Luz Neira Parra | Carora no quiere esperar más
Hay momentos en que una imagen vale más que cualquier discurso. Esta semana, esa imagen estuvo en Carora: ciudadanos permaneciendo en la calle, esperando la liberación del exalcalde Javier Oropeza y negándose a aceptar que la detención de un dirigente político pudiera convertirse nuevamente en un hecho cotidiano.
Oropeza acababa de regresar a Venezuela después de más de dos años de exilio. El 16 de septiembre había sido sobreseída la causa que pesaba sobre él. Al día siguiente fue detenido en Barquisimeto, después de salir de una entrevista en El Informador. Habían transcurrido apenas 48 horas desde su regreso.
Carora reaccionó inmediatamente. La gente salió a la calle, cerró durante más de seis horas la principal vía de acceso y permaneció allí esperando noticias. No se fueron. No aceptaron la detención como un hecho consumado. Exigieron que lo liberaran.
Y allí apareció algo fundamental: el liderazgo político.
Juan Pablo Guanipa, dirigente de Primero Justicia, asumió una posición frontal. Fue hasta la sede de la DIP en Barquisimeto, exigió la liberación de Oropeza y confrontó públicamente a quienes lo mantenían detenido. A su lado estuvo Freddy Superlano, dirigente de Voluntad Popular, junto con otros representantes de la oposición.
La presión funcionó.
Horas después, Javier Oropeza fue liberado, aunque quedó sometido a medidas cautelares. La protesta de Carora fue determinante: un pueblo movilizado durante horas, una vía bloqueada y dirigentes políticos de distintos partidos dando la cara hicieron imposible que la detención pasara inadvertida.
Carora no fue una excepción. Fue una expresión visible de un malestar que recorre al país.
En diferentes ciudades se han producido protestas por las fallas eléctricas y por otros servicios públicos. Cada una responde a circunstancias particulares, pero todas hablan de una sociedad harta, exigiendo cambios, cansada de esperar respuestas.
Venezuela lleva demasiado tiempo esperando. Lo demostró el 28 de julio del 2024 pero para esta gente del gobierno nada de esto existió y tampoco para Trump.
Y aquí aparece la responsabilidad de los dirigentes democráticos. El país necesita liderazgo presente, capaz de acompañar a la ciudadanía y de convertir sus demandas en una ruta política. No basta con hablar en nombre de la gente. Hay que estar con ella cuando decide salir.
Mientras tanto, Washington negocia con el gobierno de Delcy Rodríguez acuerdos económicos y energéticos, mientras se habla de una futura apertura electoral. El 19 de septiembre, Rodríguez firmó un memorando con TotalEnergies dentro de los esfuerzos para atraer inversiones y recuperar la industria petrolera. Pero todavía no existe una fecha definida para elecciones.
Entonces hay preguntas que ya no pueden seguir aplazándose: ¿a qué está jugando Washington? ¿Y hasta cuándo pretenden los Rodríguez prolongar una transición sin una fecha electoral?
La reconstrucción económica de Venezuela es indispensable. También lo son las inversiones. Pero ninguna puede sustituir la legitimidad que nace del voto.
Washington puede negociar con quien ejerce el poder. Los venezolanos tienen que poder decidir quién lo ejerce.
Carora dejó una imagen difícil de ignorar: un pueblo que salió, que permaneció y que consiguió que liberaran a su dirigente.
Venezuela está cansada de esperar. Necesita liderazgo. Necesita cambio político. Y necesita elecciones Ya.
