Antonio Bermúdez | Pactos locales, riesgos estratégicos: cuando un “descuido” del PSUV abre las puertas a la oposición
La narrativa actual insiste en que Venezuela transita hacia una nueva etapa de apertura política. Sin embargo, lo que algunos gobernantes locales chavistas presentan como “tendido de puentes” o “madurez democrática” empieza a parecerse más a una peligrosa concesión territorial disfrazada de realismo. Bajo la excusa de la flexibilidad, ciertos alcaldes y gobernadores están incorporando a sus gabinetes a figuras de la oposición en puestos clave, incluso de dirección, aprovechando lo que, a mi juicio, sólo responde a un descuido estratégico del alto mando político del PSUV.
El argumento es tentador: gobernar con “todos los sectores” para, supuestamente, garantizar estabilidad o gestionar recursos con más tranquilidad y menos fricciones. Pero el trasfondo revela otra cosa. Esos mismos dirigentes locales llegaron al poder, municipal o regional, gracias al paraguas electoral y organizativo del Partido Socialista Unido de Venezuela. Básicamente, su liderazgo es prestado. Y lo que hoy venden como pragmatismo, mañana puede traducirse en una temprana cesión de poder.
El problema no es la apertura en sí, sino la ingenuidad táctica. Colocar a opositores en cargos sensibles nunca les va a generar lealtad, sino plataformas para desgastar al gobernante chavista desde adentro. Cuando les llegue el momento a esos alcaldes y gobernadores de retener el poder, esos activistas políticos de la oposición van a estar más que visibles, gracias a la “generosidad” de un gobierno chavista que los habilitó sin contrapesos. Y no dudarán en capitalizarlo.
El alto mando político del PSUV, absorto en la geopolítica mundial, discusiones nacionales de gran envergadura y resolviendo contradicciones internas producto del ataque del 3 de enero, y en reconfiguraciones ministeriales parece, sin querer, mirar hacia otro lado. Pero el territorio es el primer eslabón de la lucha política. Cada cargo clave cedido a la oposición bajo la coartada de la “nueva etapa” es una apuesta que debilita la maquinaria de movilización y control político que históricamente ha sostenido
al chavismo en lo local. Cuando quieran reaccionar, el adversario ya no estará afuera, sino sentado en la mesa de decisiones, con información, experiencia y redes propias.
En política, los descuidos y los errores se pagan caro. Y estos gobernantes, al confundir apertura con desarme estratégico, podrían terminar siendo recordados no como artífices del diálogo, sino como quienes facilitaron la entrega anticipada de lo que nunca les perteneció del todo: un poder que el PSUV les prestó y que ellos, por falta de oficio y olfato político, están hipotecando sin necesidad. Nosotros Venceremos!
