos reportan, de 60 o 70 km/h, el problema alcanzaría a una gran cantidad de drones FPV, los más usados para confrontar a las ofensivas rusas.
La tercera ayuda a Putin es menos visible y quizá más grave. Starlink no solo guía drones: es la red con la que las unidades ucranianas coordinan su propia logística y el avance sobre el terreno. Según Defence24, Starlink y Starshield dan a Ucrania comunicaciones resistentes que son difíciles de reemplazar.
Un camión de municiones o un blindado que cruza un campo llevan terminales en movimiento, y son los más expuestos a una restricción pensada para móviles rápidos. Hay además una diferencia clave con el pasado. Euromaidan Press recordó que las restricciones anteriores se habían introducido a pedido de Kiev, para impedir que las fuerzas rusas explotaran Starlink.
Esta nuva restricción llegó sin consulta y mientras Rusia amasa una fuerza en Dopropilia, Kostiantynivka, Toretsk y otras partes del frente para lanzar una nueva ofensiva.
El momento es lo que más duele. La nueva traición salva a Putin en el instante justo, en el peor mes de desempeño de su ejército. Las bajas rusas fueron de 46.320, según el Estado Mayor ucraniano citado por el ISW: la cifra más alta de 2026 y el tercer mes seguido por encima de 40.000.
Según el ISW, Rusia tomó 175,5 kilómetros cuadrados en septiembre, pero perdió 256,3, con un saldo neto negativo de 80,8. La fuente DeepState registra que entre el 8 de septiembre y el 6 de octubre Rusia ganó apenas 4 millas cuadradas netas, unos 10 kilómetros cuadrados.
El mismo instituto advierte que parte del terreno recuperado por Ucrania pudo haberse retomado antes, porque Kiev ocultó los avances de la operación Vivaldi. Y sugiere que Putin podría estar girando hacia una gran campaña de ataques de largo alcance durante el invierno 2026-2027 para forzar la rendición de Ucrania. Ahí cierra el círculo. La alerta temprana de misiles que no llega y los interceptores que no despegan son justo lo que esa campaña que favorece a Putin necesita.
Para entender el momento hay que mirar Washington. El 10 de octubre Trump difundió un video exigiendo que Kiev dejara de atacar refinerías rusas, y Musk lo compartió con cinco palabras en un posteo en X: "Zelensky ha ido demasiado lejos".
Trump, además, dijo que Ucrania debería elegir un nuevo presidente capaz de negociar, según la agencia rusa TASS. Pocas horas después Musk respaldó con otro posteo ese pedido para que Zelensky deje la presidencia ucraniana, y luego su empresa limitó el servicio que sostiene los drones ucranianos.
El motivo de Trump es nítido. Newsweek informó que pidió frenar los ataques a las refinerías mientras los republicanos encaran las elecciones de medio término y el precio de la nafta preocupa. Euronews agrega que todo ocurre tras un acuerdo de Trump con Moscú para aliviar las restricciones a las exportaciones de diésel ruso.
Washington priorizó el surtidor de sus votantes y el negocio energético de Rusia por encima de la capacidad de Ucrania de dañar la economía que financia la guerra. Y lo hizo con una herramienta de presión mucho más brutal que una declaración.
Esa herramienta, según Reuters y Axios, fue una amenaza concreta. Reuters informó que funcionarios estadounidenses advirtieron que cortarían el intercambio de inteligencia y las ventas de armas si Kiev no dejaba de atacar refinerías. Zelensky aseguró que Ucrania no toca ninguna desde el domingo.
Rusia no devolvió el gesto. En la noche del lunes 12, hacia las 22:10, unos seis misiles balísticos apuntaron a varios distritos de Kiev sin aviso previo de su lanzamiento, según la Fuerza Aérea ucraniana citada por Kyiv Post. Zelensky habló de cinco y dijo que pegaron en infraestructura civil.
La noche siguiente se repitió. Zelensky escribió, según Reuters: "Una vez más, ninguna alerta previa de nuestros socios". Según Ukrainska Pravda, sus sistemas detectaron los misiles recién cuando ya estaban casi encima de Kiev. Y según Reuters, la primera noche las alertas sonaron cuando las explosiones ya habían empezado.
Con esos avisos faltantes, el balance humano de las dos noches es el siguiente, con cifras todavía provisorias. El martes 13, un misil golpeó un edificio residencial de nueve pisos en el distrito de Desniansky. Según la Fiscalía de Kiev, citada por Kyiv Independent, murieron al menos tres mujeres y otras 24 personas resultaron heridas, entre ellas una niña de siete años.
Los ataques a instalaciones energéticas dejaron además un muerto en el distrito de Holosiivskyi, según el alcalde Vitali Klitschko, que también informó, según Liga.net, que cuatro de los heridos están en estado crítico. El recuento actualizado de Kyiv Independent llegó a cuatro muertos y 25 heridos.
La primera noche, según Kyiv Independent, el Departamento de Salud de la administración de Kiev contó al menos 12 heridos el 12 de octubre, entre ellos un joven de 17 años. Esa cifra incluye también ataques con drones y no puede atribuirse solo a los misiles. Sumadas con esas salvedades, las dos noches dejan al menos cuatro muertos y unos 37 heridos solo en la capital.
Nadie puede demostrar que cada una de esas muertes se debió a la falta de alerta, y Kiev no lo afirma de forma tan directa. Pero Zelensky explicó, citado por Ukrainska Pravda, que la inteligencia sobre estos lanzamientos "ayuda a evitar que mueran personas". Cada minuto de aviso es la diferencia entre llegar al refugio y estar en el edificio cuando cae el misil.
El telón de fondo agrava el cuadro. Según el registro de ataques sobre el capital, 534 personas murieron en Kiev por bombardeos hasta octubre de 2026, y los ataques balísticos rusos aumentaron un 83% en julio frente a un año antes, mientras Trump reducía el envío de interceptores Patriot. Son datos sueltos, pero describen un país con cada vez menos escudo y, ahora, con menos aviso.
Trump sostuvo ante periodistas que "los estamos ayudando y compartimos inteligencia". El canciller ucraniano Andrii Sybiha, según Reuters, avisó que Ucrania sigue recibiendo inteligencia militar estadounidense y atribuyó el retraso al tipo de arma usada. Pero tres días después Zelensky confirmó que no recibieron las alertas que Ucrania necesita para su defensa aérea dos noches seguidas, justo luego de la amenaza de recortarlo.
No se trata de una guerra de declaraciones o de identificar al fabulador. Esa tarea es sencilla. El punto es las explosiones en las ciudades ucranianas hasta hoy eran precedidas de una alarma. Desde que Trump hizo su amenaza, esa secuencia fue invertida.
Europa no puede cubrir el hueco rápido. El analista Fabian Hoffmann, del Instituto Noruego de Estudios de Defensa, dijo a Reuters que la capacidad europea para reemplazar esa alerta temprana es "muy limitada". Se estima que los primeros pasos para construir una alternativa a Starlink se darán en 2027 y que hasta 2030 no podrá estar plenamente operativo. Musk lo sabe. Trump y Putin también conocen esa realidad y las consecuencias.
TASS, citando a Politico, informó días atrás que Trump podría cortar el apoyo de inteligencia o presionar a Musk para desactivar Starlink. Una semana después, esa advertencia parece haberse cumplido, aunque nadie ha demostrado que hubiera una orden. Quizás ya no tenga sentido corroborar que existe.
Hay un dato que complica el argumento. Reuters señaló, según Euromaidan Press, que Starlink no funciona dentro de Rusia y que los drones que pegan a las refinerías usan otros medios de comunicación. El límite, entonces, no explica por sí solo el freno a esos ataques. Su efecto más claro es sobre la defensa aérea y la coordinación del frente.
Tampoco hay evidencia de una orden de la Casa Blanca a SpaceX. Euronews subraya que no se ha establecido una conexión entre la restricción y la disputa diplomática. Ese vacío no absuelve a nadie. Si no fue una orden, fue una decisión de Musk, tomada sin avisar a un cliente en plena guerra y con el criterio político que él mismo dijo que no usaría.
Newsweek recuerda que Musk había prometido que Starlink nunca sería una ficha de negociación. Cuando una promesa así se cumple, se llama confiabilidad. Cuando se rompe sin explicación, se llama otra cosa.
Tampoco es la primera vez. En 2022, según la biografía de Walter Isaacson, Musk ordenó cortar el acceso cerca de Crimea para evitar un ataque sorpresa de drones contra la flota rusa. Musk ha discutido esa versión. Mykhailo Podolyak, asesor de Zelensky, respondió entonces, según The Independent, que al impedir ese golpe Musk permitió que esa flota siguiera disparando misiles Kalibr contra ciudades ucranianas.
Ese mismo año Musk amenazó con dejar de financiar el servicio y lo revirtió cuando el Pentágono estaba por asumir los contratos. En febrero de 2023 su presidenta, Gwynne Shotwell, confirmó que SpaceX había tomado medidas para limitar el uso de Starlink en drones de ataque, bajo el argumento de que era un servicio humanitario y defensivo.
Ahora esa restricción se endurece. El patrón es el mismo: el dueño de la infraestructura decide cuánta guerra puede hacer su cliente, y lo decide cuando más le conviene al agresor.
El costo no es solo para Ucrania. SpaceX muestra que su red puede apagarse o estrangularse por razones políticas, la misma duda que dejó afuera a Huawei de buena parte de Occidente. La diferencia es que acá el riesgo no lo plantea un rival estratégico sino un contratista del Pentágono.
Los números dan la medida. El mercado global de comunicaciones satelitales militares se estima en unos 22.000 millones de dólares para 2026. Starshield pelea por ese negocio con contratos del Departamento de Defensa y con aliados como Polonia, que paga cerca de 50 millones anuales por terminales para Ucrania.
Lo que queda a futuro son las consecuencias. Ningún ministerio de Defensa quiere depender de un monopolio privado que puede cambiar de idea por un video del presidente. Europa ya responde: Airbus lidera el diseño de plataformas de órbita baja para redes soberanas, apoyada en unos 5.300 millones de euros del programa espacial militar europeo. Pero no se llega a tiempo para resolver el problema que le ha planteado Musk a Ucrania.
Cada misión cancelada, cada alerta que no llega y cada refinería rusa que se salva reparte costos entre Ucrania, el prestigio de Estados Unidos y el futuro comercial de una empresa que era símbolo de innovación estadounidense.
Al cierre, las fuentes consultadas no recogen una explicación pública de SpaceX sobre el límite de velocidad ni una aclaración de Washington sobre su papel. El silencio es una declaración suficiente para tener una alerta temprana sobre lo que realmente está sucediendo.
