El diario plural del Zulia

Luz Neira Parra | El jalabolismo Bolivariano

La madrugada del 3 de enero de 2026 ocurrió algo que parecía imposible: fuerzas estadounidenses capturaron en Caracas a Nicolás Maduro y lo trasladaron a Nueva York para enfrentar cargos federales. Donald Trump anunció la operación como un golpe decisivo contra el régimen venezolano.
A partir de ese momento empezó un espectáculo político que dice mucho más sobre el chavismo que cualquier discurso ideológico.
La heredera del poder, Delcy Rodríguez, asumió la presidencia bajo un estado de conmoción que permite detener a cualquiera que celebre la captura de Maduro.
Es decir: el pueblo venezolano no puede celebrar.
No puede reír.
No puede festejar.
No puede expresar alivio.
Porque podría terminar preso.
Pero ocurre algo curioso: mientras al ciudadano se le exige silencio, el poder se muestra extraordinariamente cordial con el mismo “imperio” que durante veinte años fue presentado como el enemigo absoluto.
De pronto aparecen las sonrisas diplomáticas, las conversaciones con Washington, los contactos políticos y las alfombras rojas para los emisarios de la Casa Blanca, a hora resulta que el presidente Trump es el nuevo " pana" de Delcy, Jorge Rodriguez, Diosdado Cabello y de su gobierno interino.
Y entonces surge la pregunta inevitable.
¿Qué pasó con la revolución Bolivariana?
Durante décadas el chavismo construyó su identidad política sobre una idea simple: dignidad frente al imperio. La revolución bonita, bolivariana de Hugo Chávez se presentó como la gran resistencia latinoamericana,  el socialismo del siglo XXI frente al poder de Estados Unidos. Se gritaba a todo pulmón Patria, Socialismo, o muerte Venceremos !
Era un relato heroico! Claro financiado y sustentado con el petróleo!
El imperio era el enemigo.
La revolución era la dignidad.
Pero sólo  bastaron unas horas, en las cuales  el jefe del régimen terminara esposado rumbo a Nueva York para que ese relato se evaporara  y todos salieran a esconderse y  a transfigurarse en cada personaje digno de película de Tarantino .
La revolución descubrió de repente el pragmatismo.
Y entonces aparece la palabra que en Venezuela todo el mundo entiende perfectamente: “jalabolismo”.
¿Por qué tanto jalabolismo?
La respuesta es más simple de lo que parece.
Porque el chavismo puede negociar con Washington.
Puede sonreírle al imperio.
Puede entregar petróleo, contratos, inversiones o lo que haga falta oro, diamantes, cortan etc,etc. Vale decir lo que sea.
Lo único que no puede aceptar es perder el poder.
Y perder el poder en Venezuela hoy tiene un nombre muy claro: María Corina Machado.
Eso es lo que realmente no soportan.
No soportan la idea de unas elecciones libres en las que el país vote y el chavismo tenga que abandonar el poder después de más de dos décadas, tal cual lo aseguran todos los estudios de opinión serios realizados en el país. Y ellos lo saben ! Se repetiría los resultados del 24 de julio del 2024 que Maduro olímpicamente se robó.
Prefieren cualquier otra cosa.
Prefieren negociar con el imperio que durante años denunciaron.
Prefieren abrir el petróleo venezolano al capital extranjero.
Prefieren hablar de cooperación con Washington. Extender la alfombra roja a todo emisario del imperio.
Todo, absolutamente todo, antes que permitir una elección que seguro  perderían.
Porque el chavismo sabe algo que el país también sabe: si hay elecciones reales, el poder cambia de manos e irían a  las manos de la mujer que tanto odian!
 Porque tanto odio hacia Maria  Corina Machado? La respuesta es obvia y  eso es precisamente lo que no están dispuestos a permitir.
De modo que la revolución bolivariana —la que gritaba “¡Yankee go home!” en cada discurso ha terminado descubriendo una nueva consigna mucho más patética.
Yankee te entrego todo todo si eso garantiza que el régimen sobreviva y que MCM nunca llegue al poder!
Quédate si eso evita que el país vote libremente.
La revolución que nació prometiendo soberanía y dignidad  terminó defendiendo algo mucho más elemental: la permanencia en el poder.
A cualquier precio.
Por eso el espectáculo resulta tan revelador y al mismo tiempo  algo tan  vergonzante.
 Mientras todavía el venezolano común no puede celebrar la caída de Maduro sin arriesgarse a una celda, el mismo poder despliega su mejor sonrisa frente a Washington sin disimulo, sin ningún recato.
La revolución que prometía dignidad terminó en lo único que siempre dijo combatir.
Un régimen dispuesto a arrodillarse ante el imperio… con tal de no arrodillarse ante las urnas en unas elecciones libres y transparentes.
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