El diario plural del Zulia

Luis González del Castillo | Tratos y maltratos

Hay tratos y hay maltratos. El trato es el acuerdo, lo que se firma en la Asamblea 81 en Nueva York. El maltrato es lo que se vive afuera de la sala, en la calle, en el exilio, en el frente de batalla.

Nos hablan de un trato petrolero: sesenta y cinco mil millones de barriles de reserva venezolana puestos sobre la mesa de Washington a cambio de una transición, mientras se mueren de mengua los viejitos que no tienen jubilaciones adecuadas y los nietos tienen poca esperanza de futuro, mientras a los trabajadores les pagan una miseria.

Nos hablan de un trato tecnológico: de no levantar un telón de silicio entre Estados Unidos y China, pero si antes estábamos en manos del narcocastrismo o el terrorismo, hoy nuestros aliados no pueden darnos la espalda y traicionar los principios fundamentales de libertad y democracia. La inteligencia artificial no puede partir en dos un mundo para resolver lo que la conciencia humana tiene que evolucionar y vencer.

Nos hablan de un trato humanitario: ciento ochenta y ocho países presentes, con un noventa y siete por ciento de quórum de asistencia en la Asamblea General, pero sin ninguna resolución contundente para mejorar la vida de los ciudadanos del mundo. Todo suena a trato.

Pero afuera, el balance es maltrato. Maltrato es una invasión despiadada de Rusia sobre Ucrania que sigue cobrando vidas inocentes todos los días mientras se discute el punto 45 del orden del día. Maltrato es un estrecho de Hormuz prácticamente cerrado, con el precio del petróleo disparado, y un pueblo iraní secuestrado por una tiranía teocrática. Maltrato es el venezolano que cruzó el Darién y hoy reparte comida en Austin sin papeles, mientras en la ONU se debate si Delcy Rodríguez puede debutar o no.

El mundo del segundo cuarto de siglo, este 2026, se ha vuelto experto en firmar tratos y perpetuar maltratos. La ONU hace el trato. El artista denuncia el maltrato. Por eso, si no fuera por la voz de los artistas, de los poetas, de los intelectuales, de los hombres de la salud, de los rescatistas, de los hombres de bien, este siglo ya habría empezado en silencio y en cinismo. Necesitamos menos tratos de cúpula y más trato humano.

Al final, la historia no juzgará cuántos tratos firmamos sino cuántos logramos hacer cumplir. Juzgará cuántos maltratos permitimos, cuánto dimos, cuál es el legado que dejamos a las nuevas generaciones, y si tuvimos la conciencia que nos ha dado el Supremo Autor del Universo.

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