Antonio Bermúdez | Delcy: la revolución continúa en tus manos
Ante los agoreros de lado y lado, los que nos autodenominamos chavistas y revolucionarios, sostenemos que mantener a la Revolución Bolivariana en el Poder, bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez, no sólo es compatible con el restablecimiento de relaciones bilaterales con Estados Unidos, sino que constituye la vía más pragmática, sin renunciar a nuestros principios, para garantizar la estabilidad de Venezuela y la supervivencia de la revolución en esta nueva coyuntura geopolítica. Lejos de significar una traición a los ideales originales, esta apertura representa una evolución necesaria: un "pragmatismo soberano" que prioriza el bienestar del pueblo y la reestructuración económica sin desaparecer como fuerza política, como es el sueño trasnochado de unos cuantos.
Hoy, el gobierno revolucionario encabezado por Delcy Rodríguez, soportado por el alto mando de la revolución y el PSUV, ha entendido una máxima fundamental de la ciencia política: la supervivencia de la revolución no depende de la rigidez ideológica, sino de su capacidad de adaptación. El restablecimiento de relaciones diplomáticas y consulares con Estados Unidos no es un acto de sumisión, como algunos sectores de la oposición más radical pretenden hacer ver, sino un acto de realismo político. Ambos Estados en este momento tienen ciertos intereses clave en común. El tema energético sobre todo. A Venezuela le interesa vender su petróleo y reactivar la inversión; a Estados Unidos, asegurarse una fuente de energía cercana en un mundo convulso.
El principal argumento a favor de mantener a la revolución en el Poder, a todo trance, es la defensa de la población más vulnerable, aquella que Hugo Chávez prometió empoderar, y que sólo el gobierno revolucionario ha demostrado históricamente que está en capacidad defender. La economía venezolana, producto del injusto e ilegal bloqueo impuesto por medidas coercitivas unilaterales, ha sido descrita por expertos como la de peor desempeño del mundo en tiempos de paz.
Las recientes visitas de los secretarios de Energía e Interior de Estados Unidos a Venezuela, Chris Wright y Doug Burgum, y las consecuentes reformas de las leyes de Hidrocarburos y Minas para permitir la inversión extranjera, son pasos en la dirección correcta. Lejos de ser una "entrega" de la riqueza nacional, esta apertura debe leerse como una estrategia para poner a producir los recursos del país, sin sanciones, bajo un marco controlado por el Estado venezolano.
Es cierto que organizaciones como SOS Orinoco han alertado sobre la necesidad de transparencia y trazabilidad en la explotación del oro, especialmente en el Arco Minero, para evitar que la minería ilegal y el crimen organizado se beneficien de esa actividad. Este señalamiento es válido, pero no invalida la política de apertura; por el contrario, refuerza la necesidad de un Estado venezolano fuerte y presente que regule, fiscalice y se beneficie de estas industrias. La presencia de empresas internacionales, bajo la atenta mirada del gobierno revolucionario, puede ser el antídoto contra la ilegalidad que tanto se ha denunciado.
En este nuevo escenario, la figura de la presidenta Delcy Rodríguez se ha erigido como el pilar de una nueva época revolucionaria. Mientras que sectores de la oposición, liderados por María Corina Machado, han quedado relegados a un segundo plano por su intransigencia y su intento de cortejar a Washington sin ofrecer nada a cambio, Delcy Rodríguez ha demostrado una habilidad política notable para mantener al chavismo unido y operativo.
Su gestión ha logrado, con alta moral revolucionaria, equilibrar la balanza necesaria, para poder negociar con la administración Trump. Esta negociación no es hipocresía; es la manifestación de un movimiento político lo suficientemente maduro para contener sus contradicciones internas, mientras navega por aguas turbulentas.
Además, los gestos de "buena voluntad", que han involucrado a todos los poderes del Estado venezolano, como las excarcelaciones y la amnistía general anunciada, demuestran que el gobierno de Delcy Rodríguez está dispuesto a hacer concesiones en el ámbito político para garantizar la estabilidad general, siempre bajo el principio de que cualquier apertura debe hacerse "de pie, caminando, no arrastrada", como ella misma afirmó.
Mantener a la Revolución Bolivariana en el poder en este contexto de deshielo con Estados Unidos no es una claudicación, es una garantía. Es la garantía de que esta nueva época (no hay tal transición) no significará un retorno a las políticas neoliberales que devastaron al país antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, ni una entrega de nuestros recursos a empresas foráneas.
La inyección de dinero -producto de la venta sin sanciones del petróleo y las inversiones internacionales por venir al estar desbloqueados como nación- controlada y coordinada entre ambos países es una medida fundamental para mantener la estabilidad económica en Venezuela. Sólo el chavismo y la revolución bolivariana en el Poder pueden garantizar que los beneficios de esta nueva relación lleguen a la salud, la alimentación y los salarios de los venezolanos, lo que justifica plenamente su permanencia en el poder, y así lo sabe muy bien el gobierno norteamericano.
La alternativa -una fractura del oficialismo, una intervención total o un caos social- es sencillamente inaceptable. Por ello, apoyar al gobierno bolivariano encabezado en esta coyuntura por Delcy Rodríguez, donde se están redefiniendo las relaciones con Estados Unidos, es apoyar la paz y el futuro de Venezuela. La revolución Bolivariana y Chavista no termina aquí; se transforma para sobrevivir y, esta vez, gobernando sin sanciones, con las herramientas del pragmatismo, sin perder de vista su brújula socialista.
Doctor en Derecho Procesal Constitucional
Excontralor del Municipio Maracaibo
