Monzantg | Luna Lunera
Viví el viaje de regreso a la Tierra como si yo hubiera sido el sexto tripulante. El quinto, dicen, fue la iA.
Tenemos que tener derecho a dudar de los hechos, de lo que nos dicen y de las pruebas que nos dan. Hay quienes han dudado del viaje de la Misión Artemis II. No me cuento entre ellos. Sobre la veracidad del alunizaje del Apolo 11 y de sus tripulantes, en 1969, sí tuve dudas. Hoy no.
Me pregunté: ¿La tecnología daba para eso cuando yo tenía apenas dos años? ¿Por qué ahora y no antes, si ya habían llegado hace tanto? ¿Qué otras pruebas tenemos, además de fotos, el famoso audio, videos y las rocas lunares que trajeron, si todo fue divulgado por la parte interesada?
Atosigué a la iA con diez preguntas como esas. Y me dice que sí: La tecnología daba, era cuestión de cálculos en la trayectoria y resistencia de los materiales. Que hubo suficientes pruebas no tripuladas antes del alunizaje del Apolo 11. No continuaron porque el gobierno de Estados Unidos se dio por victorioso y recortó el presupuesto para los vuelos espaciales. Y, a falta de prueba en contrario, la iA me pide que me conforme con que nadie serio ha negado el alunizaje de Armstrong y Aldrin.
Le dije que sí. Que me parece razonable que si la otra parte ¾la que querría y podría desmentirte¾ no desconoce semejante logro tecnológico y militar, para mí es aceptable. Por eso, hasta aquí llego con mis dudas. No quiero cruzar el límite de lo razonable, sobre todo para no juntarme con esas nobles almas que creen en Dios, dudan de la redondez de la Tierra y llaman conspiración ¾o, peor, Teoría de la Conspiración¾ a cualquier cosa que ellos no se pueden o no se saben explicar a sí mismos, ni los otros pueden demostrar.
De regreso a la misión Artemis II, piso tierra y toco barrera: La NASA envió varios laboratorios al espacio.
Cuatro cuerpos humanos: uno de mujer blanca, uno de varón afroamericano, dos de varones blancos. 75% varones y 75% blancos, para medir cómo afectó a cada uno la radiación de las partículas cósmicas y la del Sol. También para confirmar cuánta masa muscular perdieron por efecto de la fuerza gravitacional. Esto de la Fuerza G parece sencillo: el cuerpo se siente ¾no, no pesa más¾ se siente entre dos y seis veces más pesado al atravesar la atmósfera. Y es distinto a la entrada que a la salida.
La otra cara de la misión no es oculta. Es lo que han llamado «Geopolítica Lunar». No me parece adecuado decir Geo y referirnos a la Luna. Así como no le llamamos aterrizaje al alunizaje ni al amerizaje, para futuras «decisiones políticas, económicas y estratégicas» que Estados Unidos y China tomarán, tras la conquista lunar, deberíamos usar un lenguaje más lunar.
La verdadera misión ¾probar la nave, la tecnología, la IA mínima que llevaron y los cuerpos¾ es lo que da paso a la búsqueda de minerales lunares y de espacios adecuados, cercanos al agua y a la materia prima, para construir bases espaciales, bases militares y centros urbanos en la Luna.
Como en toda conquista militar, quizá la Luna sí terminará siendo no más que aquel pequeño viejo paso (Parador de Ruta o Rest Stop). De futuro, la idea es que un día, sin depender de la Tierra, China o las potencias que sustituyan a China llegarán hasta Marte y más allá. Y otro día, en busca de helio, conquistarán el mismísimo Sol.
