El diario plural del Zulia

Juan Rosillo Villena | El rancho como concepto de gobierno

Reconozco que el malsonante adjetivo, al menos a mí me suena espantoso, ilustra una realidad: Venezuela lejos de progresar está convertida en un rancho. Poco importa si quieren justificar el desastre bajo la bandera de la lucha antiimperialista, aunque ahora los herederos de Chávez busquen en uno de los más conspicuos representantes de la lógica imperial de los Estados Unidos oxígeno para seguir al frente del país.

Una de las imágenes más ilustrativas de las contradicciones de mi ciudad natal, Caracas, está relacionada con las amplias zonas que se encuentran repletas de viviendas, muchas veces construidas con materiales de mala calidad y sin los servicios públicos adecuados. En Venezuela solemos denominar ranchos a estas estructuras. En lo personal, todavía me impresiona recordar que hay muchos lugares donde se puede ver, casi pared con pared, edificaciones de lujo y un rancho contiguo.

Las causas, consecuencias y análisis de la proliferación de estas viviendas en las ciudades ha sido objeto de diversos estudios. Mi intención con estas líneas es reflexionar sobre el rancho como concepto de gobierno. Me refiero a una gestión gubernamental basada en soluciones precarias e inmediatistas. Creo que los años del chavismo y sus herederos representan la cumbre de la ranchificación de nuestro país, pues, como muchos de los males de mi patria, este fenómeno ya existía antes de la llegada del oriundo de Sabaneta.

Advierto que tengo familia y amigos que viven o han vivido en zonas de ranchos. Mi cuestionamiento para nada se refiere a las personas que residen en tales estructuras, muchísimo menos a las razones que les llevaron allí. El problema aparece cuando el proyecto de país se basa en la destrucción y en nivelar hacia abajo.

Revisé el diccionario de la lengua española para saber si existen el verbo “ranchificar” o el adjetivo “ranchificado”, pero no lo encontré. Cuando busqué el sustantivo “rancho”, encontré diez acepciones. Entre las que se relacionan con el objeto de estas líneas, se habla de un lugar, choza o casa pobre fuera de poblado. Surge una amarga relación: los ranchos están fuera de los poblados y mi Venezuela “ranchificada” fuera del mundo contemporáneo.

Reconozco que el malsonante adjetivo, al menos a mí me suena espantoso, ilustra una realidad: Venezuela lejos de progresar está convertida en un rancho. Poco importa si quieren justificar el desastre bajo la bandera de la lucha antiimperialista, aunque ahora los herederos de Chávez busquen en uno de los más conspicuos representantes de la lógica imperial de los Estados Unidos oxígeno para seguir al frente del país.

Veamos solo algunos aspectos, por ejemplo, las vías de comunicación. Salvo contadas excepciones, como las vías que conducen a los lugares donde viven los jerarcas, las calles están destruidas. Los huecos se han vuelto parte de la cotidianidad. Las carreteras no reciben mantenimiento. El Metro de Caracas, otrora sistema de transporte orgullo citadino, deteriorado y presta un servicio en decadencia.

Antes de salir del país una de las cosas más dolorosas fue ver el majestuoso Teatro Teresa Carreño empapelado con pancartas gobierneras mientras sus instalaciones languidecían por la falta de mantenimiento. Expropiaron el Ateneo de Caracas para instalar la Universidad de las Artes y ahora sus estudiantes protestan ante la falta de recursos. Así podríamos mencionar muchos ejemplos que ponen en tela de juicio el discurso oficial.

Ante semejante panorama, es comprensible la desesperación del venezolano. Los chavistas y sus herederos saben, aunque no lo reconozcan lo malo que han sido estos casi treinta años de gobierno. La oposición se ahoga en sus proyectos particulares y, mientras tanto, la calidad de vida nada que mejora.

Cuán malo resulta habituarse al deterioro de nuestra patria. Seguimos siendo un pobre pueblo, repleto de riquezas. Duele constatar que el chavismo logró “ranchificar” la mentalidad del venezolano. Sé que resulta cómodo endilgar la responsabilidad entera a este gobierno, pero hay algo cierto, Chávez y sus herederos lograron la ansiada igualdad social. Todos somos más pobres ahora, los que viven en el territorio y quienes decidimos salir.

Es muy triste saber que, mientras el rancho se convirtió en el concepto básico de gobierno, los jerarcas y enchufados vivan a cuerpo de reyes. Esa imagen de Caracas que permanece indeleble en mi memoria, el rancho junto a la edificación de lujo, resume esa contradicción: pobreza repartida entre cada vez más personas y los privilegios para unos pocos.

La ranchificación de Venezuela representa una forma de deterioro compartido por quienes no han podido escapar de esta barbarie edulcorada con un discurso igualitarista.

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