El diario plural del Zulia

Luz Neira Parra | Delcy fantástica: la “heroína” de la transición venezolana según Trump

Durante años, Delcy Rodríguez fue uno de los rostros más reconocibles —y más rechazados— del chavismo. No por carisma, ni por liderazgo, sino por permanencia. Permanecer fue su talento. Permanecer cuando Chávez mandaba y ella aprendía; permanecer cuando Maduro heredó el poder y ella ejecutaba; permanecer cuando otros caían, eran desplazados o se convertían en chivos expiatorios. Veinticinco años después, la historia la coloca en el centro de una transición que nadie imaginó encabezada por una figura tan  íntimamente asociada al régimen que colapsó.

El giro semántico es brutal. En Venezuela, la señora Delcy  Rodríguez fue conocida en ciertos círculos como “Dercy la fea”, una caricatura cruel pero elocuente del desprecio popular hacia una élite desconectada, autoritaria , brutal y corrupta.

Hoy, desde Washington, el presidente de Estados Unidos la presenta como una señora agradable y  “fantástica”. No se trata solo de un cambio de adjetivo; es una operación simbólica que revela quién legitima a quién y bajo qué condiciones.

La escena es inédita. Nicolás Maduro, durante años visto  como inamovible, el hombre fuerte de Caracas, el que no acepta derrotas fue capturado y trasladado a Estados Unidos en una operación militar relámpago. El chavismo quedó descabezado y estupefacto y ahora que hacemos ? Quien nos podría ayudar? No aparecieron otras potencias, no  apareció el presidente de la Asamblea Nacional, ni el ministro de la Defensa, ni el segundo al mando del poder Diosdado Cabello. El  vacío de poder no lo ocupó la oposición democrática tradicional, como muchos pensarían,  ni una figura de consenso nacional, sino la vicepresidenta del régimen saliente, convertida ahora en presidenta interina por una arquitectura institucional profundamente cuestionada. Delcy Rodríguez no llega como ruptura, sino como solución funcional.

En su primera semana al frente del poder, la señora  Rodríguez ha comenzado a liberar presos políticos de forma gradual. Lo hace con cuentagotas, bajo control, sin admitir responsabilidades ni reconocer abusos estructurales. Cada liberación es presentada como gesto de buena voluntad, de simpatía,  no como reparación. En lo absoluto reconoce abusos de poder ni atropellos a los derechos humanos.Es una estrategia conocida: administrar la esperanza sin desmontar el aparato que produjo la represión. Aun así, el simple hecho de que las cárceles empiecen a abrirse, aunque lentamente, revela que algo se ha movido.

Mientras tanto, el discurso externo y el interno no coinciden. Desde Estados Unidos se afirma, sin demasiados rodeos, que el proceso venezolano está bajo supervisión directa de Washington. Se habla de transición ordenada, estabilidad, cooperación energética, seguridad regional. En otras palabras, intereses. Desde Caracas, " Dercy Fantástica Rodríguez" o Delcy " la Fea" insiste en la soberanía, en la autoridad plena de su gobierno, en la continuidad del proyecto chavista sin Maduro. Dos relatos superpuestos que no encajan del todo, ni para nada  pero que conviven porque se necesitan.

La paradoja es evidente: una dirigente formada en el corazón del chavismo es ahora la interlocutora privilegiada de la potencia que durante años denunció ese mismo régimen. Trump no elogia a Delcy Rodríguez por su historial democrático, sino por su utilidad. Ella es la operadora que garantiza que el país no implosione mientras se reorganizan los intereses económicos y geopolíticos. Fantástica no por lo que representa, sino por lo que facilita.

Dentro del chavismo, el relato también se reacomoda. Rodríguez es presentada como la jefa legítima del gobierno, como la heredera institucional, como la figura que permitirá rescatar a Maduro, ahora convertido en símbolo de resistencia y no en líder efectivo. El chavismo muta, pero no se disuelve. Cambia de rostro para sobrevivir.

La sociedad venezolana observa con una mezcla de escepticismo, cansancio y expectativa contenida. Para muchos, esta transición no se parece a una victoria, sino a una negociación opaca entre poderes que nunca consultaron al ciudadano. La pregunta no es solo quién gobierna, sino para qué y para quién. ¿Habrá elecciones libres? ¿Se desmontará el aparato represivo? ¿Se restituirá el Estado de derecho o solo se maquillará?

Delcy Rodríguez encarna esa ambigüedad. No es una outsider ni una reformista. Es una sobreviviente del poder. Su habilidad no ha sido transformar, sino adaptarse. Hoy administra una transición que no diseñó, pero que puede consolidar si logra equilibrar las exigencias externas con el control interno. Su margen de maniobra es estrecho, pero real.

Que ahora sea llamada fantástica dice menos de ella que del momento histórico. En política, los adjetivos no describen: habilitan. Ayer fue la fea del régimen. Hoy es la pieza funcional de una transición tutelada. Mañana, dependerá de si decide abrir realmente el sistema o simplemente prolongar, con otro lenguaje, el mismo modelo de poder.

La transición venezolana comienza sin épica, sin héroes claros y sin certezas. Solo con ironías. Y una de ellas, quizás la más elocuente, es que la mujer que simbolizó la continuidad del chavismo sea ahora presentada como la cara aceptable del cambio.

Lea también
Comentarios
Cargando...