Jinderson Quiroz | Maracaibo secreta: Un Cine con Servicio a Domicilio
Los marabinos siempre han sido fanáticos del invento de los hermanos Lumière. Como es bien sabido, Maracaibo fue la primera ciudad en toda Sudamérica en tener actividad cinematográfica, antes que Caracas, Buenos Aires y Río de Janeiro. Sucedió en el Teatro Baralt el 28 de Enero de 1897, tan solo un año y un mes después del inicio oficial del cine ocurrido en París. Ya para Julio de 1930, sería en la capital del Zulia donde se proyectaría la primera película sonora que llegó a Venezuela: El Cuerpo del Delito, una de las primeras producciones de la Paramount con sonido en doble versión español-inglés.
Se cuenta que el Cine Urdaneta, inaugurado en 1949, ofrecía en sus primeros años algo impensable hoy en día: sopa caliente para sus clientes. No cotufas, no caramelos… sopa. Una anécdota que revela cómo ir al cine en esa Maracaibo era una experiencia social completa, más cercana a una tertulia de barrio que a la función rápida y anónima que disfrutamos hoy.
Pero Maracaibo también tuvo su propio autocine, ubicado en la zona de El Milagro, el cual fue clausurado a finales de la década de 1970 para dar paso a la construcción del Paseo del Lago. Aún hoy puede verse en pie la gran “pantalla” en la entrada norte de lo que hoy conocemos como la Vereda del Lago. Basta imaginar la escena: llegar en carro, apagar el motor y ver una película al aire libre, junto al Lago… un plan tan romántico y tan “gringo” como los que se veían —y se siguen viendo— en las películas de Hollywood.
Por otra parte, el primer “multicine” de Maracaibo (y esto quizás los muy chamitos no lo sepan) estuvo ubicado en el Centro Comercial Galerías, abrió en los años noventa y solo constaba de dos salas. En aquel entonces fue todo una novedad, pero hoy día esta cifra resulta ridícula para cualquier multicine que se respete. Allí, por cierto, pude ver Titanic y otras tantas películas.
Para 1952 Maracaibo contaba con 45 salas de cine, cifra respetable para una ciudad de tan solo 235.000 habitantes. La mayoría de los cines tenían particularidades jocosas a los ojos de hoy; muchos, por ejemplo, eran escenarios de lucha libre y boxeo, y algunos contaban con sellados de 5 y 6 de las carreras de caballos, como el caso del Tropical y el Cine del Lago (derrumbado para dar paso a la Av. El Milagro), sellar el cuadro y entrar a ver la película era el plan de los sábados por la noche; en este último, por cierto, hubo un tiempo donde al subir la marea los asistentes de las primeras filas terminaban con los pies mojados. De igual forma, los cines Metro, Independencia, Sabaneta, Boconó, Colón y Royal llegaron a funcionar como centros de votación.
Sin embargo, entre tantas anécdotas cinéfilas, ninguna como la contada por el Dr. Américo Negrette en su maravilloso libro Palmarejo, de 1952. Relata el autor que durante su medicatura rural, al llegar a la famosa población desde donde partían los ferrys con destino a Maracaibo, evidenció que el mejor lugar de diversión era un cine situado frente a la medicatura, que contaba con un vehículo colectivo que buscaba a los espectadores y los llevaba de regreso a sus hogares. De esta manera el Dr. Negrette, que acababa de regresar de la cosmopolita Caracas, descubrió para su sorpresa el único cine en Venezuela que contaba con “servicio a domicilio”.
Lo que queda después del artículo.
¿Recuerdas a cuál cine fuiste por primera vez? ¿Aún conservas algún ticket amarillento de aquellas entradas de papel? ¿Intentaste alguna vez colarte en una función que no era para tu edad?
El cine también vive en esas pequeñas historias personales que no quedaron registradas en libros ni archivos, pero que forman parte de nuestra memoria.
Si alguna vez quieres compartir una de ellas, aquí hay alguien leyendo con atención…
Lo que se viene en la próxima entrega.
Esta vez no quiero adelantarles nada sobre la próxima entrega de Maracaibo Secreta.
Prefiero usar este espacio para agradecerles por leerme y, especialmente, a quienes se han tomado el tiempo de escribirme, compartiendo anécdotas, recuerdos y esa empatía silenciosa que conecta a quienes aman esta ciudad.
Les deseo un muy feliz 2026, y que Dios los acompañe siempre.
Si te gustan estas historias…
Este boletín complementa de alguna manera la investigación que hice mientras escribía 10 Secretos Ocultos de Maracaibo, un libro que reúne preguntas inquietantes, personajes insospechados y hechos insólitos que alguna vez ocurrieron en lugares cotidianos de la ciudad. Su primera edición impresa en 2013 se agotó rápidamente.
Este correo no existe para venderte nada: existe para contar historias. Pero si te gustan las crónicas reales sobre tesoros perdidos, o los relatos de prófugos internacionales, celebridades de Hollywood, combatientes nazis, o incluso de apariciones, este libro puede que te guste.
Y si conoces a alguien que ama al Zulia o disfruta este tipo de relatos, siéntete libre de reenviarle este correo. Capaz también le alegra el día… o le despierta un bonito recuerdo.
